Trazos de la sonrisa y el llanto de Aleida

 He visto por segunda vez el documental Trazando Aleida, de Christiane Burkhard, que invita a la reflexión; es evidente ese propósito y lo consigue. Personalmente, me invaden muchas preguntas y me obsesionan. Para empezar: ¿Qué fue de los padres biológicos de Aleida Gallangos? ¿Seguirá buscándolos ella después de haber encontrado a su hermano? ¿Qué piezas deben moverse ahora? Hasta donde entiendo, su abuela, quien empezó esta búsqueda, tiene la esperanza de encontrarlos con vida y, así como acusa al “gobierno” mexicano de su desaparición, le exige su presentación con vida. “Vivos los llevaron, vivos los queremos”, es la consigna popular en todos los países con desaparecidos políticos. “Ni olvido ni perdón, cien años de prisión”, es otra consigna. Pero México parece estar enfermo de amnesia o algún otro tipo de debilidad mental. Mientras en Argentina, el ex dictador Jorge Rafael Videla fue juzgado, condenado y encarcelado a perpetuidad, junto con presos comunes, en esta ilusión que llamamos República no ha sido juzgado nadie por desaparición forzada, un delito que no prescribe porque atenta contra la humanidad, como el genocidio, ni por tráfico de niños recién nacidos, ni por detención ilegal o secuestro, ni por tortura, ni por nada, aun cuando existe información suficiente, desde las órdenes de los presidentes genocidas hasta los nombres de quienes participaron, por ejemplo, en el asalto a la “casa de seguridad” donde fueron detenidos los padres de Aleida. ¿Qué hace falta para que los peores criminales de la dictadura del dinero reciban el castigo que merecen, además del repudio popular, en México, el país de las elecciones más caras del mundo y donde los presidentes se imponen paradójicamente con golpes de estado apoyados en las fuerzas armadas? Algo anda mal aquí. ¿Por qué la familia de Aleida ha hablado tres veces con Rosario Ibarra y ella no muestra interés en este caso? ¿Por qué los padres adoptivos del hermano de Aleida se esconden? ¿Por qué Enlace México no publica lo que envío sobre la búsqueda infatigable de Clara Anahí Mariani y el proceso a Videla? ¿Por qué Daniel Iván, director de La Voladora Radio y representante de AMARC en México, ni siquiera me contesta? Por lo visto, aunque los desaparecidos nos faltan a todos, falta mucho para lograr la sensibilidad que reclama este asunto. Los ratones y las ratas de archivo hemerográfico, dedicados por entero a leer chismes policíacos, se involucran en la búsqueda exhaustiva… de su propio beneficio, de lucro y reconocimiento personal. El documental de Christiane Burkhard hace un aporte invaluable a la sensibilización política, pero la Cineteca Nacional lo sabotea, exhibiéndolo en un formato que demerita sustancialmente… a saber si es DVD o “video digital”; lo cierto es que se ve del carajo. Y ni siquiera nos dicen de antemano que no es una película de carrete lo que veremos, sino un formato basura, como si el público estuviese acostumbrado a que así es la onda ahí. La Jornada, en honor a la costumbre, cambió el título por el de Tranzando Aleida (sic). En fin. Habrá que hacer lo propio, poner cuanto haya de nuestra parte, aportar lo que esté en nuestras manos, para que el mundo cambie, para que ocurra un milagro, aunque Dios no exista, aunque a veces pienso que, si Dios existiera, sería un pobre diablo o un hijo de la chingada.

En cambio, Christiane Burkhard tiene la fortuna de haber conocido a Aleida Gallangos y haber seguido sus pasos hasta el encuentro con el hermano. Por su parte, Aleida es una mujer muy noble, muy auténtica, de sonrisa infantil y mirada triste. Los trazos de su identidad dibujan también el mapa de un oscuro capítulo en la historia de México, el de la “guerra sucia”, que de tan sucia oscurece la conciencia pública, opaca la memoria colectiva, empaña la mirada popular a nuestro pasado y lo impregna de oprobio, de injusticia, de opresión, de miseria, de podredumbre humana, de mierda. Por algo nace la rebeldía; por algo la dignidad se levanta y las mujeres y los hombres que la enarbolan, como los árboles, viven y mueren de pie, son su propia estatua, nuestro estandarte.

Por último, no sólo son desaparecidos políticos los que nos faltan a todos; también faltan las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez y otros lugares… Detrás de la barbarie genocida está el poder político siempre y detrás el poder fáctico del crimen organizado que sirve de pretexto al ejercicio del poder formal por la fuerza pública al servicio de intereses privados. Desde el poder se habla de narcoguerrillas; desde la lucha armada se habla de narcogobierno. La espiral de la violencia y la serpiente que se muerde la cola circundan a la gente que lucha por vivir y vive por luchar, para poner fin a la ignominia, un hasta aquí a la impunidad, para romper el círculo de complicidad, para que no haya presos políticos, sino políticos presos y policías presos y militares presos. Alguien ha tenido siempre que decir ya basta, se acabó; alguien tiene que decirlo de nuevo, una vez más, mil veces más, pero algo falta, algo aparte de los desaparecidos, “falta lo que falta”… espero que no sean cojones y agallas.

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