Cien películas: Mis favoritas

(Relación flexible que puede variar en cualquier momento)

1. Julia, de Fred Zinnemann
2. El inquilino, de Roman Polanski
3. Satiricón, de Federico Fellini
4. Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet
5. Las tortugas pueden volar, de Bahman Ghobadi
6. La balada de Narayama, de Shohei Imamura
7. Adiós a mi concubina, de Chen Kaige
8. El tigre y el dragón, de Ang Lee
9. El Padrino, de Francis Ford Coppola
10. El Padrino II, de Francis Ford Coppola

11. Apocalipsis ahora, de Francis Ford Coppola
12. Ben Hur, de William Wyler
13. They Shoot Horses, Don’t They? (Baile de ilusiones), de Sydney Pollack
14. Última salida, Brooklyn, de Uli Edel
15. Chicago, de Rob Marshall
16. El silencio de los corderos, de Jonathan Demme
17. Mulholland Drive, de David Lynch
18. El maquinista, de Brad Anderson
19. Blade Runner, de Ridley Scott
20. Mi vida como un perro, de Lasse Hallström

21. Juegos prohibidos, de René Clément
22. El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner
23. La vida de Brian, de Terry Jones (Monty Python)
24. Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis
25. La mujer que canta (Incendios), de Denis Villeneuve
26. Oliver, de Carol Reed
27. Léolo, de Jean-Claude Lauzon
28. La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou
29. Spider, de David Cronenberg
30. La isla siniestra, de Martin Scorsese

31. Vampyr (La bruja vampiro), de Carl Theodor Dreyer
32. Nosferatu, una sinfonía del horror, de Friedrich Wilhelm Murnau
33. Freaks, de Tod Browning
34. La quimera del oro, de Charles Chaplin
35. Tiempos modernos, de Charles Chaplin
36. El acorazado Potemkin, de Serguéi M. Eisenstein
37. El jorobado de Nuestra Señora, de William Dieterle
38. Aventurera, de Alberto Gout
39. Los olvidados, de Luis Buñuel
40. Viridiana, de Luis Buñuel

41. Pink Floyd – The Wall, de Alan Parker
42. Fama, de Alan Parker
43. All That Jazz, de Bob Fosse
44. Cabaret, de Bob Fosse
45. Jesucristo superestrella, de Norman Jewison
46. La vida en rosa, de Olivier Dahan
47. Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles
48. Birdman, de Alejandro González Iñárritu
49. 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu
50. La sangre de Romeo, de Peter Medak

51. Repulsión, de Roman Polanski
52. Sunset Boulevard, de Billy Wilder
53. Nido de ratas / La ley del silencio, de Elia Kazan
54. Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan
55. Rumble Fish (La ley de la calle), de Francis Ford Coppola
56. Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), de George Roy Hill
57. El golpe, de George Roy Hill
58. Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese
59. El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff
60. El jardín secreto, de Agnieszka Holland

61. Zelig, de Woody Allen
62. Bananas, de Woody Allen
63. Manhattan, de Woody Allen
64. La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen
65. Toma el dinero y corre, de Woody Allen
66. Alice, de Woody Allen
67. Desde el jardín, de Hal Ashby
68. Tideland, de Terry Gilliam
69. Brazil, de Terry Gilliam
70. Delicatessen, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro

71. O Apóstolo, de Fernando Cortizo
72. Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
73. Shakespeare enamorado, de John Madden
74. La danza de los vampiros, de Roman Polanski
75. Amélie, de Jean-Pierre Jeunet
76. Y la nave va, de Federico Fellini
77. Marnie, de Alfred Hitchcock
78. Stoker, de Chan-Wook Park
79. Mezcal, de Ignacio Ortiz
80. Ella, de Spike Jonze

81. La guerra del fuego, de Jean-Jacques Annaud
82. Niña bonita, de Louis Malle
83. Bestias del sur salvaje, de Benh Zeitlin
84. Los niños del fin del mundo, de Marzieh Makhmalbaf
85. Los muchachos no lloran, de Kimberly Peirce
86. Taxi Driver, de Martin Scorsese
87. Toro salvaje, de Martin Scorsese
88. Naranja mecánica, de Stanley Kubrick
89. El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro
90. El laberinto de fauno, de Guillermo del Toro

