Million Dollar Baby

Me decepcionó mucho saber que Clint Eastwood había llamado a votar por George Wacala Bush en la pasada “elección” gringa. El gran Clint Eastwood es un gran pendejo, pensé. Pero una de las primeras cosas que hice al salir de mi encierro doméstico fue ver Million Dollar Baby, cuya “traducción” al español resultó un nombre de telenovela mexicana: Golpes del destino.

Ahora renace la polémica sobre la eutanasia, porque una mujer de 41 años de edad está en coma, por no decir punto y aparte, desde hace quince años, y su marido pugna legalmente por desconectar las sondas que mantienen ese cuerpo con “vida”. El pleito -más allá de los presuntos intereses económicos del cónyuge- llegó a la Cámara de Representantes de Gringolandia y terminó involucrando al mismísimo Bushito, que está a favor de la vida, por supuesto.

En medio de las incongruencias y aberraciones, conservadoras y reaccionarias, retrógradas o retardatarias, la cinta de Eastwood aparece con una defensa ética y moral (no legal) de la eutanasia. El guión no es suyo, pero sí la dirección, la producción, la actuación, inclusive la música. Y acá entre nos, la película me conmovió hasta las lágrimas, tocó fibras sensibles en la primera mitad y que se me salen las de cocodrilo, pero en la última parte, cuando el drama se torna tragedia, me sentí chantajeado, y una mujer sentada junto a mí se la pasó llorando a moco suelto y ruido hasta el final; yo no sabía qué hacer ni qué pensar. Tengo qué ver la película otra vez. Por lo pronto, me parece admirable que alguien siga creciendo, madurando, evolucionando a los 75 años de edad. Este es quizá el mejor trabajo en la carrera de Eastwood como director, que se está quedando sin voz, pero sospecho que no sólo es todavía un buen actor, sino que ha mejorado, se ha hecho más serio, más mesurado. Si acaso es un chantaje su nueva cinta, es un chantaje perfecto, con una dirección perfecta, unas actuaciones perfectas y algunas fallas menores en el guión.

Acompañan a Eastwood en la actuación Hilary Swank, que no es una gran boxeadora realmente, pero resulta convincente bajo la batuta del veterano, y Morgan Freeman, que siempre me ha parecido un actor excelente, muy carismático, pero subvaluado por el racismo que sigue caracterizando a Joligud. No es la primera vez que Freeman trabaja con el bueno del malo y el feo; antes lo hizo en Unforgiven (1992), nombre traducido al español como Los imperdonables (creo que hubiera sido mejor Los implacables, primera obra maestra del realizador.

Desde Play Misty for Me o Escalofrío en la noche (1971) hasta Million Dollar Baby (2004), Eastwood ha mostrado y demostrado, probado y comprobado, talento y evolución como actor y director, algo que hace difícil explicar -al menos para mí- su estúpida ideología. Sin embargo, mientras los parlamentarios gringos y el presidente espurio como árbitro espurio se rasgan las vestiduras por el derecho a morir de una mujer en estado vegetativo desde hace quince años, Golpes del destino arrasó en la desprestigiada entrega del Óscar. ¿Y ahora? ¿Volvemos a creer en la estatuilla esa? Lo seguro es que mañana regresaré… a ver si logro llorar sin eco.

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