Hallazgos de identidad

Cuando supe que Juan Gelman había encontrado a su nieta, esa noticia me pareció un auténtico milagro y tocó fibras muy sensibles y profundas en mi alma, pero yo estaba solo y no tenía con quién compartir lo que sentía; la gente a mi alrededor, empezando por mi familia cercana, ignoraba inclusive quién es Juan Gelman, hecho que yo no podía disculpar. Mejor solo que hablar con gente que no aporta nada y, por el contrario, lo empobrece a uno, se decía entonces mi otro yo y se lo dice aún. Yo sabía de la búsqueda que Gelman hacía con una dignidad que me inspiraba respeto y admiración, así como desprecio a los ignorantes del caso. Los hijos del poeta y periodista argentino, junto con su nuera embarazada, habían sido víctimas del Plan Cóndor, con el que la CIA coordinaba la cacería inhumana perpetrada por las dictaduras militares en América Latina desde mediados de los años setenta hasta principios de los ochenta, particularmente en Chile, Argentina y Uruguay. Juan Gelman encontró los restos de su hijo en 1995 y después a su nieta viva en 2000; los restos de su hija y su nuera siguen desaparecidos, como los de miles de personas que torturó y asesinó el terrorismo de estado auspiciado por el imperialismo gringo…

El hallazgo de la nieta coincidió con una ocasión que Patricia Vega dedicó la columna que escribía en La Jornada a la organización HIJOS de México y su Escrache a los genocidas. Yo había conocido a representantes de la organización HIJOS de Argentina y de las Madres de la Plaza de Mayo en 1996, durante el Encuentro Intercontinental contra el Neoliberalismo y por la Humanidad. En una emotiva plática ofrecida entonces por las Madres, los asistentes nos enteramos de que los hijos recién nacidos de los desaparecidos políticos eran botín de los secuestradores, torturadores y asesinos seriales en el poder usurpado. Cuando Patricia Vega informó sobre los hijos residentes en México y su búsqueda de la identidad arrebatada, junto con la vida de sus padres, así como del juvenil Escrache para que los genocidas no estén tranquilos en ningún lado, le envié un comentario pidiéndole el contacto con esos chavos y ella respondió que se los haría llegar junto con mi dirección, pero nunca me escribieron. La experiencia del correo electrónico era relativamente nueva todavía para mí.

Pasaron nueve años y me sumé a Facebook, la competencia de hi5, en donde hice contacto inmediatamente con HIJOS de México y Aleida Gallangos, la protagonista de otra búsqueda, en este caso de su hermano biológico, de quien fue separada cuando eran niños (dos y cuatro años de edad, respectivamente), luego de que la policía política y el ejército federal detuvieron y desaparecieron a sus padres, que militaban en la Liga Comunista 23 de Septiembre. El más sórdido capítulo de la guerra sucia en México es anterior a las dictaduras militares del Cono Sur, pero en algo es idéntico: uno de sus efectos es el encuentro o desencuentro de muchos jóvenes con una identidad familiar hasta entonces negada, oculta en unos casos y ocultada en otros… Trazando Aleida (2007) es un documental de Christiane Burkhard acerca de la búsqueda y el hallazgo de Aleida Gallangos, es el seguimiento de un drama personal que representa el de muchas otras familias mutiladas y esparcidas por el fascismo a la mexicana.

En Facebook, Ana Valentina, de HIJOS México, me envió una invitación a la presentación del documental en la Cineteca Nacional con la presencia de la realizadora y la familia de Aleida Gallangos. Yo había “agregado” a Ana Valentina a mis “amigos” por ser la “administradora” de Pentagrama en Facebook, herramienta que también Aleida Gallangos usa para entrelazar a más gente como ella. Fui a la cineteca esperando conocer a Aleida, que no asistió porque está en Washington con su hermano, pero conocí a Ana Valentina; me presenté con ella y platicamos un rato; estaba con Modesto López y Marta de Cea, a quienes yo creía conocer desde que existe Pentagrama. Como Ana se fue a tomar unas fotos, me quedé con Marta y Modesto, y les pregunté desde cuándo la conocían. “Desde que nació”, contestaron riéndose de que fuera yo tan pasguato; entonces me di una palmada en la frente. ¡Qué chiquito es el mundo! Ahora entiendo. Modesto se exilió en México durante la dictadura militar en Argentina y se quedó a vivir aquí…

Acerca del documental diré nada más que resulta muy conmovedor, aunque el calificativo es cursi y no el documental; uno sonríe y llora con Aleida Gallangos, comparte su emoción con simpatía y solidaridad. Supongo que el momento más esperado por todos, no solo por mí, es el encuentro con el hermano, hecho que nunca vemos, lo cual es comprensible dadas las circunstancias y en esa medida no decepciona, como tampoco decepciona que sea evidente y audible el doblaje desde las primeras escenas. Lo que sí decepciona -y mucho- son los créditos, pues aparecen por lo menos dos nombres de personajes impresentables que contaminan este meritorio esfuerzo. Se trata de alguien que, en tiempos de la Fiscalía Especial, colaboró con la PGR en el “hallazgo” de restos de supuestos desaparecidos políticos que resultaron ser osamentas prehispánicas, alguien que dice ser hija de un desaparecido político y la verdad es que no tiene ni la más remota idea de quien es su padre (podría ser un asesino-traficante de niños recién nacidos), alguien que descalifica a HIJOS México y al Comité Eureka (ahora trabajan juntos) por buscar gente viva en vez de cadáveres, que difama cobardemente y asume al mismo tiempo un papel de víctima y mártir, y su farsa le funciona con gente de escasa inteligencia, aunque la suya no es precisamente abundante, alguien que miente compulsivamente y, como suele ocurrir con la mayoría de los mitómanos, es amnésica. Vaya paradoja: alguien que padece de amnesia, entre otros males mentales (que no la hacen menos deshonesta), se dice historiadora. En el segundo caso, el nombre de un “periodista” que, en vez de periodismo, hacía propaganda zapatista, se autodefine como “anarquista” y ahora es asesor de AMLO, después de haber sido pupilo de Juan Luis Concheiro (uno de los personajes más tranzas y corruptos del PRD), aparece en los agradecimientos finales. Por lo demás, insisto en que el trabajo tiene mucho mérito, en un doble sentido, a saber, tanto la búsqueda emprendida por Aleida a partir del encuentro con su abuela, quien hace una búsqueda previa, como el puntual seguimiento del caso.

Comenté con la directora lo anterior, brevemente… Ella es muy accesible y tiene muy buena vibra, pero es un poquito dispersa, así que acordamos comunicarnos por escrito. Afortunadamente, así como los genocidas, secuestradores, torturadores y cómplices terminan teniendo su expediente público, aunque vivan y mueran en la impunidad, la gente miserable, que vale un carajo, pero logra que uno lea sus nombres en el lugar menos indicado y los vomite, por lo visto en esta ocasión, también acumulan un expediente personal de vileza y pequeñez. No conocí a Aleida Gallangos, pero conocí a su abuela y puedo resumir, sin temor a exagerar, que es un ser entrañable. Gracias a gente como ella y como el señor Juan Gelman ocurren milagros que son triunfos de la memoria y derrotas del olvido, éxitos de la vida presente y fracasos de la muerte pretérita. Gracias a gente como esta, los oportunistas, arribistas y acomodaticios no importan o importan lo que uno quiera que importen, o sea, muy poco o nada. Los milagros laicos de resurrecciones ateas hacen que uno se sienta menos solo en el vacío, menos isla en este mar de miseria humana.

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