Sombreros, gabardinas y ametralladoras

Gangster Squad y el cine de gángsters al que se debe

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De la investigación periodística a la novela negra y de allí al cine de acción sin contenido: Gangster Squad, de Paul Lieberman, es un best-seller literario sobre la guerra que tuvo lugar en la ciudad de Los Ángeles a finales de los años cuarenta entre la mafia local y una pequeña banda parapolicial. El libro se basa en la exhaustiva investigación que realizó el mismo autor durante casi una década y publicó en su momento Los Ángeles Times como una serie de artículos. La historia narrada por el reconocido periodista inspiró a su vez la película homónima bajo la dirección de Ruben Fleischer con un guión de Will Beall, que no es propiamente una adaptación cinematográfica, pues toma nada más lo indispensable de la fuente original para una aproximación al mejor cine de gángsters y, en segundo término, al cine negro, con la reproducción de todos sus estereotipos y clichés. El argumento, en consecuencia, es insustancial, pero sirve de contexto, por no decir pretexto, para una perfecta ambientación de la época y espectaculares secuencias de acción con un ritmo disfrutable.

En 1949, Los Ángeles es gobernada por la mafia de «Mickey» Cohen (Sean Penn), un ex boxeador judío nacido en Brooklyn y cuyo imperio abarca el expansivo negocio de las apuestas, la trata de blancas y el tráfico de estupefacientes, todo con la complicidad de la policía en general, así como de jueces y políticos corruptos, a quienes mantiene bajo control mediante sobornos y terror, hasta que John O’Mara (Josh Brolin) —un fiero veterano de guerra que, ahora sargento de la policía, libra una solitaria lucha contra el reinado criminal del gran capo— llama la atención de su jefe, Chief Parker (Nick Nolte), quien lo invita a formar su propio equipo de agentes incorruptos para desmantelar los negocios sucios de Cohen con una “guerra de guerrillas”. Aconsejado por su esposa encinta (Mireille Enos), llamada Connie, O’Mara recluta entonces al oficial Coleman Harris (Anthony Mackie), un negro uniformado que sabe usar la navaja, al detective Max Kennard (Robert Patrick), un vaquero viejo que donde pone el ojo pone la bala, y al experto en telecomunicaciones Conway Keeler (Giovanni Ribisi), a quienes se les unen Navidad Ramírez (Michael Peña), un latino que trabaja con Kennard, y el también sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un cínico Casanova que al principio se muestra indiferente al imperio de la maldad, pero el asesinato de un niño amigo suyo durante un tiroteo en la calle lo hace cambiar de posición. Por economía, el círculo de Cohen es presentado, si acaso, desde lejos como un vulgar montón de matones. Entre ambos bandos está la vampiresa pelirroja Grace Faraday (Emma Stone), que lo mismo se acuesta con el capo mayor que con Wooters, y Jack Whalen (Sullivan Stapleton), delincuente amigo de Wooters.

Antipático de por sí, con prótesis faciales que lo hacen parecer efectivamente un ex boxeador, Sean Penn sobreactúa tanto que su personaje resulta una caricatura grotesca. Ryan Gosling emite voz de transición adolescente y, por su afectación, también resulta caricaturesco, a diferencia de Josh Brolin en el papel protagónico, inspirado quizás en Eliot Ness, salvo algunas torpezas, y Robert Patrick, el Terminator antagónico en el juicio final de 1991, ahora con gran bigote al estilo tejano; la áspera personalidad del vaquero cumple con lo que se requería, pero en un papel menor, tristemente secundario, como el de Nick Nolte. El talento actoral del gran elenco, en lo que podríamos llamar el síndrome de Batman, está desperdiciado; la química de un año antes entre Gosling y Emma Stone (Loco y estúpido amor, de Glenn Ficarra y Jhon Requa), por ejemplo, parece incidental aquí, en donde la presencia femenina es casi ornamental.

