Género anecdótico

Ayer coincidí con Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe y Elena Poniatowska en la Cineteca Nacional; vimos la misma película en la misma función y, obviamente, en la misma sala, sentad@s inclusive en la misma hilera de asientos, casi juntos, pero no me percaté de ellas sino hasta el final, cuando se levantaron y se fueron. Como suelo esperar a que terminen los créditos y además me gustaba la canción que los acompañaba, dejé pasar la oportunidad de saludar a estas tres celebridades. Quizá Jesusa hubiera preguntado qué me parecía la película y yo habría contestado que me parecía un buen trabajo, pero muy difícil de apreciar con una proyección tan mala, tan oscura, tan opaca, o sea, como siempre sucede allí, pero ahora más, porque todo está cada vez peor. Supongo que las tres habrían compartido conmigo el disgusto y la frustración de no tener a quién reclamar por esta falta de respeto al cine y, sobre todo, al público. Quizá Liliana o la misma Jesusa hubiera preguntado cómo está mi papá y yo habría contestado que mi papá sufrió un infarto al miocardio hace diez días y sigue hospitalizado. “Todo está bajo control”, habría agregado yo para no alarmarlas. Y no me hubiera despedido de ellas sin decirle a Elena que es un honor saludarla, especialmente ahora que, por todos los medios, las hienas transmiten su rabia. Nada de eso ocurrió; terminó la película y fui el último en salir de la sala; pasaban de las once de la noche y una lluvia de abril seguía cayendo sobre la soledad de la calle en mi regreso a casa.

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