Mis preferidas

Esta selección de las cien mejores actuaciones femeninas del cine se basa en mi gusto personal y no en consensos de supuestos expertos ni en votaciones de cinéfilos ni en premios; son las interpretaciones actorales que más me convencen, las que me han impactado emocionalmente con más fuerza, por su perfección, su intensidad, su belleza. Hasta el orden tiene un sentido personal: comienzo con mis favoritas y continúo con una, también subjetiva, aproximación a las categorías y los géneros: películas menores pero con actuaciones mayores, clásicos universales y lugares comunes, cine mexicano y español, horror y drama sicológico… En el bloque final están las recomendaciones de los participantes en distintos foros de cine cuando publiqué un avance de esta selección, películas acerca de las cuales investigué y supe que ya las había visto, pero no pasaron la prueba del añejo.

Aunque hay actrices que tienen más de una gran actuación en su carrera, preferí elegir una actuación por actriz, a diferencia de las películas, algunas de las cuales cuentan con dos actuaciones femeninas que destacan: aquí he relacionado tres. Y así como no discrimino películas menores (por un gusto que incluye provocar antipatía de pedantes y puristas), me permito incluir dos largometrajes cuyas mejores estrellas brillan no más de media hora.

Desde luego, me falta mucho por ver y revisar. De las recomendaciones recientes en este rubro, tengo por lo menos diez películas en DVD, así que tal vez haga pequeños cambios en el listado próximamente.

1. Jane Fonda, en They Shoot Horses, Don’t They?
2. Marion Cotillard, en La vida en rosa
3. Rachel Mwanza, en La bruja de la guerra (Rebelde)
4. Charlize Theron, en Monster
5. Naomi Watts, en Mulholland Drive (media hora final)
6. Jodie Foster, en El silencio de los corderos
7. Jennifer Jason Leigh, en Última salida, Brooklyn
8. Elisabeth Shue, en Adiós a Las Vegas
9. Gwyneth Paltrow, en Shakespeare enamorado
10. Zhang Ziyi, en La casa de las dagas voladoras
11. Catherine Deneuve, en Repulsión
12. Jenn Murray, en Dorothy Mills
13. Miranda Richardson, en Spider
14. Emmanuelle Riva, en Amor
15. Lena Olin, en La sangre de Romeo
16. Renee Zellweger, en Chicago
17. Chloë Sevigny, en Los muchachos no lloran
18. Michelle Williams, en Mujer contra mujer (segundo segmento)
19. Irène Jacob, en La doble vida de Verónica
20. Elle Fanning, en Ginger y Rosa
21. Vanessa Redgrave, en Isadora
22. Valérie Kaprisky, en Milena

23. Gena Rowlands, en Gloria
24. Cate Blanchett, en Jazmín azul
25. Rebecca de Mornay, en La mano que mece la cuna
26. Mia Wasikowska, en Stoker
27. Nathalie “Tippi” Hedren, en Marnie
28. Lubna Azabal, en La mujer que cantaba (Incendios)
29. Sumiko Sakamoto, en La balada de Narayama

30. Gloria Swanson, en Sunset Boulevard
31. Bette Davis, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
32. Joan Crawford, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
33. Anne Baxter, en All About Eve
34. Gene Tierney, en El filo de la navaja
35. Elizabeth Taylor, en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
36. Marlene Dietrich, en El ángel azul
37. Maria Falconetti, en La pasión de Juana de Arco
38. Irene Papas, en Electra
39. Ingrid Bergman, en Sonata de otoño
40. Silvana Mangano, en Arroz amargo
41. Sophia Loren, en Dos Mujeres
42. Giulietta Masina, en Las noches de Cabiria
43. Anna Magnani, en Mamma Roma
44. Katy Jurado, en High Noon
45. Eva Marie Saint, en On the Waterfront
46. Lee Remick, en Días de vino y rosas
47. Shirley MacLaine, en El apartamento
48. Vivien Leigh, en Lo que el viento se llevó
49. Hattie McDaniel, en Lo que el viento se llevó
50. Liza Minnelli, en Cabaret
51. Charlotte Rampling, en El portero de noche
52. Meryl Streep, en La decision de Sophie
53. Julie Christie, en Doctor Zhivago