gangster-squad-josh-brolinLa superficialidad de un guión que no profundiza en la sicología de nadie por apostar la suma de todos los recursos a la espectacularidad, explica el hecho de que si esta película tiene algún mérito sea su aspecto visual, desde la brillante ambientación de Los Ángeles a finales de los cuarenta con una escenografía laboriosa y seductoramente iluminada, y un impecable vestuario de la época, entre otras cosas (los coches, por supuesto, reunidos en el diseño de producción), hasta los efectos especiales en las secuencias de acción, algunas de las cuales son alardes de virtuosismo técnico; lo es principalmente la persecución y el tiroteo desde coches en movimiento, con una toma en particular que recorre todos los ángulos y culmina con un vertiginoso acercamiento al disparo de Wooters por la ventana lateral; aquí la dirección de cámaras, apoyada en la intervención digital, es magistral. Las escenas del enfrentamiento final en cámara lenta coinciden con una secuencia de Mátalos suavemente (EUA, 2012), de Andrew Dominik, obviamente sin plagio por alguna de las dos películas, ya que fueron rodadas el mismo año; en una son esferas de navidad y en otra vidrios de coche l@s que se hacen trizas con los disparos; los cartuchos saltan vacíos desde las recámaras de las armas y parecen suspendidos en el aire por un instante, como el plomo de las balas que lo atraviesan. En términos técnicos y estéticos, la coincidencia es asombrosa.

A cargo de Steve Jablonsky (experimentado musicalizador de frivolidades), la banda sonora forma parte de la ambientación y, junto con el montaje y la edición, contribuye a lograr un ritmo también aceptable.

Brigada de élite, como fue titulada en España, y Fuerza antigángster en Hispanoamérica, tiene grandes similitudes con dos películas que, por lo demás, son muy superiores: Gángster americano (EUA, 2007), de Ridley Scott, y Los Intocables (EUA, 1987), de Brian De Palma. Tanto Gangster Squad como American Gangster están basadas en hechos reales y ampliamente documentados por investigaciones periodísticas, y ambas comienzan con ejemplos brutales de la crueldad que son capaces de alcanzar sus respectivos villanos. En ambos casos, el héroe es un policía incorruptible a quien su jefe da luz verde para reunir a un grupo especial, con la diferencia de que, formada en las sombras, la llamada “fuerza antigángster” de Los Ángeles operó en secreto y al margen de la ley, mientras que la brigada antinarcóticos de Nueva Jersey fue pública e institucional. El contexto en ambos casos es una policía corrompida en general por su contacto con la mafia. Josh Brolin actúa en las dos películas, primero como el agente policial más corrupto y criminal de Nueva York y después como el héroe incorruptible de Los Ángeles; sus dos papeles son convincentes. En ambos casos, los capos terminan en la cárcel, aunque Gángster americano tiene un final sorprendente y decepcionante por su ambigüedad. Brigada de élite o Fuerza antigángster, en cambio, reproduce fielmente el esquema del bien que triunfa sobre el mal, como suele ocurrir desde que la figura del gángster dejó de ser glorificada por el género clásico antes de la Segunda Guerra Mundial (aunque la trilogía de El Padrino, de Francis Ford Coppola, devuelve al gángster su antiguo pedestal). La principal diferencia entre American Gangster y Gangster Squad es la época, pues los hechos ocurren desde finales de los años sesenta hasta principios de los noventa en el primer caso, mientras en el segundo suceden a finales de los cuarenta. Otra gran diferencia es el guión, ambicioso y complejo en un caso, anodino y simple en el que nos ocupa.