91. Amén., de Costa-Gavras
92. Sophie Scholl – Los últimos días, de Marc Rothemund
93. El pianista, de Roman Polanski
94. La caída, de Oliver Hirschbiegel
95. El portero de noche, de Liliana Cavani
96. Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky
97. Desaparecido, de Costa-Gavras
98. La bruja de la guerra (Rebelde), de Kim Nguyen
99. Nosferatu, fantasma de la noche, de Werner Herzog
100. El cuervo, de Alex Proyas

Anuncios

Sombreros, gabardinas y ametralladoras

Gangster Squad y el cine de gángsters al que se debe

Gangster_Squad_Movie_Poster

De la investigación periodística a la novela negra y de allí al cine de acción sin contenido: Gangster Squad, de Paul Lieberman, es un best-seller literario sobre la guerra que tuvo lugar en la ciudad de Los Ángeles a finales de los años cuarenta entre la mafia local y una pequeña banda parapolicial. El libro se basa en la exhaustiva investigación que realizó el mismo autor durante casi una década y publicó en su momento Los Ángeles Times como una serie de artículos. La historia narrada por el reconocido periodista inspiró a su vez la película homónima bajo la dirección de Ruben Fleischer con un guión de Will Beall, que no es propiamente una adaptación cinematográfica, pues toma nada más lo indispensable de la fuente original para una aproximación al mejor cine de gángsters y, en segundo término, al cine negro, con la reproducción de todos sus estereotipos y clichés. El argumento, en consecuencia, es insustancial, pero sirve de contexto, por no decir pretexto, para una perfecta ambientación de la época y espectaculares secuencias de acción con un ritmo disfrutable.

En 1949, Los Ángeles es gobernada por la mafia de «Mickey» Cohen (Sean Penn), un ex boxeador judío nacido en Brooklyn y cuyo imperio abarca el expansivo negocio de las apuestas, la trata de blancas y el tráfico de estupefacientes, todo con la complicidad de la policía en general, así como de jueces y políticos corruptos, a quienes mantiene bajo control mediante sobornos y terror, hasta que John O’Mara (Josh Brolin) —un fiero veterano de guerra que, ahora sargento de la policía, libra una solitaria lucha contra el reinado criminal del gran capo— llama la atención de su jefe, Chief Parker (Nick Nolte), quien lo invita a formar su propio equipo de agentes incorruptos para desmantelar los negocios sucios de Cohen con una “guerra de guerrillas”. Aconsejado por su esposa encinta (Mireille Enos), llamada Connie, O’Mara recluta entonces al oficial Coleman Harris (Anthony Mackie), un negro uniformado que sabe usar la navaja, al detective Max Kennard (Robert Patrick), un vaquero viejo que donde pone el ojo pone la bala, y al experto en telecomunicaciones Conway Keeler (Giovanni Ribisi), a quienes se les unen Navidad Ramírez (Michael Peña), un latino que trabaja con Kennard, y el también sargento Jerry Wooters (Ryan Gosling), un cínico Casanova que al principio se muestra indiferente al imperio de la maldad, pero el asesinato de un niño amigo suyo durante un tiroteo en la calle lo hace cambiar de posición. Por economía, el círculo de Cohen es presentado, si acaso, desde lejos como un vulgar montón de matones. Entre ambos bandos está la vampiresa pelirroja Grace Faraday (Emma Stone), que lo mismo se acuesta con el capo mayor que con Wooters, y Jack Whalen (Sullivan Stapleton), delincuente amigo de Wooters.

Antipático de por sí, con prótesis faciales que lo hacen parecer efectivamente un ex boxeador, Sean Penn sobreactúa tanto que su personaje resulta una caricatura grotesca. Ryan Gosling emite voz de transición adolescente y, por su afectación, también resulta caricaturesco, a diferencia de Josh Brolin en el papel protagónico, inspirado quizás en Eliot Ness, salvo algunas torpezas, y Robert Patrick, el Terminator antagónico en el juicio final de 1991, ahora con gran bigote al estilo tejano; la áspera personalidad del vaquero cumple con lo que se requería, pero en un papel menor, tristemente secundario, como el de Nick Nolte. El talento actoral del gran elenco, en lo que podríamos llamar el síndrome de Batman, está desperdiciado; la química de un año antes entre Gosling y Emma Stone (Loco y estúpido amor, de Glenn Ficarra y Jhon Requa), por ejemplo, parece incidental aquí, en donde la presencia femenina es casi ornamental.