54. Felicity Huffman, en Transamérica
55. Kate Winslet, en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
56. Audrey Tautou, en Amèlie
57. Diane Keaton, en Annie Hall
58. Whoopi Goldberg, en El color púrpura
59. Holly Hunter, en El Piano
60. Janet McTeer, en Albert Nobbs
61. Judi Dench, en Su majestad, Sra. Brown

62. Francesca Neri, en Las edades de Lulú
63. Carmen Maura, en La comunidad
64. Laia Marull, en Te doy mis ojos
65. Ninón Sevilla, en Aventurera
66. Martha Roth, en Una familia de tantas
67. Stella Inda, en El rebozo de Soledad
68. Tina Romero, en Alucarda

69. Sissy Spacek, en Carrie
70. Piper Laurie, en Carrie
71. Linda Blair, en El exorcista
72. Charlotte Gainsbourg, en Anticristo
73. Isabelle Adjani, en Posesión
74. Ellen Burstyn, en Réquiem por un sueño
75. Isabella Rossellini, en Terciopelo azul
76. Isabelle Huppert, en La pianista
77. Mo’Nique, en Precious
78. Ellen Page, en Niña mala
79. Julianne Moore, en Siempre Alice
80. Gong Li, en Regreso a casa

Tralala Jason Leigh

81. Alicia Vikander, en La chica danesa
82. Reese Witherspoon, en Alma salvaje
83. Adèle Exarchopoulos, en La vida de Adèle
84. Léa Seydoux, en La vida de Adèle
85. Rooney Mara, en Carol
86. Brie Larson, en La habitación
87. Juliette Binoche, en Damage
88. Hilary Swank, en Million Dollar Baby
89. Jessica Lange, en Frances
90. Louise Fletcher, en Alguien voló sobre el nido del cuco
91. Susan Sarandon, en Pena de muerte
92. Halle Berry, en Monster’s Ball
93. Helen Mirren, en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
94. Diane Lane, en Bajo el sol de la Toscana

95. Kathy Bates, en Misery
96. Emma Thompson, en Lo que queda del día
97. Debra Winger, en Tierras de penumbra
98. Glenn Close, en Dangerous Liaisons
99. Maria Schneider, en La Dérobade
100. Faye Dunaway, en Network

Anuncios

Cien películas: Mis favoritas

(Relación flexible que puede variar en cualquier momento)

1. Julia, de Fred Zinnemann
2. El inquilino, de Roman Polanski
3. Satiricón, de Federico Fellini
4. Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet
5. Las tortugas pueden volar, de Bahman Ghobadi
6. La balada de Narayama, de Shohei Imamura
7. Adiós a mi concubina, de Chen Kaige
8. El tigre y el dragón, de Ang Lee
9. El Padrino, de Francis Ford Coppola
10. El Padrino II, de Francis Ford Coppola

11. Apocalipsis ahora, de Francis Ford Coppola
12. Ben Hur, de William Wyler
13. They Shoot Horses, Don’t They? (Baile de ilusiones), de Sydney Pollack
14. Última salida, Brooklyn, de Uli Edel
15. Chicago, de Rob Marshall
16. El silencio de los corderos, de Jonathan Demme
17. Mulholland Drive, de David Lynch
18. El maquinista, de Brad Anderson
19. Blade Runner, de Ridley Scott
20. Mi vida como un perro, de Lasse Hallström

21. Juegos prohibidos, de René Clément
22. El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner
23. La vida de Brian, de Terry Jones (Monty Python)
24. Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis
25. La mujer que canta (Incendios), de Denis Villeneuve
26. Oliver, de Carol Reed
27. Léolo, de Jean-Claude Lauzon
28. La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou
29. Spider, de David Cronenberg
30. La isla siniestra, de Martin Scorsese

