Romeo is Bleeding

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La sangre de Romeo, como fue titulado en México, o Doble juego, en los demás países hispanohablantes, es un thriller negro que recurre principalmente a dos elementos del clásico noir: la narración en off y un fondo musical de jazz lánguido y, a ratos, esquizofrénico.

El título original en inglés proviene de la canción homónima de Tom Waits.

Al año siguiente de interpretar a Drácula en la versión de Francis Ford Coppola (1992), Gary Oldman se consagra como actor en el papel de Jack Grimaldi, un sargento corrupto de la policía de Nueva York que gana 56 mil dólares anuales, pero recibe 65 mil adicionales cada vez que informa la ubicación de algún testigo protegido a la mafia, y esconde el dinero sucio en un hoyo del patio trasero de su casa. De ahí que, al caer en desgracia, se defina como “un fantasma enamorado de un hoyo”, con el patetismo propio de los personajes que Fritz Lang aportó al cine negro, y con el nombre falso de Jim Daugherty como cantinero detrás de la desolada barra del Holiday Diner sobre la carretera desértica de Phoenix, Arizona, además de narrar la historia, es la voz que aconseja a Grimaldi.

Casado con una mujer de aspecto latino (Annabella Sciorra), mantiene un amasiato con una escuálida mesera de veinte años (Juliette Lewis), cuando recibe la encomienda fatídica de entregar a la mujer que asesina tanto a los testigos protegidos como a sus custodios, Mona Demarkov (Lena Olin), dama fatal y letal de la mafia rusa, hasta entonces aliada con Don Falcone (Roy Scheider), un capo chapado a la antigua que fuera su amante y ahora es su enemigo a muerte. Ella humillará una vez tras otra y una más a Grimaldi, haciéndole ver en los hechos que es superior a él, física y mentalmente, que la sociópata y psicópata mueve los hilos del policía títere.

romeo'sDemarkov es un personaje de antología, es Lena Olin a los 38 años con un cuerpo inquietante. Mujer que mata sin piedad, sin miramientos, sin escrúpulos y, además de su destreza con la pistola y el hilo de metal, usa las piernas para triturar cuellos y demás, momentos en que se excita y ríe a carcajadas. De tal acierto es el perfil de su personalidad en una película infravalorada y relativamente desconocida que la saga de James Bond la refriteó (valga la expresión, por no hablar de vil plagio) en GoldenEye, con el agregado de que también se excita y ríe cuando acribilla gente a balazos con una ametralladora; Xenia Onatopp (Famke Janssen), además de triturar a los hombres con las piernas, muerde sus labios, pero no es del todo convincente porque actúa mediocremente y está flaca, a diferencia de Olin, que es puro músculo. Por lo demás, GoldenEye no es comparable con Romeo is Bleeding, sino más bien una pendejada.

La sueca Lena Olin comenzó su carrera como actriz en el teatro y el cine bajo la dirección de Ingmar Bergman, con papeles menores que, ni siquiera en las obras más trascendentes, como Fanny y Alexander (1982), tienen el impacto sicológico y hormonal de Mona Demarkov, un “personaje extremo”, como se le considera.

Por su parte, el director húngaro Peter Medak, que ha hecho más cine para la televisión que para la gran pantalla, lo mismo dirigió en su momento la que ahora es un clásico del horror, Al final de la escalera (1980), que El Jorobado (1997), quizá la peor adaptación de la novela de Víctor Hugo.

El estreno de Romeo is Bleeding en 1993 coincidió con el de Forrest Gump, Pulp Fiction, The Shawshank Redemption y El Rey León, que acapararon los premios, el éxito de taquilla, los elogios de la crítica y la atención en general, al menos en Hollywood, opacando y relegando casi al olvido esta cinta que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una obra de culto, representativa del mejor cine independiente de los noventa, como Fargo (1996), de los Coen, producida también por Polygram.romeos

«Mona se queda»

Lo mejor, sin duda: el papel de Lena Olin; la música de Mark Isham y Gary Alper; la fotografía de Dariusz Wolski, buena en general, con instantes excelentes, por no decir geniales.

Lo peor, que Grimaldi chilla demasiado, inclusive cuando Demarkov le cuenta su historia de amor; allí está bien que llore ella, pero es un exceso absurdo, una sensiblería, que lo haga también él. Cuando Mona cae del carro en el muelle pasa demasiado tiempo, sobre todo tratándose de alguien que desarma policías con singular destreza. Roy Scheider es un buen actor, pero aquí no gesticula con tal de no arruinar la máscara de maquillaje que tanto costó para ocultar sus arrugas y darle un falso bronceado, algo que resulta ligeramente grotesco.