gangster-squad-josh-brolinLa superficialidad de un guión que no profundiza en la sicología de nadie por apostar la suma de todos los recursos a la espectacularidad, explica el hecho de que si esta película tiene algún mérito sea su aspecto visual, desde la brillante ambientación de Los Ángeles a finales de los cuarenta con una escenografía laboriosa y seductoramente iluminada, y un impecable vestuario de la época, entre otras cosas (los coches, por supuesto, reunidos en el diseño de producción), hasta los efectos especiales en las secuencias de acción, algunas de las cuales son alardes de virtuosismo técnico; lo es principalmente la persecución y el tiroteo desde coches en movimiento, con una toma en particular que recorre todos los ángulos y culmina con un vertiginoso acercamiento al disparo de Wooters por la ventana lateral; aquí la dirección de cámaras, apoyada en la intervención digital, es magistral. Las escenas del enfrentamiento final en cámara lenta coinciden con una secuencia de Mátalos suavemente (EUA, 2012), de Andrew Dominik, obviamente sin plagio por alguna de las dos películas, ya que fueron rodadas el mismo año; en una son esferas de navidad y en otra vidrios de coche l@s que se hacen trizas con los disparos; los cartuchos saltan vacíos desde las recámaras de las armas y parecen suspendidos en el aire por un instante, como el plomo de las balas que lo atraviesan. En términos técnicos y estéticos, la coincidencia es asombrosa.

A cargo de Steve Jablonsky (experimentado musicalizador de frivolidades), la banda sonora forma parte de la ambientación y, junto con el montaje y la edición, contribuye a lograr un ritmo también aceptable.

Brigada de élite, como fue titulada en España, y Fuerza antigángster en Hispanoamérica, tiene grandes similitudes con dos películas que, por lo demás, son muy superiores: Gángster americano (EUA, 2007), de Ridley Scott, y Los Intocables (EUA, 1987), de Brian De Palma. Tanto Gangster Squad como American Gangster están basadas en hechos reales y ampliamente documentados por investigaciones periodísticas, y ambas comienzan con ejemplos brutales de la crueldad que son capaces de alcanzar sus respectivos villanos. En ambos casos, el héroe es un policía incorruptible a quien su jefe da luz verde para reunir a un grupo especial, con la diferencia de que, formada en las sombras, la llamada “fuerza antigángster” de Los Ángeles operó en secreto y al margen de la ley, mientras que la brigada antinarcóticos de Nueva Jersey fue pública e institucional. El contexto en ambos casos es una policía corrompida en general por su contacto con la mafia. Josh Brolin actúa en las dos películas, primero como el agente policial más corrupto y criminal de Nueva York y después como el héroe incorruptible de Los Ángeles; sus dos papeles son convincentes. En ambos casos, los capos terminan en la cárcel, aunque Gángster americano tiene un final sorprendente y decepcionante por su ambigüedad. Brigada de élite o Fuerza antigángster, en cambio, reproduce fielmente el esquema del bien que triunfa sobre el mal, como suele ocurrir desde que la figura del gángster dejó de ser glorificada por el género clásico antes de la Segunda Guerra Mundial (aunque la trilogía de El Padrino, de Francis Ford Coppola, devuelve al gángster su antiguo pedestal). La principal diferencia entre American Gangster y Gangster Squad es la época, pues los hechos ocurren desde finales de los años sesenta hasta principios de los noventa en el primer caso, mientras en el segundo suceden a finales de los cuarenta. Otra gran diferencia es el guión, ambicioso y complejo en un caso, anodino y simple en el que nos ocupa.

Las similitudes con Los intocables son demasiadas como para abarcarlas todas: el reclutamiento del equipo sucede en muchas películas y coincide aquí, por ejemplo, en levantar de la calle a un policía de a pie, así como en conseguir a un personaje menos cuerpo que cerebro (contador o experto en telecomunicaciones), que ha de ser asesinado; la primera misión contra la mafia es un fracaso; en un arranque de ira, con impulso suicida, el héroe busca un enfrentamiento directo y personal con el villano en su guarida; el tiroteo final culmina en unas escaleras idénticas; los grupos son físicamente parecidos, en parte, por su cercanía cronológica: debido a la importancia del sombrero en las dos épocas, se repiten algunas actitudes corporales; el armamento es casi el mismo: pistolas, escopetas, ametralladoras…

