Obama vs Osama

obama_osamaLas dos primeras dramatizaciones cinematográficas de la operación militar que, según la versión oficial, dio muerte a Osama bin Laden en la noche del 1 al 2 de mayo de 2011, también tienen en común las fechas previstas inicialmente para sus estrenos unos días antes de los comicios presidenciales en Estados Unidos, por lo que parecen concebidas como colofón de la campaña electoral de Barak Obama en pos de su reelección. Se trata de Seal Team Six: The Raid on Osama Bin Laden, dirigida por John Stockwell con guión de Kendall Lampkin, y Zero Dark Thirty, de Kathryn Bigelow y Mark Boal.

Además de la polémica por la premier televisiva de Seal Team Six, el congresista republicano Pete King, presidente del Comité de Seguridad Nacional en la Cámara de Representantes, denunció que la administración Obama había dado información secreta “de alto nivel” a la directora y el guionista de Zero Dark Thirty, y la Casa Blanca, por su parte, aclaró que sólo se les había informado sobre el papel del presidente en la redada contra el máximo líder de la red Al Qaeda.

El estreno de La noche más oscura, como fue titulada en España, estaba programado para octubre, pero Sony Pictures Entertainment, su compañía productora y distribuidora, lo pospuso para después de las elecciones, hasta el 19 de diciembre, limitado a unas cuantas salas de exhibición, por lo que no influyó en las preferencias de los votantes. El día de la premier, sin embargo, el Comité de Inteligencia del Senado solicitó por escrito al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), Michael Morrell, los documentos entregados a los cineastas, pues la película revela el uso de interrogatorios con torturas en la localización de Bin Laden. “Aunque esa información es incorrecta —dicen los senadores en su carta—, está en consonancia con declaraciones públicas hechas por el exdirector del Centro Antiterrorista de la CIA, Jose Rodriguez, y el exdirector de la CIA, Michael Hayden”. Durante sus primeros días de mandato, en 2009, Obama canceló el programa de detenciones e interrogatorios con “técnicas coercitivas” de la CIA, según los senadores.

El estreno limitado en diciembre sirvió para que la película contendiera por los premios Óscar; su nominación en cinco categorías, incluidas las de mejor película y mejor guión original, la catapultó en enero hasta el primer lugar de taquilla con 24 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana de estreno a escala nacional. Una vez que Objetivo: Bin Laden, como se le llamó en Hispanoamérica, fracasara en la entrega del Óscar, al llevarse nada más una estatuilla ex aequo, en febrero, el Senado cerró su investigación sobre la presunta filtración de información secreta o clasificada.

Los Navy SEAL’s van al cine

sealteam6Seal Team Six (Equipo SEAL 6) es un cuerpo militar de élite —antiterrorista, entre otras cosas— perteneciente a la armada gringa y disuelto en 1987, al que reemplazó el Grupo de Desarrollo de Guerra Naval Especial (NSWDG por sus siglas en inglés). Seal es acrónimo de Sea, Air and Land (Mar, Aire y Tierra).

Estados Unidos cuenta con dos Unidades de Misiones Especiales, oficialmente reconocidas; una opera en el Pacífico y otra en el Atlántico; la primera es conocida informalmente como Fuerza Delta y la segunda como Equipo SEAL 6, el nombre de su antecesora, así llamada en su momento para despistar a los espías soviéticos sobre el número de unidades operantes, según la creencia popular. Esta unidad tiene su origen en el fracaso de la operación militar Garra de Águila que en 1980 intentó rescatar a los 66 empleados de la embajada gringa en Irán durante la crisis de los rehenes. Aunque las Unidades de Misiones Especiales pretenden ser secretas, algunos medios informativos han identificado a cuatro.

El actual NSWDG, antes Seal Team Six, es la unidad especial que tomó por asalto la guarida de Osama Bin Laden, según la versión oficial; de ahí que la película de John Stockwell tenga ese título, aunque el original es Code Name: Geronimo, pues primero se dijo que la operación había tenido el nombre de Gerónimo para referirse en clave al principal cabecilla de Al Qaeda, y después que había sido Lanza de Neptuno…

Editada con escenas muy rápidas al estilo de un video clip, la cinta dura 90 minutos y alterna el desarrollo de la acción con testimonios ficticios de los protagonistas y algunas imágenes reales (en movimiento y fotos fijas) de Barak Obama y miembros de su gabinete, como un intento de parecer documental. En los testimonios, los comandos Navy SEAL’s y la agente de la CIA que descubrió el escondite de Bin Laden —aquí llamada Vivian— comentan el aspecto personal del episodio sin informar un ápice.

