París a medianoche

Me pregunto por qué habré dicho “para la de Woody Allen” en la taquilla, si la película me interesaba por Marion Cotillard, no por un director que dejó de hacer buen cine hace mucho tiempo y ahora recurre a las mejores actrices del momento para compensar la disminución de calidad en los demás aspectos de su prolífica realización: la vez anterior fue nada menos que Naomi Watts, con Anthony Hopkins a su lado y, por si fuera poco, Antonio Banderas para tener al menos un elenco taquillero. Quizá para la próxima veamos a Zhang Ziyi en un papel menor, como el de Cotillard en la más reciente comedia romántica del autor, sutil parodia de los cuentos de hadas y pretendida reflexión existencial sobre la noción de que toda época pasada fue mejor. La actuación que hace allí la musa francesa, una vez superada la reencarnación de Edith Piaf, es muy inferior a su inmenso talento. Ofende Woody Allen a los grandes actores con papeles tan pequeños, pero lo más ofensivo en este caso es que un idiota protagonice al personaje principal con la diosa en segundo plano.

Por el desproporcionado preámbulo de Medianoche en París, uno sospecha que el Ministerio de Turismo francés financió la cinta, homenaje a la ciudad más idealizada, publicitada y cara del mundo, lugar común del exilio latinoamericano y capital del existencialismo burgués. La película empieza por fin con un diálogo en off, como aviso de que el actor principal es idiota y habla como idiota, quizás imitando al director, que además de permitirlo, probablemente lo instruye en ese sentido, pues otros actores hacen lo mismo. Algo me recuerda a los papás que les dicen a sus hijos: “A ver, habla como niño chiquito. ¡Ay, qué gracioso!”

El personaje alucina que, a medianoche, viaja por el tiempo (qué original) a los años veinte de París, época de sus obsesiones en la ciudad que lo cautiva, y entonces todos, sin excepción, son celebridades, inclusive grandes genios: Picasso, Dalí, Buñuel… ¿Qué hacían en París todos ellos al mismo tiempo? ¡Concurrir en la fantasía de un escritor mediocre, interpretado por alguien que más bien parece retrasado mental! Con excepción de Picasso, todos son bohemios. ¡Qué feliz coincidencia!

La única persona ordinaria de París a medianoche resulta ser una mujer encantadora, por no decir fascinante (como ha de ser Cotillard en la vida real), discreta en comparación con las excentricidades circundantes.

Un salvaje y borracho Hemingway diserta sobre la muerte y el amor como una relación intensa y ocasional que, palabras más o menos, desvela Octavio Paz en El laberinto de la soledad (uno de los libros que mejor conozco por las incontables veces que tuve que regresar al principio para retomar el hilo), y entonces me pregunto qué pasó allí: ¿Hemingway pensó primero lo que Paz escribió después? Si Hemingway lo escribió, podría ser, pues lo que Paz dice acerca de las fiestas mexicanas es un refrito de lo que dice Nietzche acerca de las máscaras. ¿Woody Allen leyó El laberinto de la soledad y decidió poner esas palabras en la boca de Hemingway? También podría ser. ¿El guionista las escribió pensando en Hemingway sin haber leído El laberinto de la soledad?

Lo seguro es que la carrera de Allen comenzó un franco declive antes de reunir a las personalidades más carismáticas y mejor cotizadas para que lo salvaran del descrédito, pero quedó encasillado, pues todos sus personajes son yuppies; jamás concibe otro tipo de gente, a menos que sean comparsas, como Buñuel o Picasso (pésimamente caracterizados, además).

Siempre he sentido que el público ríe con las películas de Allen como quien ríe con los albures, como demostración de que los entiende, así sea un carajo, pues se trata de cine “culto” y el público finge estar a la altura o en verdad lo está cuando pasan desapercibidas, por ejemplo, las ocho veces que entra en escena el micrófono durante El sueño de Casandra (2007), el peor bodrio que ha perpetrado el “genio”. Tan “culto” es el cine de Allen que su personaje gringo en París bromea sobre los iones positivos que lo inspiran al bañarse, pero sucede que los iones llamados positivos son contaminantes del aire compuesto por iones llamados negativos que necesitamos respirar para vivir; esta contradicción no se resuelve con ignorancia y el error no es del estúpido personaje, sino del ignorante guionista y director, que es músico, por cierto, y se las arregla para que más de quince canciones suenen a dos o tres repetidas hasta la enajenación, con el agravante de que una tiene cinco notas y se repiten a su vez, una y otra vez…

En fin. Lo importante es que debí decir “para la de Marion Cotillard” en la taquilla. Me pregunto por qué no lo hice y me respondo que, si alguien vive toda la vida entre microcéfalos, termina comportándose como uno más.

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3 comentarios el “París a medianoche

  1. plared dice:

    Prefiero a Naomi Watts, aunque la verdad es que Jane Fonda en películas como Danzad, danzad, malditos o La Jauria humana estaba espléndida. Pero creo que su personaje como activista y defensora de ciertas causas, eclipsó su carrera cinematográfica.

  2. plared dice:

    El mensaje anterior iba para el otro post, en fin…. Sobre esta película, la verdad es que Allen dejó de interesarme cuando dejó de hacer el payaso y se convirtió en una especie de gurú para la modernidad más intelectualoide. Me gustaba cuando hacía el payaso en películas como Toma el dinero y corre o Sueños de seductor. Luego, como te dije, dejó de interesarme, salvo en esa pequeña maravilla que es La rosa purpura del cairo. Saludos

  3. Ivanrin dice:

    A ver si en un rato más termino el texto sobre Jane Fonda y Naomi. Por lo pronto, una precisión: Jane Fonda no se retiró del cine para dedicarse al activismo, sino a la burguesía; su activismo intenso y auténtico sucedió durante la guerra en Vietnam y fue muy efectivo gracias a la fama que le había dado Barbarella principalmente. Luego hizo las mejores películas sin entrar en conflicto con su faceta de luchadora social (salvo para el Óscar); al contrario, esas dos facetas la hacen una mujer admirable, porque es una gran actriz y produjo como 40 películas; si algo resta mérito a su carrera es quizás el negocio de los videos aeróbicos.
    Naomi también es fascinante, pero le falta mucho para superar a Jane Fonda y podría estancarse en la onda taquillera por el estilo de King Kong, que fue muy decepcionante.
    Coincidimos con respecto a Woody Allen y yo agregaría que eso de hacer una película al año por hacer una película al año demerita la calidad, el ingenio y la gracia que hacían disfrutable al payaso.
    Saludos.

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