Gangster-Squad-Still1En Fuerza antigángster o Brigada de élite vemos también influencia del western o cine del viejo Oeste: Max Kennard, por ejemplo, lleva un gran revólver enfundado en la cadera, y la funda amarrada a la pierna; para asaltar el casino de Cohen, los agentes se embozan con pañuelos y, al huir, dejan salir a los caballos del corral; Coleman Harris, el policía negro, maneja la navaja con la misma destreza que la pistola, igual que Britt (James Coburn), el lanzador de cuchillos, de Los Siete Magníficos…

Al fracasar el primer ataque a los negocios de Cohen, O’Mara y Harris son detenidos y, cuando Wooters los rescata, ocurre una pelea en la oscuridad, y cinco disparos como flashazos iluminan la escena y la congelan durante un segundo: ingenioso y sutil guiño al cómic o la historieta clásica, en el que afortunadamente no aparecen letreros de ¡Bang! o algo por el estilo. En el mismo sentido, Grace Faraday es una caricatura de mujer fatal, como Jessica Rabbit, la voluptuosa vampiresa, esposa del conejo Roger Rabbit.

La secuencia inicial termina con una mirada sombría del boxeador a la cámara y, más adelante, O’Mara camina mirando también a la cámara que se desplaza hacia atrás al mismo tiempo, y esta segunda mirada, por la música y la lentitud de la escena, es un guiño muy obvio con Quentin Tarantino y sus audacias…

Abundan guiños en este recorrido por lugares comunes, como para un ejercicio de cinefilia sobre películas de gángsters, entre muchas otras: ahí una frase de El Padrino, allá de Goodfellas (Uno de los nuestros o Buenos muchachos, 1990), de Martin Scorsese, que también está inspirada en hechos reales, por cierto, y el vaquero acá me recuerda evidentemente a Charles Winstead (Stephen Lang), otro policía viejo y de rudo aspecto, jefe de los Rangers de Texas que se unieron a la cacería de John Dillinger y su banda en Enemigos públicos (EUA, 2009), de Michael Mann, película basada en hechos reales, por cierto.

Al final, el sargento O’Mara arroja su placa al mar, tal como el sargento Harry Callahan (Clint Eastwood) en Harry el sucio (EUA, 1971), de Don Siegel, con la diferencia de que allí no es el mar, sino un río, y Callahan está solo y enojado, mientras que, acompañado por su esposa y el hijo de ambos, O’Mara está contento.

GANGSTER SQUADExcepto Mátalos suavemente, que ya comentaremos, y Harry el sucio, todas las películas mencionadas son incomparablemente superiores a Gangster Squad, que se reduce a lo mínimo en cuanto a contenido y retoma de ellas sólo aspectos o momentos específicos, acaso detalles característicos o distintivos. Cintas como Los Ángeles al desnudo (EUA, 1997), de Curtis Hanson, que no podía faltar en esta revisión, le deben mucho a su vez al clásico cine de gángsters coetáneos, de los años veinte, treinta y cuarenta, que al parecer sucumbió con la Segunda Guerra Mundial, pero fue reivindicado por el cine contemporáneo con títulos como El Padrino y Cara cortada (EUA, 1983), de Brian De Palma. Escrita por Oliver Stone y protagonizada también por Al Pacino, esta última es remake de un clásico menor de 1932 con el mismo título, dirigido por Howard Hawks y más representativo del cine negro.

El rodaje de Gangster Squad comenzó en Los Ángeles el 6 de septiembre de 2011 y concluyó el 15 de diciembre del mismo año. Su estreno estaba programado para septiembre de 2012, pero debido a la masacre ocurrida el 20 de julio de ese año durante la premier de Batman 3 (The Dark Knight Rises), de Christopher Nolan, en Denver, Colorado, el estreno fue pospuesto para enero de 2013, pues la cinta de Ruben Fleischer contenía una secuencia de senda masacre al interior de un cine, que fue suprimida, lo que obligó a rodar en agosto una secuencia suplente. Originalmente, la tragedia ocurría en el Teatro Chino de Grauman, donde los hampones disparaban con ametralladoras a los espectadores a través de la pantalla. En la segunda versión tiene lugar un tiroteo en el Barrio Chino y, aunque no conocemos la secuencia original, podemos decir que la segunda es fallida, pues no transmite la sensación de un desastre; dedica unos cuantos segundos a las víctimas colaterales, que fueron suficientes para que los medios de comunicación exigieran la renuncia del jefe de la Policía, Chief Parker, así como la identidad de la “fuerza antigángster”.