31. Vampyr (La bruja vampiro), de Carl Theodor Dreyer
32. Nosferatu, una sinfonía del horror, de Friedrich Wilhelm Murnau
33. Freaks, de Tod Browning
34. La quimera del oro, de Charles Chaplin
35. Tiempos modernos, de Charles Chaplin
36. El acorazado Potemkin, de Serguéi M. Eisenstein
37. El jorobado de Nuestra Señora, de William Dieterle
38. Aventurera, de Alberto Gout
39. Los olvidados, de Luis Buñuel
40. Viridiana, de Luis Buñuel

41. Pink Floyd – The Wall, de Alan Parker
42. Fama, de Alan Parker
43. All That Jazz, de Bob Fosse
44. Cabaret, de Bob Fosse
45. Jesucristo superestrella, de Norman Jewison
46. La vida en rosa, de Olivier Dahan
47. Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles
48. Birdman, de Alejandro González Iñárritu
49. 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu
50. La sangre de Romeo, de Peter Medak

51. Repulsión, de Roman Polanski
52. Sunset Boulevard, de Billy Wilder
53. Nido de ratas / La ley del silencio, de Elia Kazan
54. Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan
55. Rumble Fish (La ley de la calle), de Francis Ford Coppola
56. Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), de George Roy Hill
57. El golpe, de George Roy Hill
58. Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese
59. El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff
60. El jardín secreto, de Agnieszka Holland

61. Zelig, de Woody Allen
62. Bananas, de Woody Allen
63. Manhattan, de Woody Allen
64. La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen
65. Toma el dinero y corre, de Woody Allen
66. Alice, de Woody Allen
67. Desde el jardín, de Hal Ashby
68. Tideland, de Terry Gilliam
69. Brazil, de Terry Gilliam
70. Delicatessen, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro

71. O Apóstolo, de Fernando Cortizo
72. Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
73. Shakespeare enamorado, de John Madden
74. La danza de los vampiros, de Roman Polanski
75. Amélie, de Jean-Pierre Jeunet
76. Y la nave va, de Federico Fellini
77. Marnie, de Alfred Hitchcock
78. Stoker, de Chan-Wook Park
79. Mezcal, de Ignacio Ortiz
80. Ella, de Spike Jonze

81. La guerra del fuego, de Jean-Jacques Annaud
82. Niña bonita, de Louis Malle
83. Bestias del sur salvaje, de Benh Zeitlin
84. Los niños del fin del mundo, de Marzieh Makhmalbaf
85. Los muchachos no lloran, de Kimberly Peirce
86. Taxi Driver, de Martin Scorsese
87. Toro salvaje, de Martin Scorsese
88. Naranja mecánica, de Stanley Kubrick
89. El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro
90. El laberinto de fauno, de Guillermo del Toro

91. Amén., de Costa-Gavras
92. Sophie Scholl – Los últimos días, de Marc Rothemund
93. El pianista, de Roman Polanski
94. La caída, de Oliver Hirschbiegel
95. El portero de noche, de Liliana Cavani
96. Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky
97. Desaparecido, de Costa-Gavras
98. La bruja de la guerra (Rebelde), de Kim Nguyen
99. Nosferatu, fantasma de la noche, de Werner Herzog
100. El cuervo, de Alex Proyas

De cameos y encamadas

Hace unos días, encontré por accidente o casualidad una copia de Amor eterno (2004), de Jean-Pierre Jeunet, entre mis DVD; yo no sabía que la tenía porque la devolví cuando me la regalaron hace unos años, y luego la pedí prestada junto con otras dos y lo olvidé. Recuerdo en cambio cuando la vi por primera vez; acababa de salir de una racha etílica o crisis alcohólica o recaída y sabía de la película El maquinista, de Brad Anderson, que estaba en cartelera, pero nomás en el Cine Reforma, y creía yo conocer la ubicación; en todo caso, era cosa de llegar al metro Reforma y preguntar… ¡Craso error! Un policía en dicha estación parecía contener la historia de todos los cines de la zona; sabía cuáles habían cerrado y reabierto con nuevos dueños, cuáles habían desaparecido, etcétera; pero de poco me sirvió tanta sapiencia, pues el nombre del cine más cercano, sobre Paseo de la Reforma, era otro; emprendí la búsqueda a pie y llegué hasta Chapultepec; comí en un restaurante y entré al multicinema que había determinado el límite de la caminata; entre las opciones estaba Amor eterno, “del director de Amélie“, decía el cartel. Yo no había visto Amélie (2001), pero estuvo en boca de tod@s y los comentarios eran favorables, así que opté por esta otra película, que también protagoniza Audrey Tautou, la actriz principal de Amélie. A mitad de la cinta, para mi sorpresa, aparece Jodie Foster hablando en francés perfectamente, y su capítulo culmina con escenas eróticas no menos sorprendentes. En su momento, creí que llamaban cameo a su intervención por encamarse con un fulano…