Aunque prepotentes y soberbios, los personajes reales contrastan con los actores y sus expresiones forzadas, sus actitudes corporales demasiado mamonas y sobreactuadas, especialmente las del viejo capitán de corbeta. Los agentes de la CIA en Pakistán son torpes y burdos, nada discretos.

Acorde con la dinámica y el ritmo, estética de la brevedad, la economía de algunos diálogos resulta más odiosa que el terrorismo. Las secuencias de acción parecen videojuegos; unas escenas con filtro azul del preámbulo se repiten a mitad de la película y al final. La música en general es repetitiva y pobre…

Un prisionero interrogado en Guantánamo bajo amenaza de entregarlo a la “inteligencia saudí” para que lo degüelle vivo, suelta el nombre que servirá como pista para dar con el terrorista mayor. Aquí no hay más tortura que la sicológica.

El argumento, en adelante, prácticamente se reduce a la operación militar desde su preparación, el entrenamiento del equipo en una réplica del complejo residencial ubicado a las afueras de Abbottabad, al norte de Pakistán, algo sobre las vidas particulares de los soldados (en una sola secuencia, varios chatean con sus familiares), la rivalidad entre dos de ellos (el joven líder y el más macho).

En esta cinta, la unidad especial ignora el objetivo de su misión hasta que la realiza y resulta una operación quirúrgica, sin bajas entre las mujeres y los niños que habitan la casona fortificada; tampoco entre los gringos, que ni siquiera una herida sufren; el saldo es de cuatro hombres muertos, entre ellos Bin Laden y su hijo, y cero daños colaterales, salvo por el desplome de un helicóptero… Los gringos de película no matan gente inocente ni torturan; al menos en este caso, esa es una de las premisas.

Ese mismo día, el presidente de los Estados Unidos anuncia públicamente, con voz de locutor, el éxito de la incursión militar al escondite del buscado terrorista y alude al fracaso de la administración anterior en este sentido. Sobreviene la grandilocuencia y el patrioterismo exacerbado. “Hoy es un buen día para ser estadounidense”, dice el más macho en su testimonio. En el cuartel de la CIA están de fiesta: sonrisas, abrazos, mucho júbilo (lo mismo veremos después en Argo, de Ben Affleck, por otra causa).

En 2011, la popularidad de Obama iba inexorablemente a la baja por el incumplimiento de sus promesas de campaña, el estancamiento económico del país y el bloqueo de su gobierno en el Congreso, cuando la muerte del presunto cerebro del 11-S la hizo repuntar. La película sobre dicha muerte, que la presenta obviamente como una gran hazaña, fue transmitida por el canal de National Geographic el domingo 4 de noviembre, dos días antes de los comicios presidenciales en Estados Unidos, sin que la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentágono, la CIA o alguna otra instancia gubernamental desmintiera o confirmara su contenido. Dos días después, el mandatario fue reelecto.

Seal Team Six: The Raid on Osama Bin Laden, por lo demás, no hace ni el más mínimo aporte al cine y mucho menos a la divulgación histórica; es un trabajo tan mediocre, intrascendente y menor que, salvo por su contexto político y militar, toda crítica le hace un inmenso favor. Stockwell había dirigido, también el año pasado, Dark tide (Aguas profundas), un bodrio que, aparte de mal hecho, es deshonesto y hasta fraudulento, y tampoco merece más comentarios.

La oscuridad de las 00:30

zero-dark-thirty-chastainZero Dark Thirty, en cambio, es un esfuerzo ambicioso que, durante 156 minutos, con un presupuesto de 40 millones de dólares, abarca lo medular de la investigación que tardó casi una década en localizar al enemigo público número uno de Estados Unidos, según la versión oficial, autor intelectual de los ataques terroristas que asesinaron a más de tres mil personas el 11 de septiembre de 2001. Concebido inicialmente como un relato del fracaso en esta búsqueda, el proyecto de Kathryn Bigelow y Mark Boal, directora y guionista que figuran también como productores, tuvo un dramático giro el 2 de mayo de 2011.

