La jauría humana

brandoDrama misántropo, dirigido en 1966 por Arthur Penn, basado en un relato de Horton Foote, con un reparto multiestelar, como reza el cliché comercial: Marlon Brando, Jane Fonda, Robert Redford, Angie Dickinson, Robert Duvall, Janice Rule…

Un fugitivo (Redford) vuelve a su pueblo natal, en donde su esposa (Fonda) tiene un amorío con el hijo del hombre más poderoso de la región sin dejar de amar también a su marido. Los rumores sobre la fuga y el regreso de quien tenía casi dos años en prisión desatan un ambiente de histeria y hostilidad que el comisario (Brando) y su esposa (Dickinson) tratan de contener, pero los ánimos se desbordan al calor de una borrachera el sábado por la noche y todo acaba en tragedia.

La historia ocurre al sur de los Estados Unidos en un sólo día.

Lo mejor de la película, que dura dos horas con 14 minutos, es Jane Fonda; aunque no aparece ni siquiera media hora, su entrada en escena dura menos de dos minutos y pasa una hora antes de que volvamos a verla, su actuación es estupenda: intensa, temperamental, de reacciones rápidas y contundentes, papel sumamente representativo de su propia personalidad y, en consecuencia, el tipo de papel que mejor le sienta.

También la película como tal es representativa de la talentosa, honesta y valiente actriz, pues el guión se debe a la pluma de Lillian Hellman, escritora talentosa, honesta y valiente, a quien Fonda interpretará años después en ‘Julia’, de Fred Zinnemann. Además trabaja con Robert Redford, su compañero en pantalla más de una vez, haciendo una pareja con química, aunque Redford es un actor de tics, con más carisma que talento en el mejor de los casos y especialmente aquí.

La actuación de Brando es bastante aceptable, sobre todo en el capítulo más dramático, pero habla con una voz nasal que no es fácil tolerar. Dickinson bien, como Rule y los demás, salvo Duvall, que es malo, malo, por no decir patético.

En general, los personajes son tantos como para una novela o miniserie, y demasiados para una película.

Y hay suficientes errores como para un ejercicio de percepción: uno de ellos está en decir dos veces que el fugitivo dejó huellas digitales en el cadáver de un hombre al que presuntamente asesinó, cuando sucede que no es posible dejar huellas digitales en la ropa ni en la piel humana. Hay por lo menos dos errores de diálogo y por lo menos uno de edición. Además, Dickinson entra a la oficina del comisario desde un cuarto contiguo, después de golpear otra puerta desde afuera. La pintura que debe parecer sangre parece más bien esmalte muy espeso y no hay orificios de bala en la ropa. Es inverosímil y desagradable que Fonda se esconda entre los carros chatarra con un cigarro prendido en la mano…

Con todo, no son esos detalles la causa del fracaso comercial de la cinta en su momento, sino la incomprensión.


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