Amor eterno, cuyo título original es Un long dimanche de fiançailles, me parece una obra maestra, producción épica de alto presupuesto que nada le pide a Hollywood para efectos especiales de ambientación, pirotecnia y demás espectacularidad, con una trama igualmente laboriosa y compleja. Ahora que vuelvo a verla, para mi sorpresa, aparece Marion Cotillard en el sórdido papel de una prostituta corsa, experta en el arte del disfraz, que asesina, por venganza, llena de odio, altos mandos del ejército francés en plena guerra mundial; memorable personaje y perfecto desempeño de la actriz con el rostro más interesante del cine actual, que yo no conocía en 2004 y, en consecuencia, no podía reconocer. Todo cuanto hace, lo hace bien, pensé de Jodie Foster en aquel entonces y lo pienso ahora de Marion Cotillard. Es un hecho lamentable que, por ignorancia, no concedamos la importancia que tienen los grandes talentos en papeles secundarios, “de reparto”, como eufemísticamente se les llama; conociéndolos, se queda uno con ganas de más…

La caja de video digital contiene dos discos, uno con la película y otro con material adicional: un documental sobre la filmación, escenas suprimidas y comentarios del director, entre otras cosas. Es realmente una maravilla el cine, concluyo al verlo por delante y detrás de las cámaras y leer lo que se dice al respecto. Dicho sea con todo respeto, Amélie resulta una obra menor en comparación con Amor eterno, pero es de aceptación masiva y predilección mayoritaria por tratarse de una comedia ligera. Amor eterno, en cambio, es exhaustiva. Ahora me parece menos perfecta que la primera vez, y demasiado amarilla, como saturada… El final feliz es lo más débil, y tienen razón quienes critican el hecho de que la protagonista principal emprenda la búsqueda infatigable de un fulano sin chiste. Ni hablar. Cada quién su amor. El mío, por lo pronto, es para Marion Cotillard. ¡Fascinante!

Marion

Para mi gusto…

La secuencia fotográfica Para mi gusto -que no fue posible postear y por eso está publicada como página- es una pasarela femenina de belleza y talento que suelen coincidir, aunque no siempre con equilibrio. Jodie Foster, por ejemplo, no es comparable con Halle Berry, pero su proyección de inteligencia y fuerza la hace más interesante y atractiva en un sentido muy otro. Susan Sarandon tampoco está como para un concurso de belleza, pero es una de las mejores actrices del siglo pasado, al menos en Hollywood, y una mujer admirable en la vida real, como Jane Fonda, que no podía faltar, aunque tendrá su propia galería.

Comienzo con Naomi Watts por razones obvias; a pesar de King Kong y una que otra producción demasiado ínfima para ella, es una de las tres diosas actuales de la pantalla grande, tanto por su brillante carrera en general como por el instante de perfección y belleza concentradas que logró en Mulholland Drive.

Las otras dos monstruas del momento, sin lugar a dudas ni a discusión, son Marion Cotillard y Zhang Ziyi.

La musa francesa es Edith Piaf para el público de masas, pero también el rostro más interesante del cine en la actualidad y una mujer fascinante en la vida real, que transmite su encanto, sin escatimarlo, hasta en papeles tan menores como el que le dio Woody Allen.