Las similitudes con Los intocables son demasiadas como para abarcarlas todas: el reclutamiento del equipo sucede en muchas películas y coincide aquí, por ejemplo, en levantar de la calle a un policía de a pie, así como en conseguir a un personaje menos cuerpo que cerebro (contador o experto en telecomunicaciones), que ha de ser asesinado; la primera misión contra la mafia es un fracaso; en un arranque de ira, con impulso suicida, el héroe busca un enfrentamiento directo y personal con el villano en su guarida; el tiroteo final culmina en unas escaleras idénticas; los grupos son físicamente parecidos, en parte, por su cercanía cronológica: debido a la importancia del sombrero en las dos épocas, se repiten algunas actitudes corporales; el armamento es casi el mismo: pistolas, escopetas, ametralladoras…

Gangster-Squad-Still1En Fuerza antigángster o Brigada de élite vemos también influencia del western o cine del viejo Oeste: Max Kennard, por ejemplo, lleva un gran revólver enfundado en la cadera, y la funda amarrada a la pierna; para asaltar el casino de Cohen, los agentes se embozan con pañuelos y, al huir, dejan salir a los caballos del corral; Coleman Harris, el policía negro, maneja la navaja con la misma destreza que la pistola, igual que Britt (James Coburn), el lanzador de cuchillos, de Los Siete Magníficos…

Al fracasar el primer ataque a los negocios de Cohen, O’Mara y Harris son detenidos y, cuando Wooters los rescata, ocurre una pelea en la oscuridad, y cinco disparos como flashazos iluminan la escena y la congelan durante un segundo: ingenioso y sutil guiño al cómic o la historieta clásica, en el que afortunadamente no aparecen letreros de ¡Bang! o algo por el estilo. En el mismo sentido, Grace Faraday es una caricatura de mujer fatal, como Jessica Rabbit, la voluptuosa vampiresa, esposa del conejo Roger Rabbit.

La secuencia inicial termina con una mirada sombría del boxeador a la cámara y, más adelante, O’Mara camina mirando también a la cámara que se desplaza hacia atrás al mismo tiempo, y esta segunda mirada, por la música y la lentitud de la escena, es un guiño muy obvio con Quentin Tarantino y sus audacias…

Abundan guiños en este recorrido por lugares comunes, como para un ejercicio de cinefilia sobre películas de gángsters, entre muchas otras: ahí una frase de El Padrino, allá de Goodfellas (Uno de los nuestros o Buenos muchachos, 1990), de Martin Scorsese, que también está inspirada en hechos reales, por cierto, y el vaquero acá me recuerda evidentemente a Charles Winstead (Stephen Lang), otro policía viejo y de rudo aspecto, jefe de los Rangers de Texas que se unieron a la cacería de John Dillinger y su banda en Enemigos públicos (EUA, 2009), de Michael Mann, película basada en hechos reales, por cierto.

Al final, el sargento O’Mara arroja su placa al mar, tal como el sargento Harry Callahan (Clint Eastwood) en Harry el sucio (EUA, 1971), de Don Siegel, con la diferencia de que allí no es el mar, sino un río, y Callahan está solo y enojado, mientras que, acompañado por su esposa y el hijo de ambos, O’Mara está contento.

GANGSTER SQUADExcepto Mátalos suavemente, que ya comentaremos, y Harry el sucio, todas las películas mencionadas son incomparablemente superiores a Gangster Squad, que se reduce a lo mínimo en cuanto a contenido y retoma de ellas sólo aspectos o momentos específicos, acaso detalles característicos o distintivos. Cintas como Los Ángeles al desnudo (EUA, 1997), de Curtis Hanson, que no podía faltar en esta revisión, le deben mucho a su vez al clásico cine de gángsters coetáneos, de los años veinte, treinta y cuarenta, que al parecer sucumbió con la Segunda Guerra Mundial, pero fue reivindicado por el cine contemporáneo con títulos como El Padrino y Cara cortada (EUA, 1983), de Brian De Palma. Escrita por Oliver Stone y protagonizada también por Al Pacino, esta última es remake de un clásico menor de 1932 con el mismo título, dirigido por Howard Hawks y más representativo del cine negro.