La noche más oscura, como fue titulada en español, “está basada en eventos actuales” (sic), dice al comenzar, y con la pantalla en negro escuchamos grabaciones de vuelo y una conversación telefónica entre dos mujeres, una de ellas atrapada en algún lugar de las torres gemelas el día de los avionazos. Dos años después, la protagonista de ambas películas —agente novata de la CIA que, interpretada en este caso por Jessica Chastain, tiene el nombre de Maya— es transferida a Pakistán, en donde su colega Dan (Jason Clarke) aplica interrogatorios con torturas a prisioneros de Al Qaeda. Entre atentados terroristas menores en distintas ciudades, los agentes arrancan a varios prisioneros el seudónimo de un mensajero o courier de Osama bin Laden. El misterioso personaje obsesiona a Maya, que se dedica exclusivamente a seguir esta pista durante los siguientes años hasta dar con el peor de los villanos.

Mientras Estados Unidos y sus aliados lo buscaban en cuevas de las inhóspitas montañas de Afganistán, Bin Laden vivía en Abbottabad, unos 50 kilómetros al noreste de la Islamabad, capital de Pakistán, a sólo mil 500 metros de una academia militar paquistaní. Su guarida era un complejo residencial de 3,500 metros cuadrados que se construyó en 2005 y fue valuado en un millón de dólares. Allí permaneció seis años oculto y aislado del mundo exterior, sin teléfono ni internet, con su familia, otros ocho hombres, nueve mujeres y un indeterminado número de niños.

Las primeras dos horas de Zero Dark Thirty —113 minutos, para ser exactos— narran la investigación, y los últimos 43 minutos (contando el tiempo de los créditos finales) están dedicados a la operación militar; el capítulo se llama «Los canarios», en alusión a los Navy SEAL’s que atacarán la casa-fortaleza “como canarios” para prescindir de un bombardeo, ante la incertidumbre de que sea realmente guarida de Bin Laden, dados los errores cometidos antes. Aquí no vemos entrenamiento, sino frivolidad, y los comandos saben desde el principio cuál es el objetivo de su misión, pero no lo creen del todo.

También a diferencia de Seal Team Six, que muestra imágenes fijas de Barak Obama y Hilary Clinton observando la incursión en tiempo real (específicamente sus rostros al caer uno de los helicópteros), aquí aparecen nada más los agentes de la CIA dando ese seguimiento. Las demás escenas alternan una mirada subjetiva desde los ojos de los soldados a través de lentes con luz ultravioleta y demasiada oscuridad (las escenas oscuras son de pésima calidad). La secuencia es bastante sórdida y espectral; la residencia parece un lugar de zombis, cuya respuesta defensiva, además de ser mínima, está desarticulada; la reacción de los vecinos es igualmente fantasmal… De nuevo a diferencia de Seal Team Six, los disparos del grupo invasor son silenciosos; todo es lento y cauteloso, pero eso no obsta para que, al final, haya por lo menos una mujer y un niño acribillados.

Con su parafernalia de altísima tecnología, los Navy SEAL’s parecen astronautas.

Aquí no vemos el ambiente festivo de la CIA, una vez que todo acaba; el ánimo de la protagonista principal es más bien de pesadumbre…

Ninguna de las dos películas se refiere a las pruebas de ADN que, según la versión oficial, confirmaron la identidad de Bin Laden. En el segundo caso, la identificación se limita al reconocimiento visual por parte de Maya.

Jennifer Ehle en el papel de la agente Jessica parece mitad falsa y mitad tonta; su actuación está entre lo peor y más molesto de Zero Dark Thirty, aunque dicho personaje afortunadamente muere a mitad de la película. Otro hecho que irrita y resta credibilidad al argumento es que Dan, el principal torturador, dice sentirse mal después de haber visto a veinte hombres desnudos y lamenta casi llorando que alguien mató a los monos que tenía enjaulados. Los gringos de película siempre son más humanos que la gente de cualquier otro país, tanto que hasta sus torturas (cuyas técnicas enseñan a militares de todo el hemisferio en la criminal Escuela de las Américas) son menos brutales, inclusive amistosas; por eso el prisionero más interrogado y torturado parece muy lúcido, completo y relajado cuando lo agasajan después de impedir que duerma durante quién sabe cuántos días con sus respectivas noches… Lo más irritante de todo es que nadie critica estas incongruencias.

Más que una denuncia de la tortura, parece haber cinismo en su exposición.