Zhang Ziyi se ha permitido pecados peores que Naomi Watts (¡Tortugas ninja… per Deus!), pero es el personaje más entrañable en El tigre y el dragón, una de las diez mejores películas, para mi gusto siempre; la actuación más asombrosa de su carrera, sin embargo, no es la mejor película, sino La casa de las dagas voladoras. Además de una gran actriz, es una maestra en las artes marciales (desde el kung fu hasta el esgrima), es hermosa y joven, tiene una hermosa voz y, por si fuera poco, baila y canta (más o menos regular).

Sophie Marceau, en su momento, no se conformó con ser físicamente perfecta (cuanto más la veo, más me gusta), y Monica Bellucci sigue siendo el colmo de la sensualidad; no es casual que estos dos bellísimos seres terminaran unidos.

La gracia de Audrey Tautou, por su parte, conquistó al público de masas en el papel de Amélie, que ya es lugar común, pero luego estelarizó Amor eterno (muy superior, aunque menos digerible que la comedia), del mismo director, Jean-Pierre Jeunet.

Sobre los méritos de Winona Ryder, un ángel en desgracia, está por demás hablar.

Jennifer Jason Leigh, en cambio, podría calificarse como una actriz marginal por trabajar en producciones de bajo presupuesto, pero dándole a sus personajes tanta importancia como para terminar convertida en ellos. Personalmente, me basta con su actuación de prostituta intensa y amoral en Última salida a Brooklyn, el papel más impactante de la cinta y quizá de su carrera, aunque después (14 años, para ser exactos) participó en otra película importante para mí: El maquinista, de Brad Anderson, tan representativa del drama sicológico o psicodrama como el trabajo de Polanski o Cronemberg en el mismo sentido (algunos asocian esa pieza excepcional con Hitchcock y Lynch, quizá desde la pedantería o para efectos publicitarios).

Isabelle Adjani es la única persona, hombre o mujer, que actúa en dos películas de mi decálogo: El inquilino, de Polanski, y Nosferatu, de Herzog; la primera es insuperable, salvo acaso por la actuación de Catherine Deneuve en Repulsión, antecedente del mismo director en este género.

Con la enigmática belleza de Nastassja Kinski me permití convertir la foto de su rostro en una obra de arte (modestia aparte), y con la foto regular de sus formidables piernas hice una edición experimental (con dos o tres excepciones, todas las fotos fueron mejoradas).

Keira Knightley no es una buena actriz; por el contrario, es tan mala que, al gesticular, afea su rostro dizque perfecto y, de todos modos, ese rostro es quizá la causa de otro privilegio: la oportunidad de participar en películas de gran presupuesto. Por lo demás, también la pretendida perfección de esta mujer esquelética es mediocre; prefiero verla en fotos que en el cine. Al ver por primera vez el rostro de Catherine Zeta Jones, en cambio, se me hizo nudo la garganta, pero trece años después no estoy seguro de que sea una buena actriz (sobre Keira Knightley no hay duda: es pésima).

A Brigitte Bardot, por último, prefiero verla en pantalla que en monitor, como a Marilyn Monroe, que no me gusta mucho y, si la veo demasiado, me cae gorda.

 

De Jane Fonda a Naomi Watts

baile(Segunda parte)

La fuerza que proyecta Naomi Watts en 21 gramos (México, EUA, 2003), de Alejandro González Iñárritu, es comparable con la que transmite Jane Fonda en Baile de ilusiones (EUA, 1969), de Sydney Pollack, 34 años antes, pero 21 gramos es inferior y de ahí que la magistral actuación de tod@s, empezando por la mujer británica de nacimiento que adoptó la nacionalidad australiana, tampoco alcance la perfección dramática ni la trágica intensidad de la protagonista principal en Danzad, danzad, malditos, pues además el personaje que interpreta Naomi, al final es imperdonablemente ambiguo.

En They Shoot Horses, Don’t They? (título idóneo para la novela, pero erróneo para la película, en términos comerciales), Jane oscila entre la máxima tensión y el sutil intercambio de miradas, cuando responde que no a la sonrisa de un hombre que la desea, instante de inteligente y elegante discreción para la que no obsta que su personaje sea francamente sórdido por una insoportable carga de amargura y frustración; su pareja en turno sufre un infarto en el clímax del maratón y ella entonces arrastra el peso muerto del anciano para no quedar fuera de la carrera; el drama se concentra, su intensidad repunta, logra un resumen que alcanza la máxima tensión, valga la insistencia, y pone a prueba la capacidad física y actoral de la extraordinaria y entrañable actriz, la lleva literalmente hasta el límite y ella lo supera, pues lo único insuperable aquí es ella.