El guión de Hilary Henkin concibe frases filosóficas en la voz de un antihéroe y perdedor por antonomasia, mientras que, por economía, recurre a una forma de narración fragmentaria que obvia, entre otros momento importantes, cuando Mona se amputa un brazo (a menos que las omisiones sean atribuibles a la edición de Walter Murch, o al director, y estén entre las “escenas eliminadas”).

El epílogo melancólico es demasiado largo, para mi gusto, pero pasa… (por cierto, la confusión del deseo con la realidad en esta secuencia probablemente inspiró a David Lynch en uno de los momentos más desconcertantes de Mulholland Drive).

Escenas y secuencias memorables: La pelea dentro del carro en movimiento, cuando Mona estrangula con las piernas a Jack y escapa, es la de mayor intensidad y tensión, en parte, por su combinación de violencia y cachondería, sangre en abundancia y carne apetecible. El baile de Jack luego de esconder su dinero. El arribo del carro al muelle, instante genial de la fotografía con la ciudad al fondo. La traición final, también cachondérrima y, en fin, otros pasajes que, por sorprendentes, no hay que desvelar.

Una curiosa coincidencia: El monólogo empieza igual que Gotham (1988), de Lloyd Fonvielle, pues el cantinero pregunta: “¿Alguna vez ha visto usted un fantasma?” La diferencia es que Gotham trata sobre un fantasma, y Romeo is Bleeding recurre a la figura en términos metafóricos.

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Caballero de ambiciosa mediocridad

the_dark_knight_risesAbarca demasiado y aprieta poco, fue la sensación que me causó en su momento Batman Begins o Batman inicia (2005), de Christopher Nolan. Aun así, me pareció un buen trabajo en términos generales, a diferencia de la reciente entrega, The Dark Knight Rises (2012) o Batman: El Caballero de la Noche asciende, bodrio taquillero, exaltado hasta el colmo por la histeria publicitaria y la irreflexión unánime, fallido desde el título que nomás agrega una palabra al anterior.

Lo más característico del mismo director es que sus proyectos son ambiciosos dentro de los límites de una mediocridad en la que abundan recursos humanos y materiales; de ahí que el resultado sea más bien pretencioso; la acción rebasa el tiempo tolerable y cae en el tedio; para mantener la tensión, la música es repetitiva y, en consecuencia, el ritmo es monótono; hay demasiados flashbacks, también tediosos, entre secuencias de acción, y entonces todo parece interminable, como sucede irónicamente concentrado en la segunda mitad de la tercera entrega, después de los momentos de solemnidad, sensiblería y melodrama.

En películas menores por su bajo presupuesto, pero artísticamente superiores, Christian Bale ha sido capaz de asumir papeles tan sorprendentes por su transformación como el de maquinista insomne o el de boxeador en desgracia, pero la representación de Batman esta vez deja mucho qué desear; para empezar, tiene siempre abierta la boca, las piernas flacas y, como peleador, es muy lento.

Marion Cotillard sería la mejor actriz del mundo actual si no fuera por su participación en superproducciones de Hollywood como la que nos ocupa, en donde resulta decepcionante, sobre todo al final, cuando supuestamente muere con una pésima actuación (el director tenía prisa por acabar la película, quizá).

Anne Hathaway carece de la sensualidad que demanda su personaje. ¿Habrase visto una Gatúbela más fresa?

Aunque Nolan ha dirigido a Cotillard en dos ocasiones, parece que tuviera especial gusto por las mujeres fresas, como Katie Holmes, que hace de heroína en Batman inicia.

La otra cinta de Nolan en donde interviene Cotillard es Inception (2010), titulada en español El origen, y más interesante que la saga de Batman en curso, al menos, por el surrealismo onírico… Allí aparece también Joseph Gordon-Levitt, actor fetiche del mismo director en adelante.

Las tres películas de Batman personificado por Bale no son una trilogía, como dicen algunos, pues tampoco es en vano que al final haya surgido Robin…

Bane (Tom Hardy), el villano de la mascarilla, es más bien vulgar.

La batalla final en las calles no es convincente porque mueren muy pocos policías cuando les disparan con ametralladoras… En Batman inicia, todos los policías son corruptos, con excepción de James Gordon (Gary Oldman), y aquí son buenos muchachos; el más noble avienta la pistola al comprobar que mata…

En fin. Demasiado talento actoral para una película que apuesta a la espectacularidad de los efectos visuales.

Desde un punto de vista estético, aunque menos ambicioso, prefiero el trabajo de Tim Burton, que tiende al olvido.

Personalidad masculina

017¿Cuál es la diferencia entre un clásico y un lugar común?

