Asalto al cine mexicano

diasdeGraciaDespués de ver Pastolera, de Emilio Portes, y Días de gracia, ópera prima de Everardo Gout (principales ganadoras del Ariel en su entrega más reciente), la sensación que me dejan Después de Lucía, de Michel Franco, y Asalto al cine, de Iria Gómez Concheiro, es que hay un tipo de cine mexicano que apuesta más al reconocimiento en festivales internacionales que al público masivo y nacional, al cabo su aceptación por éste será consecuencia de aquél, parece ser la premisa; un tipo de cine supuestamente “artístico”, pero técnicamente defectuoso, como si este aspecto importara menos o la segunda característica fuera condición de la primera, por aquello de hacer “arte” con bajo presupuesto para que tenga más mérito, al austero estilo de Michael Haneke, de moda por el Óscar, estilo sobre todo narrativo que parecen imitar los realizadores mexicanos con magros resultados…

Asalto al cine, por ejemplo, tiene las mismas fallas de sonido que Después de Lucía: el micrófono está integrado a la cámara y, cuando ésta se aleja, el audio disminuye; cuando la cámara se acerca, el audio aumenta. Por si eso fuera poco, hay escenas inclusive desenfocadas, hecho que demerita cuanto pueda tener de bueno esta cinta, por lo demás, bastante aburrida: el asalto anunciado en el título sucede casi al final, pues el guión coescrito por la directora misma y Juan Pablo Gómez García dedica demasiado tiempo a contextualizar y recurre a subtramas sociales sin ahondar en ellas, como el despido masivo de los electricistas, para conferir al contenido un cariz “denuncista” que diga: ¡Estas son las causas de la delincuencia juvenil! Las drogas, la violencia callejera y la desintegración familiar forman parte del contexto que justifica el asalto, y un decepcionante final envía el mensaje de que, además, los autores del delito pueden salirse con la suya sin problemas.

En cuanto a Después de Lucía, son tantas sus vergüenzas que no es necesario insistir en ellas; basta con leer los comentarios al respecto en Cine Premiere para conocer la idea que tiene de esta película el público, más que los “críticos” al servicio del poder.

Pastolera, en cambio, es muy divertida. Destaca por su originalidad el guión del propio Emilio Portes. A Joaquín Cosío le queda perfecto el papel de Diablo y policía judicial; el resto del elenco en general hace bien su trabajo, aunque algunas escenas y secuencias de acción son algo burdas. Como en muchas películas con sobrada influencia de Hollywood, entre ellas, Salvando al soldado Pérez, de Beto Gómez, que recibió un Ariel por sus “efectos especiales”, demasiadas balas no atinan al blanco totalmente descubierto, con tiempo suficiente a su alcance…

Patrocinada también por Televisa, Salvando al soldado Pérez, desde el título, es una parodia de Spielberg, pero no se atreve a dejar en ridículo al ejército gringo; más bien hace apología del narco, que termina siendo el héroe.

En Días de gracia, por su parte, la corrupción policiaca y el secuestro como crimen cada vez más recurrente, al menos en México, son los principales ingredientes de una trama truculenta y cruda. Al parecer concebida para el púbico gringo o de gustos similares, como Salvando al soldado Pérez, esta cinta fue filmada con la cámara en mano, en constante movimiento, y editada con escenas muy rápidas, a manera de video clip. El guión del propio Everardo Gout y David Rutsala trata de ser sorprendente y lo consigue a riesgo de que uno crea en muchas y grandes coincidencias, al cabo es película; con algunas secuencias de cine negro, es violenta y vertiginosa, pero pierde el ritmo hacia el final, una vez que el público debe dar por hecho lo que no vio: cuando el protagonista está por matar al capo árabe con una navaja de afeitar, hay que suponer que lo hizo, como si nos escamotearan un pedazo de metraje, error del guión o la edición… El actor protagónico Tenoch Huerta es bastante convincente; la fotografía de Luis David Sansans es memorable; la música original es de lo mejor, aunque de pronto escuchamos en un pasaje dramático a Janis Joplin… ha de ser válido.

Pero Después de Lucía y Asalto al cine son películas autocomplacientes… Las ganadoras del Ariel son menos “artísticas”, más comerciales y, desde luego, mejores.

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