El honor académico del Óscar

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De la reciente entrega de los premios Óscar, llaman mi atención varios hechos. Para empezar, que en la categoría de guión original, estando nominados Guillermo del Toro por El laberinto del fauno y Guillermo Arriaga por Babel, el galardón lo haya ganado Michael Arndt por Pequeña Miss Sunshine. Eso es sencillamente grotesco. Miss Sunshine es una película simpática y divertida, pero de ahí a competir con las mencionadas… ¡por favor! Llama mi atención también que, en la categoría de banda sonora, el Óscar haya sido para Gustavo Santaolalla por Babel (el año pasado, lo obtuvo por la música de Secreto en la montaña). Si algo me disgusta de la última cinta de Alejandro González Iñárritu es el minimalismo del final, pero «la Academia» prefirió premiar eso a reconocer en su momento el trabajo de Ennio Morricone, por ejemplo, en La misión (1986), Los intocables (1987) o Cinema Paradiso (1989), y sacarse la espinita con un Óscar “honorífico”, más por las cinco veces que el músico italiano ha sido nominado, que por su inigualable carrera. Tuvieron que pasar veinte años para que Morricone fuera nominado por La misión desde que compuso la banda sonora de El bueno, el malo y el feo (1966), de Sergio Leone, que es un hito en la música de cine, y no ganara. El año pasado ocurrió lo mismo con el director, productor y guionista Robert Altman (Nashville, 1975), que recibió un Óscar “honorífico” después de ser postulado siete veces desde 1970 sin que ganara. Pero el reconocimiento a toda su carrera fue muy oportuno, pues en noviembre del mismo año, a los 81 de edad, se murió el señor.

Un criterio similar parece privar en la premiación de Los infiltrados, de Martin Scorsese, por mejor película y mejor director, como para conjurar la “maldición” que persiguió al director neoyorquino durante treinta años con cinco nominaciones fallidas, igual que a Morricone. Los infiltrados es una buena película, sin duda, pero no es mejor que Taxi driver (1976) ni que Toro salvaje (1979). En esta ocasión, perdieron González Iñárritu con Babel, Stephen Frears con La reina, Paul Greengrass con United 93 y Clint Eastwood con Cartas de Iwo Jima, para que «la Academia» compensara su ceguera.

No es la primera vez que esto sucede y quizá la peor vergüenza en este sentido sea la pretendida tapadera del racismo de Hollywood con la premiación de tres actores negros en 2002. Desde la nominación de Dorothy Dandridge en 1954 por su papel en Carmen Jones, de Otto Preminger, ningún cineasta “de color” había sido reconocido con un Óscar, así fuera Sidney Poitier por su trabajo en Los lirios del valle (1963), Rebelión en las aulas (1967) o Adivina quién viene a cenar (1967), o Morgan Freeman por su desempeño en El reportero de la calle 42 (1987), Paseando a Miss Daisy (1989) o Cadena perpetua (1994), o Danny Glover por su actuación en El color púrpura (1985), o muchos otros. Hasta 2002 fue reconocida la trayectoria de Sidney Poitier con un Óscar “honorífico”, y en 2004 fue distinguido Morgan Freeman por su papel en Million Dollar Baby con la estatuilla dorada.

Por lo menos, El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, ganó en las categorías de dirección artística, maquillaje y fotografía, más que merecidos estos premios en los tres casos, como los hubieran sido en el de película extranjera, banda sonora y guión original, sobre todo este último, para los que estaba nominada. Aunque, a diferencia de Los infiltrados, hay errores notorios en su edición, merecía siquiera estar nominada también por mejor director, pero qué le vamos a hacer, si «la Academia» estaba en deuda con Scorsese. El Óscar por maquillaje a David Martí y Montse Ribé es especialmente festejable porque, aparte de su merecimiento, otra cinta nominada en este rubro era Apocalypto, de Mel Gibson, un bodrio deliberadamente ofensivo para hacer negocio con la controversia, y estúpido por sus errores históricos. Lo bueno de este tipo de cine es que, además de dinero, gana tantas críticas como para terminar quemado. Por vergüenzas no paran los gringos, tratándose de dinero.


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2 comentarios el “El honor académico del Óscar

  1. Totalmente de acuerdo. La Academía intenta remediar años y décadas de manifiestas injusticias concediendo un Oscar Honorífico a aquellos que merecían haberlo ganado por méritos propios hace tiempo y quizás en varias ocasiones. La otra manera es premiar a alguien por un trabajo menor, mientras se le negó el premio por alguna obra maestra. Es el caso que comentabas de Scorsese. Lamentable! Pero es así como funcionan.
    Bueno, por fin voy a llevarte la contraria ;p Tengo que decir que Pequeña Miss Sunshine me parece una maravilla de película. Por supuesto, El laberinto del Fauno también lo es, ahí coincido totalmente contigo, pero creo que Pequeña Miss Sunshine sí tenía méritos para competir como lo hizo y hasta para ganar el Oscar.

    • Ivanrin dice:

      Quizá no diferimos. Son tan positivos los comentarios que he leído sobre Pequeña Miss Sunshine que volveré a verla en cuanto haya oportunidad. Lo seguro es que, a primera vista, fue muy divertida.

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