Ubicua, intangible y etérea

HerHer, o Ella, como fue titulada en español, es una de las películas más originales que he visto en años, así como la mayor y más grata sorpresa de 2013.

Spike Jonze escribe, produce y dirige este drama romántico de ciencia ficción que narra la relación sentimental entre un hombre y un sistema operativo. Ingeniosamente dialogado, el romance tiene lugar en Los Ángeles y plantea una improbable humanización de la informática en un futuro cercano.

Se trata de un viaje profundamente reflexivo, intimista y cálido acerca de nuestra interacción con el entorno citadino y la mediación de las computadoras, los teléfonos celulares y demás, hasta el punto en que un medio termina por ser el fin. Lo que hay en el fondo no es más que soledad. Tan solos estamos todos que nos inventamos interlocutores a nuestra semejanza o altura. La imagen de la gente hablando aparentemente sola en la vía pública es un paradigma de la modernidad.

Joaquin Phoenix confirma su calidad de garantía como garantía de calidad.

Scarlett Johansson es la voz imperfecta del sistema operativo entre sensible y sensitivo, intuitivo y perceptivo, que toma forma y contenido en la medida que avanza la relación, con inteligencia, sorprendente franqueza y sensualidad, mientras lee libros, compone canciones, dialoga con filósofos de sabiduría clonada por otros sistemas operativos, asume roles de novia y secretaria con audaces iniciativas, tiene un ágil sentido del humor y añora con frustración habitar un cuerpo de mujer.

La omnipresente Amy Adams y una cautivante Rooney Mara en papeles secundarios, una es amiga del solitario escritor de cartas para desconocidos y otra es la joven esposa de quien está divorciándose con dificultad y hasta dolor nostálgico. Por su parte, Olivia Wilde interpreta un rápido escarceo que no pasa de un beso en el encuentro real.

No es la primera vez que Phoenix encarna un personaje para el que le sobran años y, cuando intenta ser dulce y tierno, es más bien amanerado-afeminado, pero no tanto como para echar a perder este plausible trabajo. Inclusive poniéndonos quisquillosos, esa debilidad es lo único reprochable.

En armonía con el guión, su puesta en escena de melancólica, poética y compleja sencillez recurre transitoriamente a una estética de videoclip.


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