Apóstata en desgracia

El tono y la atmósfera de Silencio (EUA, 2016), de Martin Scorsese, transmite una sensación similar a la que nos produce la primera parte de Adiós a mi concubina (China, 1993), de Chen Kaige: cuando el mundo es gris, la melancolía de su espectador es meditativa y dulce. Luego suceden grandes analogías entre esta cinta, la más espiritual de Scorsese hasta hoy, y El fugitivo, de John Ford y Emilio Fernández, como si trasladara una misma situación con los mismos personajes desde la guerra cristera en México hasta la persecución de los cristianos por los japoneses en el siglo XVII. No es verdad que la fe mueva montañas, pero su vocación martirológica le permite sobrevivir en la clandestinidad por un tiempo. En Silencio, adaptación de la novela homónima de Shūsaku Endō, no existen las catarsis climáticas de Adiós a mi concubina ni paralelismos argumentales, pero su tono contemplativo de ritmo pausado confiere a la trama una beatitud comparable con la adaptación hipócrita de la novela El poder y la gloria, de Graham Greene, por Ford y «El Indio» Fernández, además de las similitudes en otros aspectos, que hacen del clásico un referente ineludible (en ambas novelas y sus respectivas adaptaciones al cine hay un Judas local, por ejemplo).

Una diferencia sustancial entre El fugitivo y Silencio es el remordimiento de los persecutores mexicanos, algo que ni por asomo es convincente, mientras que los verdugos japoneses parecen más bien orgullosos de la sofisticada técnica y su eficacia cuando se trata de torturas físicas y sicológicas, y confrontan a los mártires con sádica tranquilidad. Los mexicanos pretenden el exterminio de los misioneros (cuya extranjería causa culpa y llanto), mientras que los japoneses refinan su persecución para doblegar el espíritu de los perseguidos y obligarlos a renegar en público de sus creencias, inclusive a colaborar en la detección de infiltraciones católicas a un país oficialmente adorador de Buda y en donde el poder totalitario considera cualquier religión extranjera como una amenaza potencial a su estabilidad política y militar (al final, son igual de fanáticos, incongruentes y contradictorios unos y otros). En el caso de México, los dilemas éticos atormentan a los persecutores; en el caso de Japón, atormentan a los perseguidos.

Silencio completa una trilogía religiosa que, iniciada con La última tentación de Cristo en 1988, pasa por Kundun en 1997 como escala budista entre dos exploraciones en el cristianismo, pasos de una misma búsqueda espiritual, y personalmente me recuerda el célebre apotegma de Gustavo García: “El cine es Dios, y Martin Scorsese, su profeta”. Si la primera entrega fue tan provocadora y hasta subversiva como para resultar proscrita por El Vaticano, la tercera se permite suficiente ambivalencia y ambigüedad como para interpretar su desenlace con cinismo y pesimismo, a saber, como la confirmación de la derrota de la fe, pero si el martirologio estoico es derrotado puede salvarlo y redimirlo el autoengaño, esencia de toda religión.

Con una fotografía majestuosa y sutilmente poética del mexicano Rodrigo Prieto, así como un diseño de producción modesto pero impecable y unos diálogos incisivos, me atrevo a vaticinar que la cinta de Scorsese, una de las mejores del año, al menos en Estados Unidos, tardará unos lustros y hasta décadas en ser valorada con la justicia que merece. Por lo pronto, su relato lánguido (que no alcanza la grandeza magistral de Adiós a mi concubina) y su ambigüedad discursiva, sobre todo por el mensaje final, operan en contra. Desde luego es muy superior a su referente clásico, El fugitivo, aunque otro precedente referencial es La misión (Reino Unido, 1986), de Roland Joffé, que tiene grandes méritos, pero se queda corto.

En su trilogía religiosa-espiritual, Scorsese tiene un cambio radical de registro y personalidad: es más profundo; cuando se adentra en el mundo subterráneo de la mafia se despoja de cualquier solemnidad y se divierte de modo relativamente frívolo y superficial que resulta más accesible y comercial, facilitando su digestión a las masas que suelen preferir la acción violenta de balazos y explosiones, la saturación de rock, las actrices con más atributos físicos que talento y la presencia infalible de su actor fetiche en turno o más de uno.

Con el antecedente actoral de la desgarradora Nunca me abandones (Reino Unido, EUA, 2010), de Mark Romanek, entre otros, Andrew Garfield realiza en 2016 sus dos primeros papeles relevantes, que tienen rasgos en común: la negativa del personaje a participar en la violencia, inmerso hasta el tuétano en ella. Por último, llama la atención que Liam Neeson interviene en películas de Scorsese nomás unos minutos (remember el principio de Pandillas de Nueva York).