Cohen fue recibido en la cárcel por sus colegas con un golpe de metal que lo mató. La mafia nunca logró afianzarse en Los Ángeles; por algo será, dice al final O’Mara en resumidas cuentas y su moralizador soliloquio sobre el deber entra en contradicción con una escena simultánea en la que Wooters y Faraday pasean al perro de Cohen, lo cual puede interpretarse como una moraleja inmoral: si bien no hay gloria para los héroes anónimos, algunos son premiados con una especie de botín, en este caso, la mujer del villano y, por si fuera poco, hasta su perro.

Si algo aporta el guión de Gangster Squad, por último, es una dosis agradecible de humor blanco y negro.

Gangster Squad

Chicago, de Fosse / Marshall

zeta-jones“Esto es Chicago”, le recuerda el abogado a su defendida, sobre quien pende la pena de muerte como amenaza por haber asesinado al amante con tres disparos en el pecho. Son los años veinte, previos a la Gran Depresión, y Chicago es el principal bastión de La Mafia, La Familia, La Cosa Nostra, propiciada por la prohibición legal del alcohol. “Dios salve a Illinios”, agrega Billy Flynn al repetir la frase, una vez ganado el juicio que salvó de la horca, la silla eléctrica o una inyección letal a Roxie Hart, aspirante a cantante y bailarina, con más gracia que belleza y “un talento minúsculo con piernas flacas”. También Richard Gere, quien interpreta perfectamente al cínico abogangster, que nunca pierde un juicio, tiene las piernas flacas, pero las mueve con práctica en su número de tap que acompaña otro arte: el de la manipulación habilidosa en la defensa legal de mujeres criminales que puedan pagar cinco mil dólares; si no pueden pagar al menos dos mil, terminan ejecutadas por el estado, así sean en cambio inocentes. Los asesinatos a mansalva están a la orden del día en la Ciudad del Viento, pero con astucia publicitaria, una mujer asesina puede parecer y aparecer ante la opinión pública en el pedestal de heroína, próximamente mártir.

Aunque Richard Gere y Catherine Zeta-Jones son más bien mediocres como actores, aquí resultan bastante convincentes y hasta sorprendentes en la medida que bailan y cantan casi como profesionales; menos famosos, pero no menos laureados, Renée Zellweger y John C. Reilly forman una pareja inusitadamente genial. Zeta-Jones encarna con excesivo maquillaje y gesticulación sensual a la consumada estrella de vodevil, también candidata al cadalso en el pabellón de la muerte, Velma Kelly, quien asesinó a su marido infraganti en un acto de adulterio con la hermana, compañera en el escenario, también asesinada; Zellweger es Roxie, cuyo esposo, personificado por Reilly, es un pobre diablo; “Señor Celofán”, se califica él mismo en su melancólico y hermoso acto de presentación a mitad de la obra. Por su parte, Queen Latifah en el papel de la celadora “Mama” Morton (cuyo nombre hace referencia indirecta a Big Mama Thornton) es igualmente plausible.

Chicago (2002), de Rob Marshall, hereda una tradición, pues Bob Fosse dirige Cabaret en 1972, basada en la novela Adiós a Berlín, de Christopher Isherwood, en equipo con John Kander y Fred Ebb, quienes componen las canciones del musical; en 1975, los mismos realizadores llevan al escenario de Broadway la obra Chicago, de Maurine Dallas Watkins, y en 1979, Fosse dirige All That Jazz, cuyo título en español es El espectáculo debe continuar, otro clásico hoy; durante los ensayos de la obra de teatro, sufre un infarto que es narrado en All That Jazz, de tinte autobiográfico, y muere como su protagonista sin ver realizado el proyecto de adaptación cinematográfica, dirigido finalmente por Marshall y estrenado hace una década. Chicago comienza con una canción titulada All That Jazz, como continuación de aquella cinta y el también musical Cotton Club (1984), de Francis Ford Coppola, estelarizado por Richard Gere, quien todavía no baila ni mucho menos canta, pero hace una representación premonitoria.

