El Asesino del Zodiaco y la homosexualidad

He visto Zodiaco (2007), de David Fincher. Algo me recordó a Capote (2005), de Bennett Miller. En Capote, un asesino condenado a muerte comenta que ha donado sus órganos. “Un día de estos -le dice a Truman Capote- alguien te verá con estos ojos en la calle”. Quizá no sea textual, pero la idea me impresionó tanto que salí del cine pensando en ella y, dos años después, era lo único que recordaba de la película. Lo demás lo había olvidado, aparentemente, hasta hace unas horas, que sus similitudes con Zodiaco (cinta que además coincide con la reapertura en la vida real del caso al que se refiere) me lo recordaron. Capote fue un periodista y escritor homosexual, alcohólico y drogadicto, por ejemplo, como uno de los reporteros que cubren el caso del Asesino del Zodiaco a fines de los sesenta y principios de la década siguiente. El caricaturista que, años después, escribe el primer libro al respecto (en el que se basa la película, por cierto), según la personalidad que le confiere el actor principal (el mismo de Secreto en la montaña, de Ang Lee, sobre un romance entre dos vaqueros), también es homosexual. El detective que investiga el caso hasta fracasar definitivamente, por lo menos habla como homosexual. El asesino serial que los obsesiona es un “homosexual latente”, al decir del reportero alcohólico y drogadicto, así como “un pervertido”, según el eufemismo que usa la policía para referirse a su pedofilia.

Esta película me recordó también a El buen pastor (2006), solo por el hecho de que su director, Robert de Niro, “denuncia” los antecedentes homosexuales de la CIA y parece que saliera del closet él mismo. Por su intrigante rebuscamiento, la asocié además con El Código Da Vinci (2006), de Ron Howard, que redunda en suficientes conspiraciones como para que el espectador termine cansado y aburrido, agobiado por el tedio al cabo de casi tres horas sentado. Las tres películas tienen esa característica en común, aunque en El Código… no campea tanto la homosexualidad como en las otras dos, y acaso la única diferencia entre ellas y Capote, en cuanto a las inclinaciones sexuales de los personajes, sea el abierto reconocimiento en este caso y la tímida insinuación en los otros dos (Zodiaco y El buen pastor). Suele ocurrir que actuaciones tan grisáceas como las de estas dos películas acaban representando, quizá involuntariamente, a personajes homosexuales o por lo menos ambiguos (a veces parecen más bien retrasados mentales). Lo curioso, en estos casos, es que todos los personajes con esa tendencia tienen una vida conyugal en apariencia “normal”. ¿Por qué? ¿Por hipocresía deliberadamente actuada o debilidad actoral? Lo cierto es que Zodiaco, en particular, transmite la sensación de que los actores están tensos al principio y no pueden desenvolverse con soltura, lo que no sucede hacia el final, cuando los personajes se comportan con más naturalidad…

Pero la película me recordó a Capote, principalmente, más que a El buen pastor, el segundo trabajo de Robert de Niro como director. Capote, el primer largometraje del hasta entonces documentalista Bennett Miller, está basado en el libro Capote, una biografía, de Gerald Clarke, y trata sobre un capítulo de la vida del periodista y escritor gringo, a saber, la historia de su novela A sangre fría, que narra a su vez el asesinato de una familia en Kansas, según el testimonio de los propios asesinos. A sangre fría, precedente del llamado nuevo periodismo en Estados Unidos (que considera como “periodismo narrativo” al subgénero bautizado por su autor como “novela de no ficción”), había inspirado una película con el mismo título en 1967, dirigida y producida por Richard Brooks.

Zodiaco, por su parte, dirigida por un realizador de video clips y cintas como Alien 3 (1992), Se7en (1995) y El club de la pelea (1999), está basada en los libros de Robert Graysmith, Zodiac y Zodiac Unmasked, así como en una investigación propia de los realizadores (el director, el guionista y el productor) que duró un año y medio; pequeña diferencia con Capote, que fue filmada en 36 días, aunque la novela fue publicada en 1966, tras cinco años de investigación.

Como el referido asesinato de una familia en Kansas, aunque la ineptitud de la policía de San Francisco es de antología, el oscuro caso del Asesino del Zodiaco había inspirado una película en 1972: Dirty Harry o Harry el sucio, de Don Siegel, cuyo personaje no es homosexual, por cierto. ¿Cómo olvidar a Clint Eastwood en su emblemático papel de Macho Callahan setentero? Nada que ver con Zodiaco, ni con el boy scout, primero convertido en cartonista y después en escritor de best sellers, ahora interpretado por el actor de personalidad débil Jake Gyllenhaal (no es gratuito que a su personaje lo apodaran “El Tarado” en la vida real). El Asesino del Zodiaco debió de reírse mucho con Harry el sucio. Me pregunto si habrá visto Zodiaco.

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