El odioso Tarantino

Los odiosos ocho (Estados Unidos, 2015), de Quentin Tarantino, tiene algunas cosas buenas: la banda sonora con personalidad y méritos propios, a cargo del gran Morricone; la fotografía con instantes exquisitos y postales majestuosas, de Richardson… Pero, en general, me parece un western odioso, con diálogos redundantes, reiterativos y repetitivos hasta la exasperación, con tal de ser muy largos y seducir a quienes aplaudieron en su momento los insulsos intercambios verbales de Pulp Fiction, unos personajes burdos que hacen caricaturas de sí mismos hasta resultar literalmente insoportables, sobre todo el supuesto verdugo (tan amanerado que, en efecto, parece inglés) y el supuesto alguacil que todavía no asume el cargo y parece haber salido de una serie infantil de dibujos animados o por lo menos ser la voz de alguno de sus personajes (Dios nos libre de Tim Roth y Walton Goggins: el mundo sería menos detestable sin ellos).

La primera hora es una presentación de los personajes, al cabo de la cual uno se pregunta si la intención de la película es humorística, si es acaso una comedia negra como secuela degradativa de la Guerra de Secesión; entonces comienza una versión gringa de La tempestad, de Shakespeare, que progresivamente se transforma en Agatha Christie, como una vuelta de tuerca desde la perspectiva de los dos personajes principales, que son cazarrecompensas.

Del refrito del cine hongkonés al refrito de la literatura clásica, Tarantino se supera. Aquí vemos a todos sus actores fetiches y confirmamos que tiene serios problemas para incluir mujeres en sus relatos descriptivos de un mundo exclusivamente masculino, como el que suele concebir. Aquí vemos también una violación homosexual, como en Pulp Fiction, que precede a la violencia gore, tan característica del autor; al visceral director y escritor de guiones infames le fascina que las cabezas y vísceras de la gente estallen como sandías con balas expansivas.

odioso

La premisa es que un cazarrecompensas entregará con vida a su prisionera. La razón, en teoría, es un balbuceo ético (ningún tipo rudo saldría con semejante patraña y se ahorraría las molestias y complicaciones, dificultades y pérdidas de tiempo, con un balazo en la cabeza), pero en los hechos es un pretexto para que alguien irrumpa en el ameno encuentro de hombres cultos y trate de rescatar, a sangre y fuego, a la prisionera (mi querida Jennifer Jason Leigh en la interpretación más antipática de su carrera… por eso fue nominada como actriz de reparto al desacreditado Óscar, una vez que la dizque academia de Joligud ninguneó su extraordinario desempeño en Última salida, Brooklyn, de Hubert Selby Jr.).

Samuel L. Jackson y Kurt Russell hacen bastante bien sus papeles, a pesar de los pesares; también Bruce Dern, aunque nunca se levanta del sillón. Por ahí vemos a Demián Bichir en un papel autodenigrante (Tarantino reivindica hipócritamente a los negros, pero repele a los mexicanos y demás inmigrantes latinos, y su guión en este caso comete el error de atribuir un racismo antimexicano a cierta mujer que, minutos después, es anfitriona de una banda de forajidos, entre los cuales hay un mexicano).

Cuando acaba el tercer capítulo no comienza el cuarto, sino la segunda parte del tercer capítulo, que también acaba, pero no comienza el cuarto capítulo, sino la tercera parte del tercero, que acaba por fin y entonces empieza el cuarto capítulo. ¡Uf!

Salvo los guiños, la mayoría de los indicios resultan infantiles para un lector de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (como lo fui en la primera juventud).

El giro pretendidamente sorpresivo no es menos burdo que los personajes, pues sucede a dos horas de vulgaridad por un lado y aburrimiento por el otro.

Yo, como el entrañable y extrañado Gustavo García, paso de Tarantino.


¡Atención!

Urgen donadores de sangre tipo O+ para nuestro amigo y colega, el gran crítico de cine, Gustavo Adolfo García Gutiérrez, en el Banco de Sangre del Hospital Regional Lic. Adolfo López Mateos, Av. Universidad, No. 1321, Col. Florida, entre las estaciones del metro Viveros y Coyoacán. Horario de 7:00 a 11:00 AM.

Requisitos: entre 18 y 65 años, peso mayor a 50 kilos, no ser hipertenso, no menstruar, no haber donado sangre recientemente, descansar mínimo ocho horas antes de la donación. No haber tenido tuberculosis en tres años, ni fumar tabaco en las diez horas previas, no fiebre ni infecciones en los últimos siete días, no haber tomado aspirinas (ácido acetilsalicílico). Cenar alimentos sin grasa, leche o embutidos. Sin enfermedades cardíacas o pulmonares, ni de transmisión sexual, renales, asma, anemia, coagulación, cáncer, diabetes, úlceras. Sin tatuajes o perforaciones hechas en un año.