Chicago es un musical entre la comedia, el drama y el cine negro, y hace múltiples guiños, uno de los cuales es el tango de las alegres asesinas, que reproduce al final el rock de la cárcel en la versión escénica de Elvis Presley. La presentación musical de Roxie con una graciosa parodia de Marilyn Monroe, después de su entrada fallida por cantar con voz nasal, guiña de nuevo con Presley y su video de El hombre de la guitarra; el nombre de Roxie en neón rojo con fondo negro es menor porque, a diferencia del Elvis monumental, el de ella se eleva hasta perderse en las alturas. De las alegres asesinas, entre quienes está de más Velma Kelly (Zeta-Jones), por tratarse de un personaje protagónico, destaca por su parte la belleza melancólica y la hermosa melancolía de la bailarina húngara, que no es asesina -la única inocente es también la única en morir ahorcada- ni está alegre.

Abundan los apuntes curiosos de una obra próxima a la perfección, que no alcanza, en parte, por la imperfección corporal de las tres estrellas. Por lo demás, es simplemente una obra maestra.

chicago roxie

Personalidad masculina

017¿Cuál es la diferencia entre un clásico y un lugar común?

Personalidad masculina, como verán, es una secuencia fotográfica de talento específicamente actoral, aunque algunos iconos también son directores: Clint Eastwood, Roman Polanski, Woody Allen, Robert de Niro, Tommy Lee Jones, Gary Oldman…

Además de la edad, la nacionalidad y la decadencia, Eastwood y Allen tienen en común que son músicos, entre otras cosas. La nefasta ideología del primero, a quien llaman «el último clásico», no obsta para reconocer su grandeza como cineasta; como actor no varía mucho, prácticamente nada, pues entre un pistolero del viejo oeste y un policía rudo, la gama intermedia es más de lo mismo, salvo acaso por el locutor acosado en la primera película que dirigió, o el embustero que encarna en El engaño, dirigido por Don Siegel, lo más próximo al villano, y uno que otro papel en sus propios dramas románticos (Los puentes de Madison y Million dollar baby, romántica en un sentido muy otro). Por lo demás, el señor cine y hombre orquesta es bastante completo: director, guionista, productor y compositor de la denominada banda sonora.

Desde su alianza con Steven Spielberg, Eastwood se hizo insoportablemente lacrimoso y falsamente humanista; a Spielberg le sirvió lo sensiblero para ganar el Óscar en siete categorías y otros premios con La lista de Schindler, pero a Eastwood no, y de ahí que reviviera el policía rudo, ahora octogenario.

Sean Connery, en cambio, pasó de ser modelo a un actor de inigualable carrera (productor de bodrios infames) que tampoco se quedó en el papel de James Bond; al contrario, lo superó con una evolución por la que llegué a considerarlo el hombre más carismático del mundo.

Anthony Hopkins es todavía más versátil y también mejora con los años, a pesar de su aire aristocrático.

¿Y qué decir de Al Pacino y Robert de Niro? ¿Es necesario decir algo?

La más emblemática y trascendente actuación de Marlon Brando es El Padrino, de Francis Ford Coppola, pero la mejor película del mismo director es Apocalipsis ahora, en donde también interviene quien ha sido calificado como «el mejor actor del mundo»; no coincido con esa calificación y, en algún momento, creí que era más bien Charlton Heston el mejor actor, independientemente de lo nefasto que fue en la vida real. Ben Hur, de William Wyler, y El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner, son películas muy importantes para mí, en lo personal. El planeta de los simios y Operación Dragón, de Robert Clouse, están entre las que he visto más veces, tantas como Julia, de Fred Zinnemann, aproximadamente.

Así como The Beatles son indispensables para quienes estudian inglés, Bruce Lee es imprescindible para quienes aprenden artes marciales, sobre todo autodidactas, así sea karate (hay que ser ignorante y tonto para llamar karate al kung fu); también la carrera actoral del atleta empezó en la infancia… Al respecto abunda material de lectura y para escritura, pero hay que ver todas sus películas, incluyendo las peores.

Charles Bronson es otro que tampoco varió gran cosa en cuanto al papel de tipo rudo, pero es muy convincente, carismático a su modo, y el estilo parece ser el mismo de Tommy Lee Jones, cuya salvedad es una amplia gama de personajes, incluido el empresario homosexual de JFK… Tommy Lee Jones, además, dirigió Los tres entierros de Melquíades Estrada, una película exitosa en cuanto a premios, pero mala para mi gusto.

