De cameos y encamadas

Hace unos días, encontré por accidente o casualidad una copia de Amor eterno (2004), de Jean-Pierre Jeunet, entre mis DVD; yo no sabía que la tenía porque la devolví cuando me la regalaron hace unos años, y luego la pedí prestada junto con otras dos y lo olvidé. Recuerdo en cambio cuando la vi por primera vez; acababa de salir de una racha etílica o crisis alcohólica o recaída y sabía de la película El maquinista, de Brad Anderson, que estaba en cartelera, pero nomás en el Cine Reforma, y creía yo conocer la ubicación; en todo caso, era cosa de llegar al metro Reforma y preguntar… ¡Craso error! Un policía en dicha estación parecía contener la historia de todos los cines de la zona; sabía cuáles habían cerrado y reabierto con nuevos dueños, cuáles habían desaparecido, etcétera; pero de poco me sirvió tanta sapiencia, pues el nombre del cine más cercano, sobre Paseo de la Reforma, era otro; emprendí la búsqueda a pie y llegué hasta Chapultepec; comí en un restaurante y entré al multicinema que había determinado el límite de la caminata; entre las opciones estaba Amor eterno, “del director de Amélie“, decía el cartel. Yo no había visto Amélie (2001), pero estuvo en boca de tod@s y los comentarios eran favorables, así que opté por esta otra película, que también protagoniza Audrey Tautou, la actriz principal de Amélie. A mitad de la cinta, para mi sorpresa, aparece Jodie Foster hablando en francés perfectamente, y su capítulo culmina con escenas eróticas no menos sorprendentes. En su momento, creí que llamaban cameo a su intervención por encamarse con un fulano…

Amor eterno, cuyo título original es Un long dimanche de fiançailles, me parece una obra maestra, producción épica de alto presupuesto que nada le pide a Hollywood para efectos especiales de ambientación, pirotecnia y demás espectacularidad, con una trama igualmente laboriosa y compleja. Ahora que vuelvo a verla, para mi sorpresa, aparece Marion Cotillard en el sórdido papel de una prostituta corsa, experta en el arte del disfraz, que asesina, por venganza, llena de odio, altos mandos del ejército francés en plena guerra mundial; memorable personaje y perfecto desempeño de la actriz con el rostro más interesante del cine actual, que yo no conocía en 2004 y, en consecuencia, no podía reconocer. Todo cuanto hace, lo hace bien, pensé de Jodie Foster en aquel entonces y lo pienso ahora de Marion Cotillard. Es un hecho lamentable que, por ignorancia, no concedamos la importancia que tienen los grandes talentos en papeles secundarios, “de reparto”, como eufemísticamente se les llama; conociéndolos, se queda uno con ganas de más…

La caja de video digital contiene dos discos, uno con la película y otro con material adicional: un documental sobre la filmación, escenas suprimidas y comentarios del director, entre otras cosas. Es realmente una maravilla el cine, concluyo al verlo por delante y detrás de las cámaras y leer lo que se dice al respecto. Dicho sea con todo respeto, Amélie resulta una obra menor en comparación con Amor eterno, pero es de aceptación masiva y predilección mayoritaria por tratarse de una comedia ligera. Amor eterno, en cambio, es exhaustiva. Ahora me parece menos perfecta que la primera vez, y demasiado amarilla, como saturada… El final feliz es lo más débil, y tienen razón quienes critican el hecho de que la protagonista principal emprenda la búsqueda infatigable de un fulano sin chiste. Ni hablar. Cada quién su amor. El mío, por lo pronto, es para Marion Cotillard. ¡Fascinante!

Marion
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