El rodaje de Gangster Squad comenzó en Los Ángeles el 6 de septiembre de 2011 y concluyó el 15 de diciembre del mismo año. Su estreno estaba programado para septiembre de 2012, pero debido a la masacre ocurrida el 20 de julio de ese año durante la premier de Batman 3 (The Dark Knight Rises), de Christopher Nolan, en Denver, Colorado, el estreno fue pospuesto para enero de 2013, pues la cinta de Ruben Fleischer contenía una secuencia de senda masacre al interior de un cine, que fue suprimida, lo que obligó a rodar en agosto una secuencia suplente. Originalmente, la tragedia ocurría en el Teatro Chino de Grauman, donde los hampones disparaban con ametralladoras a los espectadores a través de la pantalla. En la segunda versión tiene lugar un tiroteo en el Barrio Chino y, aunque no conocemos la secuencia original, podemos decir que la segunda es fallida, pues no transmite la sensación de un desastre; dedica unos cuantos segundos a las víctimas colaterales, que fueron suficientes para que los medios de comunicación exigieran la renuncia del jefe de la Policía, Chief Parker, así como la identidad de la “fuerza antigángster”.

Cohen fue recibido en la cárcel por sus colegas con un golpe de metal que lo mató. La mafia nunca logró afianzarse en Los Ángeles; por algo será, dice al final O’Mara en resumidas cuentas y su moralizador soliloquio sobre el deber entra en contradicción con una escena simultánea en la que Wooters y Faraday pasean al perro de Cohen, lo cual puede interpretarse como una moraleja inmoral: si bien no hay gloria para los héroes anónimos, algunos son premiados con una especie de botín, en este caso, la mujer del villano y, por si fuera poco, hasta su perro.

Si algo aporta el guión de Gangster Squad, por último, es una dosis agradecible de humor blanco y negro.

Gangster Squad
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Dos ejemplos de cine alternativo

Monster_movieAl margen de la producción cinematográfica sobre todo comercial, en la que Hollywood invierte más dinero que talento y nos satura con su estridencia publicitaria, he visto algunas propuestas interesantes que podría considerar como cine alternativo, acaso menor por su bajo presupuesto, pero artísticamente superior. Monster (2003), escrita y dirigida por Patty Jenkins, es una de ellas. The Fighter (2010), de David O. Russell, también. Estas películas, además de ser gringas, tienen en común sus excelentes actuaciones y estar basadas en hechos reales.

«La Damisela de la Muerte»

Titulada en español Asesina serial, la primera narra parte de la historia de Aileen Wuornos, una prostituta que asesinó, por lo menos, a siete hombres en 1989 y 1990, luego de ser ultrajada por el primero de ellos con inopinada brutalidad. Detenida en 1991 y condenada a muerte por el estado de Florida en 1992, la mujer fue ejecutada en 2002, al cabo de once años en la cárcel.

Charlize Theron encarna extraordinariamente al personaje. Hasta entonces, la actriz sudafricana era conocida por su primer papel protagónico en El abogado del diablo (1997), de Taylor Hackford, su participación en Mi gran amigo Joe (1998), de Ron Underwood, y su colaboración con Woody Allen en Celebrity (1998) y La maldición del escorpión de jade (2001), entre otros trabajos.

Jenkins y Theron leyeron las notas de Wuornos escritas en prisión, que en conjunto constituyen una extensa autobiografía, y recorrieron juntas los lugares en donde estuvo Wuornos durante 1989 y 1990, que fueron locaciones después y, entre los extras, se presentó a diario gente que había tenido alguna relación con Wuornos.

La actriz tuvo una transformación asombrosa, para la cual subió trece kilos y, en el rodaje, usó una capa de piel sellada sobre el rostro, dentadura falsa y pupilentes, además de maquillaje y peinado, pero más allá de la simple apariencia física, Charlize asumió fielmente la personalidad de Aileen, extrayéndola de imágenes en video y numerosas fotografías; su principal referencia fue el documental Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer (1992), de Nick Broomfield.