Bigelow y Boal habían realizado la exitosa, laureada y aclamada cinta The Hurt Locker (2008), sobre una brigada antiexplosivos del ejército gringo en Irak.

Más allá de los efectos inmediatos a favor de Obama, tanto Seal Team Six como Zero Dark Thirty podrían tener el objetivo de abonar a más largo plazo en el probable engaño de la versión oficial sobre la muerte de Bin Laden, que los medios de comunicación y el público en general dan por verídica, aunque Estados Unidos no haya mostrado fotos ni vídeos del cadáver que, según dice, arrojó al mar… Las “razones” esgrimidas para deshacerse de esa evidencia son tan ridículas y estúpidas que ninguna de las dos películas sale con algo semejante y simplemente las omiten.

Estados Unidos viola sistemáticamente hasta los más básicos y elementales derechos humanos; viola también la soberanía nacional del país que se le antoje y, de paso, viola flagrantemente la legalidad internacional, pero se dice respetuoso de las tradiciones islámicas al brindar un servicio funerario en la clandestinidad a su mayor enemigo, para desaparecer el cadáver sin dar pruebas a nadie… (además, la tradición es enterrar a los muertos, no echarlos al mar).

Si la versión oficial fuera verdad, sería obvio que Estados Unidos optó por asesinar a Bin Laden en vez de llevarlo a juicio por temor a lo que hubiera revelado sobre su relación con un país que no siempre fue su enemigo y, antes por el contrario, más bien lo engendró.

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Una tercera dramatización cinematográfica plantea otra versión: Según Dahiruzh Rêmin (Irán, 2013), de Amir Karjadi, titulada en español Operación Desastre, durante la noche del 1 al 2 de mayo de 2011 un grupo de 33 Navy SEAL’s a bordo de tres helicópteros que despegaron de una base afgana tomó por asalto, sin autorización ni conocimiento del gobierno paquistaní, la casona de Abbottabad y masacró a sus ocupantes, en su mayoría mujeres y niños; los hombres estaban desarmados y no tenían relación con Al Qaeda. Uno de los helicópteros se impactó contra otro y la colisión causó más de veinte muertes y lesiones graves entre la población civil y los propios comandos… Esta película fue prohibida en varios países, tanto que todavía no encuentra realizadores, además del guionista, quien declaró en días recientes a la prensa estar apenas por escribir un primer adelanto de lo que será el guión. Estaremos al pendiente.

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¿El lado bueno de qué?

LawrenceVer Silver Linings Playbook, de David O. Russell, me ha servido para terminar de descreer en el Óscar, si acaso hacía falta, después de tanta estupidez. Por supuesto que Jennifer Lawrence, ganadora en la categoría de mejor actriz, ni siquiera es comparable con Quvenzhané Wallis y tampoco es mejor que Emmanuelle Riva o Naomi Watts, al menos en las películas por las que fueron postuladas; yo la pondría en cuarto lugar antes que a Jessica Chastain, si nos atenemos a las cinco nominaciones, menos arbitrarias que la decisión final. La actuación de Quvenzhané, como la cinta en donde ocurre, Beasts of the Southern Wild, de Benh Zeitlin, es un milagro irrepetible, pero la dizque Academia de Hollywood no reconoce la calidad ni el arte y mucho menos la excelencia, como se dice; al parecer, sus criterios son comerciales y políticos: el Óscar es un premio a lo más representativo del negocio llamado «séptimo arte» que tiene un carajo de artístico…

Si El lado bueno de las cosas, como fue titulada en España y Chile, o Los juegos del destino, en México y otros países, es cine independiente, ¿por qué no reconocer los enormes méritos de la ópera prima de Zeitlin, que fue realizada con 1,800,000 dólares, según algunas fuentes, o millón y medio, según otras, mientras que la cinta de Russell costó 21 millones? La respuesta, en el caso de su actriz principal, podría ser el racismo que Hollywood intenta disimular desde hace once años (léase comentario al respecto). Otra posibilidad es que, si la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood está compuesta por cerca de seis mil persones, como se dice, haya una abrumadora mayoría de imbéciles (en Estados Unidos, es mayoría la que votó a favor de la guerra, por ejemplo). ¿Por qué mantiene en secreto su composición? ¿Por qué no hace públicos sus criterios? ¿Acaso existen o son más bien consensos inconfesables?

