La gloria del bastardo

Quentin Tarantino es técnicamente infalible y eso lo hace seductor, pero eso hace del cine que hace una delicia aberrante, porque lejos de ser el genio que muchos cinéfilos ven, Tarantino es un demente… «Sórdido presagio», podría llamarse cualquiera de sus larguísimas secuencias que se resolverán en una súbita masacre, paroxística y pornográficamente gore, aunque sin sexo. La técnica impecable incluye una gran audacia que varía en toda su obra nada más lo indispensable para ser siempre la misma. El autor se propone impactar y lo consigue; sabe que el espectador verá sus películas más de una vez y que lo hará a la expectativa del desenlace violento, el más violento posible, que nadie lo supere o por lo menos iguale. ¿Dónde quedó la bolita? ¿En qué momento entró un cuchillo al cuello? ¿Quién mató a descuartizador?

A diferencia de Tarantino, la mediocridad de Bratt Pitt nunca sorprende a nadie; aquí hace una burda imitación de Marlon Brando en el papel de El Padrino; mientras tanto, los vuelos de gran diva que Tarantino otorga a sus personajes femeninos tienen un efecto de búmerang; la sobreactuación parece otra imitación: Diane Kruger parece imitar a la también mediocre Demi Moore, y Mélanie Laurent parece una copia sin artes marciales de Uma Thurman, hasta ahora la creación femenina más sorprendente del director, autor de bodrios nauseabundos como guionista: Del crepúsculo al amanecer, por ejemplo, si acaso tiene algún mérito (además del table dance de Salma Hayek), es encabezar el cine de vampiros como la peor película de todas.

Lo pretendidamente original de Bastardos sin gloria, título de la más fastuosa realización tarantiniana, es que se trata de la Segunda Guerra Mundial en género western, y las palmas se las lleva, sin lugar a dudas ni a discusión alguna, el villano mayor de una película en donde los héroes son además villanos: asesinos seriales con descarnada crueldad al estilo apache, según el mito gringo. Christoph Waltz como detective nazi que se ha granjeado a pulso el mote de «Cazador de Judíos» es el villano por antonomasia: astuto, odioso, amanerado, chaparro y traidor, o sea, astuto, odioso…

El final de apoteosis pirotécnica/incendiaria y sanguinaria también es una audacia, en este caso histórica, pues plantea un desenlace bélico muy otro al que suponemos todos, una emboscada suicida que nadie con un ápice de inteligencia militar permitiría, y un martirologio heroico, estoico y cien por ciento cinematográfico, porque salvo en el fanatismo árabe (musulmán), ocurre nomás en el cine para inspirar la realidad, como lo entendía Goebbels, el ministro de propaganda nazi, autor de la tesis de que una mentira repetida suficientes veces termina siendo verdad, y como parece entenderlo también Tarantino al provocar un desahogo emocional del público judío/cristiano, gringófilo y nazifóbico por consenso multitudinario, que una vez repuesto del impacto vuelve a sufrir, no sin buena dosis de masoquismo, con el epílogo sádico.

The blood is money

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Post-data muy posterior al post anterior

Hasta ahora me cea el veinte de que el final de Bastardos sin gloria, de Taradino, es un fusil del final de Brazil, de Terry Gilliam, película que se caracteriza por su originalidad (radical diferencia), un poco excéntrica y esquizofrénica, acaso como futurista, desfigurada y personalísima versión del clásico Don Quijote, que yo consideraba genial hasta que la compré en DVD y padecí el tedioso documental sobre el rodaje, que es una expresión de autoengaño deshonesto, valga la redundancia, en el que todos se creen genios y nadie reconoce, vaya, ni siquiera insinúa, la influencia de Orwell.

El trabajo más reciente de Terry Gilliam (ex integrante sobresaliente y sobreviviente de Monty Python, como seguramente saben los lectores de este blog), Tideland, también sería genial si no comenzara con una presentación personal… ¿Qué? ¿Soy un quisquilloso / intolerante? De acuerdo. Ambas películas son geniales y convendría tener la segunda en DVD para omitir esa presentación homófila / pedófila, que parece tener el singular propósito de predisponer al público.

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Un comentario el “La gloria del bastardo

  1. plared dice:

    Me alegra saber que no soy el unico que piensa que esta pelicula es una completa mierda, lenta y aburrida. Una simple sucesion de escenas, esperando sorprender al ritmo de video clip que contente a la modernidad. Saludos

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