Por su actuación (calificada como “la mejor de la historia” por The New York Times, New York Post, Chicago Sun-Times y Variety), ganó el reconocimiento de la crítica y del público a nivel mundial, así como veinte premios y una nominación al BAFTA, entre ellos el Óscar, el Globo de Oro y el Oso de Plata, todos en la categoría de mejor actriz, con excepción de uno por el mejor beso, galardón compartido con Christina Ricci, quien dio vida a Shelby Wall, amante de Wuornos en la cinta y cuyo verdadero nombre es Tyria Moore (su nombre, edad y apariencia fueron modificados por razones legales).

Jenkins había escrito y dirigido los cortometrajes Just Drive y Velocity Rules, ambos en 2001. Entre 2003 y 2005, su ópera prima como largometraje obtuvo en total treinta premios y nominaciones. En los créditos, Theron aparece además como productora.

Christina Ricci, por su parte, debutó a los diez años de edad en Sirenas (1990), de Richard Benjamin; ha trabajado con directores como Allen y Ang Lee, y cuenta con múltiples premios; a los 19 años comenzó a escribir y dirigir películas en las que actúa…

Monster, por tanto, une a grandes talentos.

«El Irlandés»

Con tres títulos distintos en español, The Fighter trata sobre la carrera de Micky Ward, un boxeador entrenado por su medio hermano, Dicky Eklund, y manejado por su madre, Alice Ward, cuyos papeles son protagonizados por Mark Wahlberg, Christian Bale y Melissa Leo, respectivamente. Dicky fue boxeador antes que Micky y, al parecer, noqueó a Sugar Ray Leonard, pero ahora es un drogadicto…

Lo mejor de la película, sin duda, es la actuación de Christian Bale, que había tenido también una transformación impresionante en El maquinista (2004), de Brad Anderson, al perder treinta kilos y recuperarlos para encarnar a Batman un año después. En The Fighter, aunque menos, también está flaco, además de calvo, chimuelo y demacrado. La caracterización física, sin embargo, como aspecto parcial de la versatilidad histriónica, no sería suficiente sin una expresividad convincente, y la capacidad interpretativa del actor inglés en estas dos películas (a diferencia de Batman) está fuera de serie; habla más y mejor de su calidad actoral el cine alternativo que mafufadas como The Dark Knight Rises (2012), de Christopher Nolan.

Por su desempeño en The Fighter, Bale ganó un Óscar, un Globo de Oro y un Premio del Sindicato de Actores, los tres como reconocimiento al mejor actor de reparto, y fue nominado al BAFTA en la misma categoría. Como mejor actriz de reparto, Melissa Leo consiguió los mismos galardones, a los que fue nominada Amy Adams por el papel de Charlene Fleming, la novia de Ward. Sugar Ray Leonard hizo un cameo. Y The Fighter fue candidata, entre otros, a los llamados «premios de la Academia» para mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor montaje.

El peleador, como fue titulada en México, El ganador en Argentina, El vencedor en Chile y The Fighter en España, fue rodada en menos de un mes y medio, entre el 13 de julio y el 26 de agosto de 2009, pero el guión tardó años en nacer y los actores se prepararon también durante años para dar vida a sus personajes, en particular Mark Wahlberg, entusiasta promotor del proyecto, quien empezó a entrenar en 2005, involucrándose inclusive en la producción, que tuvo varios retrasos; con todo, su actuación resulta finalmente la parte débil de la película… Matt Damon y Brad Pitt fueron considerados para el papel de Eklund, encarnado por Bale sin parecido alguno, pero con mayor presencia que los otros tres.

Russell había escrito y dirigido Tres reyes (1999), en la que trabajó por primera vez con Wahlberg, así como Extrañas coincidencias (2004), entre otras. La primera es considerada por el crítico de cine Roger Ebert como “una extraña obra maestra” sobre hechos siguientes a la guerra del Golfo (1991), mezcla de acción, humor y crítica política, mientras que la segunda es “una comedia de corte surrealista y existencialista que se mofa de las modas terapéuticas contemporáneas”.

Para fortuna del público exigente, este año veremos nuevamente a Bale bajo la dirección de Russell, protagonizando a un personaje de la vida real, artífice del fraude financiero antes de colaborar con el FBI en la captura de otros delincuentes de cuello blanco.