En 21 gramos, Naomi Watts no cuenta quizá con una ocasión semejante, pero el mérito estriba en la proyección que personalmente confiere a su papel: cuando pasa de los besos a los golpes, por ejemplo, ese temperamento impulsivo y compulsivo es la culminación de su actuación, convincente de por sí, en toda la película; es el momento de mayor intensidad, que supera inclusive a las secuencias más violentas; el rostro enrojece porque la sangre sube y dilata una vena en la frente, que salta a la vista. Sean Penn sostiene con ambas manos esa cara para reprimir los besos, y los rasgos faciales se orientalizan, los ojos (hermosos y anglosajones, agudos por la inteligencia de su mirada y no por ser orientales) son ligeramente rasgados por un instante; aunque parece contener lava, un eufemismo de neurosis, la expresión embellece todavía más ese rostro. No es necesario narrar lo que sigue, que él confiesa: “Tengo el corazón de tu esposo”, y ella enfurece, la ira se hace volcán. “¿Cómo te atreves?” -espeta entre golpes que terminan echándolo a la calle. Aunque sea presuntuoso, percibo cuando las actrices improvisan: la frase “¡me das asco!” no está en el guión; “¡no puedo respirar!” -tampoco.

Jane Fonda improvisa dos veces en Klute, o El pasado me condena (EUA, 1971), de Alan Pakula, durante la sesión con el sicoanalista (refriteada en Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis, pero sin la improvisación), y cuando se desnuda narrando una historia ante los ojos del anciano que le paga para eso; ese momento, por cierto, es más sensual que erótico. Hacia el final, su personaje llora y, entre las lágrimas, derrama un moco; en vez de limpiarse la nariz y repetir la escena, se limpia con la mano sin dejar de actuar. Por esa película, incomparablemente menor que Julia (EUA, 1977), de Fred Zinnemann, y Baile de ilusiones, recibió un Óscar… Pobres gringos: su estupidez no tiene remedio.

En la entrevista que Jane Fonda concede a Juan Villoro, la gran maestra en el arte de la improvisación revela un interesante secreto: si la época es actual, ella puede identificarse con su personaje hasta el punto de actuar espontáneamente; si la época es otra, como en Gringo viejo (EUA, 1989), de Luis Puenzo, esa posibilidad se cancela; en consecuencia, su improvisación en Julia es más bien desafortunada, pues la época es intermedia; si la catarsis histérica en que avienta la máquina de escribir por la ventana es improvisada, retiro lo dicho. Las improvisaciones de Fonda suelen ser geniales, y las de Watts, desafortunadas. La peor ocurre en Mulholland Drive (EUA, 2001), del denso David Lynch, cuando ella sufre un sacudimiento parecido a la epilepsia, pero esquizofrénico. Esa película tiene dos partes: la primera corresponde a tres semanas de sueños y la segunda es el despertar a una realidad opuesta; de ahí que los imaginativos “traductores” la intitularan como Sueños, misterios y secretos; el mismo personaje muestra dos facetas contrarias; una es dulce y sonriente, huera y burguesa; otra es amarga y neurótica, demacrada y ruinosa; en la media hora final, su intensidad es mayor que durante las dos horas de 21 gramos, y dentro de esa parte ocurre una secuencia de celos que, sin temor a exagerar, es la cumbre de la perfección actoral, no sólo en su brillante carrera, sino en la de todos los astros del firmamento. Con una fuerza expresiva de calidad que hasta entonces no había logrado más que Jane Fonda, la rubia de piel pálida y ojos color cielo enrojece al ver que su amante y otra mujer murmuran y la miran antes de besarse en la boca; una lágrima sintetiza o condensa los celos y la humillación, y es el instante de máxima belleza en toda la historia del cine.