Como he dicho antes, Morgan Freeman es un actor estupendo, pero subvaluado por el simple hecho de ser negro.

Si Polanski, por su parte, no ha sido valorado como actor se debe a su importancia como director, más que al desequilibrio entre calidad y cantidad, a diferencia de Allen, que pretende ser émulo de Chaplin, actor de un solo personaje.

Lo mejor de Peter Sellers es El jardinero, dirigido por Hal Ashby…

De Richard Burton, más que su carrera en general, me impacta especialmente su papel en El toque de Medusa, de Jack Gold.

Gary Oldman es Drácula para el público de masas, pero yo lo reivindico por La sangre de Romeo, de Peter Medak… Christian Bale es Batman para el mismo público, pero lo importante, para mí, es El maquinista, de Brad Anderson… Viggo Mortensen es Aragorn (El señor de los anillos) para la masa, pero yo empecé a conocer una personalidad interesante a partir de su actuación dirigida por David Cronemberg, primero en Una historia de violencia y luego en Promesas del Este

Los actores ganan mucho dinero y mucha fama con las producciones magma, pero el prestigio se logra con cine de bajo presupuesto; más adelante hay que hablar de eso, y hacer una galería de actores que han trascendido con una sola cinta: los tres Nosferatu, por ejemplo; Spider, del mismo Cronemberg; los casos fascinantes de niñ@s…

Esta revisión es preliminar y, en la primera oportunidad, cubriré mis faltas, pues quizá cometo algunas omisiones imperdonables.

Por lo pronto, de Paul Newman y Robert Retford diré que no tolero las actitudes de hombres guapos (de hombres bonitos, menos), pero cuando actúan y proyectan un talento independiente del aspecto físico, se trata entonces de un doble privilegio.

redford_newman

París a media luz

Posdata obsesiva

En la imagen (fotograma laboriosamente mejorado hasta convertirlo en obra de arte) vemos a Marion Cotillard con un look ad hok y en actitud glamorosa; ojea un periódico de la época, o sea, con más de ochenta años: envejecido y oscurecido. Ella lo toma en las manos delicadamente por la fragilidad del papel, que está por deshacerse. Y yo me pregunto por qué, así como los escenógrafos tuvieron un meticuloso cuidado en los detalles para crear esa atmósfera y ambientar la época, no reprodujeron el periódico en papel nuevo. ¿Qué les costaba hacer una réplica exacta? ¿Los periódicos de los años veinte se imprimían en papel antiguo, amarillento, que se deshacía en las manos?

En esa misma secuencia, la cautivadora dama, que minutos antes había escuchado la primera oración de un manuscrito, exclama: “¡Amo tu libro!” Y yo me pregunto por qué la gran actriz no protestó: “¿Cómo voy a amar un libro que no he leído?” ¡Qué pendejada!

El estúpido escritor se encuentra con Luis Buñuel en un centro nocturno (sólo Picasso y su mecenas trabajan, mientras los demás viven de noche, divirtiéndose) y le transmite una idea de película: el encierro inexplicable y sus consecuencias involutivas en El ángel exterminador. Buñuel pone cara de idiota y dice por lo menos dos veces: “No entiendo”. Es de suponer que Allen tiene aversión por el genio del cine surrealista, por no llamarlo padre del género, y de ahí su caracterización como personaje lento y gris (para ser sutil y no hacer una caricatura), cuando el único retrasado mental de la película es su protagonista principal, un idiota con suerte. Además, eso de que alguien del futuro aporte una idea que no es suya, pero todavía no la concibe nadie, tampoco es original. Ocurre en Peggy Sue se casó, o mucho mejor, su pasado la espera (1986), de Francis Ford Coppola, con un ocurrente sentido del humor que sorprendentemente no tiene Allen en este caso.

Por último, un final feliz tan simple como el de Medianoche en París confirma la sensación de que toda la película es una vacilada. Pero nunca falta el público impresionable por la reflexión sobre la inconformidad humana con la época en que nos tocó vivir, especialmente a los grandes creadores y la gente extraordinaria, y la disertación de Hemingway sobre la autenticidad literaria, la relación entre la muerte y el amor, y las referencias “cultas”, las bromas para que rían y se identifiquen los “intelectuales” ignorantes de que esas bromas cometen o son errores científicos, algunos imperdonables…

Woody Allen sería un buen guionista si contara con asesores o supervisores de contenido, y sus películas tuvieran otro director.