Por último

Los premios no siempre hacen justicia, y el Óscar especialmente carece de credibilidad, pero sirvan por su acierto en estos casos como parámetro referencial. Tampoco el presupuesto habla siempre de calidad; a veces por el contrario (el síndrome de Spielberg es más bien cantidad a falta de calidad). The Dark Knight Rises, por ejemplo, costó 250 millones de dólares (!), mientras que The Fighter requirió de 25 millones, es decir, diez veces menos. Con el costo de aquella es posible hacer diez películas como ésta y más aún como Monster, cuyo presupuesto fue de ocho millones, o sea, ni siquiera la tercera parte que The Fighter. Con lo que gastaron Christopher Nolan y Emma Thomas en su dispendioso bodrio es posible costear 31 películas como la de Patty Jenkins.

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Caballero de ambiciosa mediocridad

the_dark_knight_risesAbarca demasiado y aprieta poco, fue la sensación que me causó en su momento Batman Begins o Batman inicia (2005), de Christopher Nolan. Aun así, me pareció un buen trabajo en términos generales, a diferencia de la reciente entrega, The Dark Knight Rises (2012) o Batman: El Caballero de la Noche asciende, bodrio taquillero, exaltado hasta el colmo por la histeria publicitaria y la irreflexión unánime, fallido desde el título que nomás agrega una palabra al anterior.

Lo más característico del mismo director es que sus proyectos son ambiciosos dentro de los límites de una mediocridad en la que abundan recursos humanos y materiales; de ahí que el resultado sea más bien pretencioso; la acción rebasa el tiempo tolerable y cae en el tedio; para mantener la tensión, la música es repetitiva y, en consecuencia, el ritmo es monótono; hay demasiados flashbacks, también tediosos, entre secuencias de acción, y entonces todo parece interminable, como sucede irónicamente concentrado en la segunda mitad de la tercera entrega, después de los momentos de solemnidad, sensiblería y melodrama.

En películas menores por su bajo presupuesto, pero artísticamente superiores, Christian Bale ha sido capaz de asumir papeles tan sorprendentes por su transformación como el de maquinista insomne o el de boxeador en desgracia, pero la representación de Batman esta vez deja mucho qué desear; para empezar, tiene siempre abierta la boca, las piernas flacas y, como peleador, es muy lento.

Marion Cotillard sería la mejor actriz del mundo actual si no fuera por su participación en superproducciones de Hollywood como la que nos ocupa, en donde resulta decepcionante, sobre todo al final, cuando supuestamente muere con una pésima actuación (el director tenía prisa por acabar la película, quizá).

Anne Hathaway carece de la sensualidad que demanda su personaje. ¿Habrase visto una Gatúbela más fresa?

Aunque Nolan ha dirigido a Cotillard en dos ocasiones, parece que tuviera especial gusto por las mujeres fresas, como Katie Holmes, que hace de heroína en Batman inicia.

La otra cinta de Nolan en donde interviene Cotillard es Inception (2010), titulada en español El origen, y más interesante que la saga de Batman en curso, al menos, por el surrealismo onírico… Allí aparece también Joseph Gordon-Levitt, actor fetiche del mismo director en adelante.

Las tres películas de Batman personificado por Bale no son una trilogía, como dicen algunos, pues tampoco es en vano que al final haya surgido Robin…

Bane (Tom Hardy), el villano de la mascarilla, es más bien vulgar.

La batalla final en las calles no es convincente porque mueren muy pocos policías cuando les disparan con ametralladoras… En Batman inicia, todos los policías son corruptos, con excepción de James Gordon (Gary Oldman), y aquí son buenos muchachos; el más noble avienta la pistola al comprobar que mata…

En fin. Demasiado talento actoral para una película que apuesta a la espectacularidad de los efectos visuales.

Desde un punto de vista estético, aunque menos ambicioso, prefiero el trabajo de Tim Burton, que tiende al olvido.