Por lo demás, El lado luminoso de la vida, como fue titulada en Argentina y Uruguay, es muy inferior en todos los aspectos a The Fighter (2010), trabajo previo de Russell por el que yo esperaba algo más o menos equivalente o similar. En la nueva cinta sucede una pequeña sorpresa que parece plagiar discretamente a Little Miss Sunshine (2006), de Jonathan Dayton y Valerie Faris, cuando los protagonistas bailan en el concurso con un repentino cambio de canción…

En fin. La película me decepcionó, y respecto al Óscar hay que ajustar cuentas con ejemplos de sus más aberrantes omisiones. Por lo pronto, me remito al decálogo anual de Jorge Ayala Blanco: las diez mejores cintas de 2012, que ni siquiera fueron nominadas.

Al margen

¿Quiénes titulan las películas en español? En España traducen el título original al español, pero en México escogen, sin un ápice de respeto ni originalidad, por ejemplo, el título de una telenovela (Juegos del destino) para rebautizar una película, o títulos como Una niña maravillosa, o Una aventura extraordinaria, que además de cursis deciden por el público su parecer.

Lo bueno, lo malo y lo feo del Óscar 2013

oscar 2013

Como dije, me alegra que Argo, de Ben Affleck, haya ganado el Óscar para mejor película, en vez de Lincoln, de Steven Spielberg, o Los miserables, de Tom Hooper, pero entre las nominadas en todas las categorías lo mejor que he visto es Beasts of the Southern Wild (Bestias del sur salvaje), ópera prima de Benh Zeitlin, titulada en México Una niña maravillosa y en Argentina La niña del sur salvaje. La película es maravillosa, especialmente por la actuación de Quvenzhané Wallis, un auténtico fenómeno actoral a los seis años de edad, tanto que no parece actuar, aunque su papel no sería tan convincente si no fuera por la dirección de Zeitlin (también joven, de 30 años) y el guión de Lucy Alibar y el propio director, que alimentan el alma con diálogos y monólogos infantiles de gran belleza por su compleja sencillez en equilibrio, con ingenio, buen humor y hasta poesía. Alibar es autora de Jugoso y delicioso, la obra teatral de un solo acto en que se basa esta joya de 92 minutos, postulada para mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor guión adaptado, que no ganó en ninguno de los cuatro casos, aunque lo merecía.

La cinta de Affleck obtuvo el Óscar para mejor guión adaptado, al que también aspiraba la de Spielberg. Otra nominada en esta categoría y para mejor película era Life of Pi, de Ang Lee, que obtuvo el Óscar para mejor director, por el que suspiraba Spielberg, y me alegra que no lo ganara. No he visto Una aventura extraordinaria, como fue titulada la cinta de Lee en Hispanoamérica, pero si el cineasta taiwanés fue capaz de algo tan extraordinario como El tigre y el dragón (2000), no dudo que su aventura también lo sea.

La ganadora del Óscar para mejor actriz es Jennifer Lawrence por su papel en Silver Linings Playbook (El lado bueno de las cosas en España, Los juegos del destino en Hispanoamérica y El lado luminoso de la vida en Argentina y Uruguay), de David O. Russell, que tampoco he podido ver, pero dudo mucho que la actriz supere a la niña maravillosa, que habría sido la más joven entre quienes han recibido este premio. Emmanuelle Riva, en el otro extremo (cumplía 86 años el día del Óscar), tiene una actuación perfecta en Amor, escrita y dirigida por Michael Haneke. Naomi Watts contendió con pocas posibilidades por su excelente desempeño en Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, una cinta menor. Jessica Chastain fue postulada por La noche más oscura, de Kathryn Bigelow, nomás para completar la terna; la película es interesante por su argumento (el final es la muerte de Osama bin Ladem), pero Chastain parece introspectiva y prácticamente carece de proyección…

No estoy de acuerdo con el Óscar para mejor actor a Daniel Day-Lewis (el tercero en su carrera) por la débil personalidad de Abraham Lincoln, aunque tampoco veo alternativas. La actuación de Jean-Louis Trintignant en Amor no es menos loable que la de Riva, pero ni siquiera fue nominado. Ambos octogenarios se roban el corazón en esa melancólica cinta sobre la vejez, el amor, la enfermedad, la eutanasia, la soledad, la vida y la muerte. Por lo visto, en 2012 no hubo grandes actuaciones masculinas…

El Óscar para «mejor actriz de reparto», en cambio, era tan predecible como para «mejor actor de reparto», pues si algo tienen en común Anne Hathaway en Los Miserables y Christoph Waltz en Django sin cadenas, de Quentin Tarantino, es que sus papeles, más que secundarios, son tan primarios como los protagónicos, y están bien representados, aunque Hathaway destroza la canción «I dreamed a dream», como es normal en el imperdonable fiasco musical. Por lo demás, ninguno de los dos es comparable con Christian Bale, que ganó el año pasado en esta categoría por su destacada participación en El peleador (2010), de David O. Russell, actuación «de reparto» que deja en segundo plano a la principal.

