La gran burbuja

En la tradición temática de películas como Wall Street y Wall Street 2: El dinero nunca duerme, de Oliver Stone, o El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, entre otras, La gran apuesta, de Adam McKay, es una explicación didáctica del colapso más reciente (del 2007 al 2010) que ha sufrido el sistema financiero internacional a raíz de un fraude masivo en el mercado inmobiliario de Estados Unidos, aunque llama “fraudulento” a lo normal aquí, es decir, a lo que sucede siempre desde siempre y que hace de la actividad especulativa una disfunción parasitaria. Con el cinismo que algunos consideran sinónimo de honestidad, el relato parece reconocer el fracaso del capitalismo en su conjunto y la precaria estabilidad del llamado valor cambiario por maniobras y alianzas coyunturales de unos cuantos advenedizos. Por lo visto, es muy fácil que la ambición sin escrúpulos ni límites legales cause una crisis como la que afectó a millones de personas en la capital mundial de la libertad de que una minoría privilegiada multiplique sus ganancias materiales, causando trágicas pérdidas a la mayoría. El llamado mundo libre es la dictadura del capital acumulado por mafias corporativas, la dictadura de los bancos y el dinero invisible que produce un carajo porque no trabaja, sólo cambia de manos, movido por su egoísmo criminal. Un texto final denuncia causas y causantes con nombres y apellidos, así como el hecho de que la “culpa” del colapso financiero recayó en los inmigrantes, según la versión oficial.

Ryan Gosling y Brad Pitt no actúan, a diferencia de Christian Bale en una de sus transformaciones físicas y Steve Carell en uno de sus papeles neuróticos. Con el mismo Pitt en la producción, el guión del director Adam McKay en colaboración con Charles Randolph y Michael Lewis está basado en el libro homónimo de este último (The Big Short, es su título original en inglés).

Un dato curioso es que Pitt había protagonizado Moneyball (Rompiendo las reglas en España, y El juego de la fortuna en Hispanoamérica), que también adapta una novela de Lewis, basada a su vez en una historia real.

Además de las actuaciones en punto muerto, en el minuto 77 de La gran apuesta hay un error de edición, pero la película en general es interesante, sobre todo por el argumento y el tono irónico de la narración.


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