Personalidad masculina, como verán, es una secuencia fotográfica de talento específicamente actoral, aunque algunos iconos también son directores: Clint Eastwood, Roman Polanski, Woody Allen, Robert de Niro, Tommy Lee Jones, Gary Oldman…

Además de la edad, la nacionalidad y la decadencia, Eastwood y Allen tienen en común que son músicos, entre otras cosas. La nefasta ideología del primero, a quien llaman «el último clásico», no obsta para reconocer su grandeza como cineasta; como actor no varía mucho, prácticamente nada, pues entre un pistolero del viejo oeste y un policía rudo, la gama intermedia es más de lo mismo, salvo acaso por el locutor acosado en la primera película que dirigió, o el embustero que encarna en El engaño, dirigido por Don Siegel, lo más próximo al villano, y uno que otro papel en sus propios dramas románticos (Los puentes de Madison y Million dollar baby, romántica en un sentido muy otro). Por lo demás, el señor cine y hombre orquesta es bastante completo: director, guionista, productor y compositor de la denominada banda sonora.

Desde su alianza con Steven Spielberg, Eastwood se hizo insoportablemente lacrimoso y falsamente humanista; a Spielberg le sirvió lo sensiblero para ganar el Óscar en siete categorías y otros premios con La lista de Schindler, pero a Eastwood no, y de ahí que reviviera el policía rudo, ahora octogenario.

Sean Connery, en cambio, pasó de ser modelo a un actor de inigualable carrera (productor de bodrios infames) que tampoco se quedó en el papel de James Bond; al contrario, lo superó con una evolución por la que llegué a considerarlo el hombre más carismático del mundo.

Anthony Hopkins es todavía más versátil y también mejora con los años, a pesar de su aire aristocrático.

¿Y qué decir de Al Pacino y Robert de Niro? ¿Es necesario decir algo?

La más emblemática y trascendente actuación de Marlon Brando es El Padrino, de Francis Ford Coppola, pero la mejor película del mismo director es Apocalipsis ahora, en donde también interviene quien ha sido calificado como «el mejor actor del mundo»; no coincido con esa calificación y, en algún momento, creí que era más bien Charlton Heston el mejor actor, independientemente de lo nefasto que fue en la vida real. Ben Hur, de William Wyler, y El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner, son películas muy importantes para mí, en lo personal. El planeta de los simios y Operación Dragón, de Robert Clouse, están entre las que he visto más veces, tantas como Julia, de Fred Zinnemann, aproximadamente.

Así como The Beatles son indispensables para quienes estudian inglés, Bruce Lee es imprescindible para quienes aprenden artes marciales, sobre todo autodidactas, así sea karate (hay que ser ignorante y tonto para llamar karate al kung fu); también la carrera actoral del atleta empezó en la infancia… Al respecto abunda material de lectura y para escritura, pero hay que ver todas sus películas, incluyendo las peores.

Charles Bronson es otro que tampoco varió gran cosa en cuanto al papel de tipo rudo, pero es muy convincente, carismático a su modo, y el estilo parece ser el mismo de Tommy Lee Jones, cuya salvedad es una amplia gama de personajes, incluido el empresario homosexual de JFK… Tommy Lee Jones, además, dirigió Los tres entierros de Melquíades Estrada, una película exitosa en cuanto a premios, pero mala para mi gusto.

Como he dicho antes, Morgan Freeman es un actor estupendo, pero subvaluado por el simple hecho de ser negro.

Si Polanski, por su parte, no ha sido valorado como actor se debe a su importancia como director, más que al desequilibrio entre calidad y cantidad, a diferencia de Allen, que pretende ser émulo de Chaplin, actor de un solo personaje.

Lo mejor de Peter Sellers es El jardinero, dirigido por Hal Ashby…

De Richard Burton, más que su carrera en general, me impacta especialmente su papel en El toque de Medusa, de Jack Gold.

Gary Oldman es Drácula para el público de masas, pero yo lo reivindico por La sangre de Romeo, de Peter Medak… Christian Bale es Batman para el mismo público, pero lo importante, para mí, es El maquinista, de Brad Anderson… Viggo Mortensen es Aragorn (El señor de los anillos) para la masa, pero yo empecé a conocer una personalidad interesante a partir de su actuación dirigida por David Cronemberg, primero en Una historia de violencia y luego en Promesas del Este

Los actores ganan mucho dinero y mucha fama con las producciones magma, pero el prestigio se logra con cine de bajo presupuesto; más adelante hay que hablar de eso, y hacer una galería de actores que han trascendido con una sola cinta: los tres Nosferatu, por ejemplo; Spider, del mismo Cronemberg; los casos fascinantes de niñ@s…

Esta revisión es preliminar y, en la primera oportunidad, cubriré mis faltas, pues quizá cometo algunas omisiones imperdonables.

Por lo pronto, de Paul Newman y Robert Retford diré que no tolero las actitudes de hombres guapos (de hombres bonitos, menos), pero cuando actúan y proyectan un talento independiente del aspecto físico, se trata entonces de un doble privilegio.

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