El Óscar para mejor película extranjera tiene algo de controvertible, así haya sido Amor (Austria) la ganadora. Con la incongruencia de que Affleck no fuera postulado como mejor director, mientras la «Academia» de Hollywood decidía premiar su película, que se refiere a la ruptura de relaciones diplomáticas entre Irán y Estados Unidos, la misma «Academia» eliminó de la contienda Un terrón de azúcar, de Seyyed Reza Mir-Karimi, película iraní preseleccionada, junto con Insurgentes, de Jorge Sanjinés, una cinta propuesta por Bolivia, que tampoco pasó a mayores.

El Óscar por «mejor diseño de producción», que antes se llamaba «dirección artística» y de lo cual carece la cinta de Spielberg, fue para que —más allá de su actor protagónico— Lincoln no se fuera con las manos vacías, así que lo perdieron Los miserables y Una aventura extraordinaria, pero esta última se alzó en el rubro de mejor fotografía, donde también competían Lincoln y Django sin cadenas, que ganó en la categoría de mejor guión original, como era de esperar. Segundo Óscar para Tarantino, tras el de Pulp Fiction (Tiempos violentos) en 1994, también por el guión.

El Óscar por «mejor diseño de vestuario» fue para Anna Karenina, de Joe Wright, que no he visto porque será estrenada en México hasta marzo (aquí siempre llegan tarde las películas y su retraso fomenta la piratería), pero me alegra que dicho premio tampoco fuera para Los miserables, Lincoln o Blancanieves y el cazador… aunque en el papel de Karénina prefiero a la fascinante Sophie Marceau de la versión gringa (1997) que a la mediocre Keira Knightley de la versión inglesa (2012).

En «maquillaje y estilismo de peinado», como se llama desde ahora lo que antes era simplemente maquillaje, ganó Los Miserables, desgraciadamente, pero perdió Hitchcock, de Sacha Gervasi, afortunadamente. Los maquillistas del fiasco musical envejecieron a Jean Valjean hasta el final, cuando muere, pero detalles así pasan desapercibidos por los dizque académicos, que nominaron en esta categoría la caricaturesca caracterización de Alfred Hitchcock… Cuando John Chambers, el maquillista de El planeta de los simios (1968), de Franklin J. Schaffner, y su respectiva saga —como sabemos hoy gracias a Argo—, hacía disfraces para la CIA, el Óscar en este rubro ni siquiera existía.

Mejor canción original: «Skyfall», de Adele, que no me parece la gran cosa, pero me alegra que no fuera «Suddenly», de Los Miserables. El Óscar en este caso parece premiar los 50 años de James Bond, cuyas películas han tenido múltiples nominaciones al galardón, pero lo habían ganado nada más Goldfinger (1964), de Guy Hamilton, y Operación Trueno (1965), de Terence Young, la primera por sus efectos sonoros y la segunda por sus efectos visuales. Entre las canciones de la franquicia, mi favorita es «For your eyes only» (1981), de Sheena Easton, cantante irlandesa con la que soñaba entonces.

En «edición de sonido» empataron Skyfall, de Sam Mendes, y La noche mas oscura, lo cual me parece una patraña, pero me alegra que Los Miserables no estuviera postulada; lo aberrante, como he dicho, es que lo estuviera, en cambio, para «mejor mezcla de sonido» y, peor aún, que ganara. ¿Cuál es la diferencia? ¿Para eso dividieron el rubro de sonido, ahora con altos grados de especialización?

Finalmente, Lincoln ganó sólo en dos de las doce categorías en que fue nominada, y se desinfló. Con once nominaciones, Una aventura extraordinaria ganó en cuatro. Los miserables ganó en tres de ocho categorías, y sigue inflada. Argo se alzó en tres de siete. Y Una niña maravillosa, la mejor de todas las películas, no ganó en ninguna de las cuatro categorías.

Bestias del sur salvaje