Tres tristes tigres

Hace unos días, en los cines de Pericoapa había un cartel gigante que tapizaba el muro exterior entre otros dos carteles del mismo tamaño. “Al chile… ven y apoya al cine mexicano”, decía. “$10 por función. Jueves 11 de septiembre. Cinemark a la mexicana”. Y entre las letras se distinguía la empequeñecida figura de Bruno Bichir con un ademán de presentación que parecía decir: “¡He aquí el cine mexicano!” Como las manos apuntaban hacia el cartel de junto, uno desviaba la mirada y leía: The Bank Job. El robo del siglo, mientras el otro cartel anunciaba: Eagle Eye. Control total, de próximo estreno. Oh yeah! -exclamó el observante. ¡Viva el mexican film! Junto a las películas gringas en exhibición y las de próximo estreno había una titulada High School Musical. El Desafío, que es la versión “mexicana” del musical gringo con el mismo nombre. Ante la burla, el observante sintió que Bruno Bichir en miniatura subía a su hombro y espetaba: “¡Al chile, ñero… ven y apóyala! ¡Es el mes patrio!”

El hecho de que nos hayan robado la patria es una tragedia; ignorar ese hecho es otra tragedia; festejarlo o festejar la ignorancia al respecto es una tragedia más; pero «Cinemark a la mexicana» hace pensar al observante en otra triple tragedia, valga el trabalenguas. El patriótico día que esta cadena de cine comercial en su mayoría gringo exhibe cine mexicano barato, ocurre desde hace siete años el segundo jueves de septiembre, que hoy coincide por partida doble con una fecha trágica: la de los ataques terroristas de hace siete años contra las torres gemelas del World Trade Center (WTC) en Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington, fecha que a su vez coincide con la del golpe de estado en Chile hace 35 años.

Una de cal…

Entre la apabullante cantidad de cine gringo, generalmente de lo peor, Cinemark dedicará por entero el día de hoy al cine mexicano, del que proyectará unas treinta películas en todos sus complejos a nivel nacional, lo que representa unas 1,700 funciones. Los ingresos recaudados en taquilla, que el año pasado sumaron 340 millones de pesos, serán destinados al Fondo de Inversión y Estímulos al Cine Mexicano (Fidecine), que tiene como principal función financiar la realización de nuevos proyectos cinematográficos con siete millones de pesos en unos casos y la mitad de esa cantidad en otros casos, aunque también asume la absurda tarea de premiar a la película mexicana más taquillera del año, esto es, darle dinero adicional a la que más dinero haya ganado, así no sea precisamente la mejor; a veces son bodrios de la más baja ralea los que tienen mayor éxito en taquilla, como es el caso de Así del precipicio, infame desde el nombre, que resultó de lo más taquillero por el desnudo total de Ana de la Reguera.

«El día del cine mexicano» o «Cinemark a la mexicana»… Se trata de un proyecto supuestamente altruista que involucra a productores, distribuidores y exhibidores con el patriotero fin de “apoyar” a la industria de cine nacional (cuya existencia es tan relativa como la de una patria llamada México). Los distribuidores prestan su material de forma gratuita y los productores ceden sus derechos por un día (¡cuánta generosidad!), mientras que los exhibidores… ¡ah, los canijos exhibidores! Esos que, junto con Cinemex y Cinépolis, son al cine lo que Televisa y TV Azteca a la televisión, o sea, algo muy próximo al monopolio y muy representativo del neoliberalismo salinista, luego salinismo con sotana y ahora con uniforme militar, son también los que deciden, sin más criterio que la ganancia monetaria, si una película permanece en cartelera o desaparece, y si es exhibida en su idioma original o doblada al español. ¿Habrá alguien tan ingenuo como para creer en la buena onda de «Cinemark a la mexicana», tan nacionalista como los planes de Felipe el espurio y su mafia trasnacional para la industria petrolera mexicana? En «el día del cine mexicano», Cinemark cobra la fabulosa cantidad de diez pesos (antes del salinato era más barato y era normal que así fuera), pero el negocio está, desde luego, en la dulcería y la publicidad, porque antes de cada película hay que tolerar veinte minutos de anuncios comerciales y avances de próximos estrenos.

Entre las treinta películas mexicanas que proyectará Cinemark el día de hoy y su coincidencia con efemérides trágicas, hay una titulada El clavel negro (The Black Pimpernel, a saber por qué en inglés), coproducción de México-Suecia-Dinamarca, dirigida por Asa Faringer y Ulf Hultberg, acerca del embajador sueco en Chile, Harald Edelstam, que brindó refugio a 1,300 personas durante el golpe de estado… Ya habrá oportunidad de verla después, espera el observante, que no quiso apoyar al cine mexicano mediante una cadena privada con yugos y grilletes. ¡Al chile!

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