Por favor, entregar el comprobante de donación al familiar que se encuentre en la sala de espera de Terapia Intensiva, o enviarlo por Inbox. Gracias.

Gustavo-Garcia

Solidaridad

gustavo garcía

Gustavo García se recupera poco a poco, pero necesita donadores de sangre (cualquier tipo). Los voluntarios pueden asistir al Banco de Sangre del Hospital Adolfo López Mateos, de lunes a viernes, entre las 5:30 AM y las 6:00 AM, a nombre de Gustavo Adolfo García Gutiérrez en la Cama M5.

Además, es necesaria otra operación quirúrgica, ahora para extirpar del colon un tumor cancerígeno, así que la cuenta bancaria para apoyarlo a él y su familia con los gastos médicos sigue vigente.

Cuenta 001 033 777 69 de Scotiabank
a nombre de Claudia Elena Hernández Ojesto-Martínez
Clave interbancaria 044 180 001 033 777 696
Sucursal Universidad Copilco

¡Ánimo, Gustavo!
Mucha gente (a la que me sumo, desde luego) te quiere y te espera.
Saludos y un abrazo.

 

Segunda premiere por Gustavo García

La función de ayer en la Cineteca Nacional a la salud de nuestro amigo y colega fue un éxito: sala llena, 450 lugares a $100.00 por persona; hubo gente que se quedó fuera.

Según informó la hija de Gustavo a los asistentes, hace aproximadamente tres semanas, él aceptó por fin ir al hospital; tenía serios problemas intestinales. El hospital al que lo llevaron primero no contaba con los elementos necesarios para proporcionar la atención que llegó a requerir, por lo que, sin tener tampoco los recursos económicos necesarios (el seguro ya se había agotado), la familia lo llevó al hospital Ángeles del Pedregal, en donde lo operaron de emergencia; parece que tenía peritonitis, y después de la operación, su situación se agravó por un problema respiratorio. Ese hospital es carísimo, así que los familiares agotaron sus recursos y se endrogaron con tarjetas de crédito. Actualmente, Gustavo está en el hospital Adolfo López Mateos del ISSSTE, en terapia intensiva. La familia ha logrado cubrir los gastos erogados hasta hoy gracias a las aportaciones del público a la cuenta bancaria publicada.

Aparte de todo, es necesaria una nueva intervención quirúrgica para extirpar del colon un tumor cancerígeno.

Hoy martes 2 de julio a las 19.30 hrs. habrá otra función de apoyo a Gustavo García, esta vez en The Movie Company, sala 5, con aforo de 358 lugares y un costo de $100.00 por persona. Se proyectará la película Los infieles (Francia, 2012), de Jean Dujardin, Michel Hazanavicius y Gilles Lellouche, entre otros.

Dirección Escenaria: Av. San Jerónimo # 263, Tizapán, San Ángel, México, D.F. Tel. 5550 0859

Por favor, difundir. Gracias.

Imagen

Solidaridad con Gustavo García

Imagen El crítico de cine más popular en México, reconocido a nivel internacional, investigador historiográfico y periodista especializado, maestro de tiempo completo en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco, se refirió a mí una vez en Cinema Red, su programa de radio, como “un viejo amigo de largas batallas”. Desde que, hace un cuarto de siglo, fue mi principal asesor en el entonces proyecto de revista que se llamó después Ollinmecah, cuando él dirigía la revista Intolerancia, además de compartir una obsesionante pasión por el cine, tengo el honor de contar con su amistad.

Hoy, Gustavo García necesita nuestra ayuda. Su estado de salud es delicado; desde hace unos días está hospitalizado en terapia intensiva por una complicación respiratoria luego de una cirugía de emergencia en el abdomen. Su familia ha solicitado apoyo económico para cubrir los gastos médicos, por lo que nos sumamos a la causa y también pedimos tu ayuda. Estos son los datos de la cuenta en la que puedes depositar un donativo. No importa la cantidad.

Cuenta bancaria 001 033 777 69 de Scotiabank
a nombre de Claudia Elena Hernández Ojesto-Martínez
Clave interbancaria 044 180 001 033 777 696
Sucursal Universidad Copilco

Además, hoy lunes primero de julio tendrá lugar una función benéfica en la Cineteca Nacional a las 19:30 horas. Se proyectará la película En el camino (On the Road, 2012), de Walter Salles, con Garrett Hedlund, Sam Riley y Kristen Stewart, una producción de Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Brasil. El costo del boleto será de $100.00 y se podrá comprar en la entrada a la sala de exhibición. Lo recaudado en esta función irá directamente al fondo de ayuda y solidaridad con el gran crítico de cine, maestro de muchas generaciones y amigo entrañable.

Vaya desde aquí la mejor de las vibras.