Morir del cine

Aunque soy un cinéfilo apasionado y obsesivo, creo que no sería buen crítico de cine. Me moriría de hambre, seguramente. Para empezar, suelo enterarme de las “novedades” cuando ya no lo son, como ocurrióme con Zodiaco, de David Fincher (volviendo al tema), cinta de la que supe hasta que se exhibió en la Cineteca Nacional, o sea, meses después de su estreno comercial (es que ese no es un lugar comercial, sino “cultural”, pensarán los incautos). Además, mi apreciación jamás coincide con la de “críticos” como Leonardo García Tsao, actual responsable del secuestro que padece dicha institución, o Carlos Bonfil, el “crítico” más acrítico y complaciente que he leído, por lo menos en La Jornada, o los comentaristas menores, por no decir ínfimos o infinitesimales, que escriben columnitas en revistotas con dinero en abundancia y escaso talento. De los que pululan en Internet o perpetran las “sinopsis”, mejor ni hablar.

Leonardo García (volviendo al tema), el que supuestamente dirige la cineteca y se la pasa viajando al mismo tiempo (¿con el dinero que pagamos en la taquilla o del presupuesto, o sea, de nuestros impuestos?), es tan oportunista y ególatra que ahora el material impreso que produce la institución, en cuanto es posible, se remite a sus libros (los de García Tsao). ¿O qué? ¿Algún burócrata menor, por no decir ínfimo o infinitesimal, quiere quedar bien con su jefe, haciéndole publicidad? Lo cierto es que antes de que don vanidoso fuera el director, ningún folleto ni tríptico ni díptico, vaya, ni siquiera un volante, publicado por la cineteca, lo citaba ni usaba sus libros (los de García Tsao) como fuente o referencia bibliográfica, mucho menos de un modo tan prolijo como ahora. Por lo demás, si esos libros están escritos como los bodrios que publica La Jornada, peor tantito.

Y ahora que el señor mediocridad es su director, la cineteca empeora todo lo posible, acaso como Radio Educación (en realidad, ignórolo, porque tengo más de un año de no escuchar esa cosa), o sea, hasta el límite de la tolerancia pública, que es demasiada, para mi gusto. ¿Se tratará, acaso, del mismo síndrome?

En fin, mis incontables lectores. Yo nomás quería decirles que tan pésimo crítico de cine sería yo (sobre todo, tan tardío), que he restituido un texto publicado aquí el 30 de octubre, eliminado al corregir el texto anterior sobre Zodiaco y volver a publicarlo dos días después. Carajo. Por lo menos soy autocrítico, ¿no? (aquí tienen que imaginarme con los ojos bizcos y la voz gangosa).

PD. Acá entre nos, también quería pegarle otra vez al hombre de las vanidades, porque no me acabo la cólera de tener que renunciar (como lo hice con Radio Educación, por salud mental) a la Cineteca Nacional, lugar con el que tengo/mantengo desde hace 25 años una íntima y masoquista relación.

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