Hace años, un amigo que se dice poeta, pero no hace más que mantener su perpetua ebriedad, me hablaba de la gota sublime que aspiran a derramar ciertas culturas orientales como culminación de la creación artística, instante para el cual esperan toda una vida o más de una, durante generaciones enteras; esa gota sublime derrama Naomi en la cima de media hora durante la cual concurre su talento y el de Lynch, principalmente. No siempre ocurre un milagro semejante al concurrir talentos como los de Cronenberg, Mortensen y Watts en Promesas del Este (Canadá, Reino Unido, 2007), que resultó más bien decepcionante ante las expectativas causadas por la conjunción de grandes personalidades, o los de Neil Jordan y Jodie Foster en The Brave One (titulada en español como Valiente o La extraña que hay en ti), el mismo año, versión “femenina” de El vengador anónimo (femenina entre comillas porque hasta camina como Charles Bronson).

La insuperable dejó de serlo en la medida que Naomi ha logrado instantes de belleza y perfección equivalentes a piezas de un orgasmo, pero le falta mucho para superar la carrera de Jane Fonda y podría caer en la tentación taquillera por el estilo de King Kong, fácilmente. Por lo demás, la faceta de luchadora social hace de Jane Fonda una mujer admirable, actriz inmensa que además produjo unas cuarenta películas y escribe casi como l@s grandes; en eso, difícilmente podrá superarla nadie.

davidlynch

Backyard / El traspatio

Es un buen intento de aproximación al tema del holocausto en Ciudad Juárez, Chihuahua. La película plantea diversas hipótesis, todas válidas: una maraña criminal al servicio de personajes como «El Egipcio», que le ha servido a la policía para solapar sus propias trapacerías o al menos su ineficiencia, ineficacia, ineptitud exasperante y escandalosa, que inspira desconfianza y sospecha, porque no puede ser ajena a la corrupción; lo que ocurre en Ciudad Juárez y otras ciudades no sería posible sin una amplia red de complicidades en todas las esferas, desde lo más básico hasta las cumbres del poder político (poder formal, diría Lydia Cacho, en la medida que detrás está el poder fáctico del crimen organizado), para crear un ámbito de impunidad en el que la barbarie deja de ser noticia, se vuelve cotidiana y normal, si acaso materia prima para la prensa alarmista y la nota roja.

Con recursos periodísticos / informativos que hacen del thriller policiaco un documental, casi reportaje, el planteamiento de la información es correcto, aunque no aporta nada nuevo al público medianamente informado; la falla está en que, por momentos, es denso y, por momentos, aburrido, soporífero. No hay equilibrio entre la documentación y la acción. Los méritos del guión de Sabina Berman se pierden en la dirección de Carlos Carrera, que no está a la altura de las expectativas (por el éxito de El crimen del padre Amaro como precedente), al romper el ritmo a cada paso. Por lo demás, la trama se queda corta en su denuncia, si es que pretende tal cosa, pues los empresarios maquiladores no pasan de “las heladas aguas del cálculo egoísta” a la probabilísima perversidad o perversión, y el gobernador es un hombre con buenas intenciones y voluntad, pero políticamente impotente, frustrado, maniatado, que dedica entonces su atención a la imagen pública y desatina en la elección de su gabinete. Una historia valiente haría sospechosos a todos los políticos, incluyendo a los gobernadores y presidentes, los del municipio y los del país, así como a los empresarios con quienes hay una relación de favores mutuos.

Otras fallas de la película están en la personificación de los dos héroes. Para empezar, el hecho de que haya héroes en el cine parece un vicio contagioso, y tratándose de Ciudad Juárez es imperdonable. A eso hay que agregar que Ana de la Reguera, quizá para quitarse el estigma de mujer bonita que tanto estorba a su escaso talento, se dejó demacrar y engordar las chaparreras hasta que su cara pareciera la de una indigente y su cuerpo el de una cincuentona sedentaria. En el papel de mujer policía que dispara con la mano izquierda (¡qué original!), es la antítesis de Jodie Foster en El silencio de los inocentes. No menos convincente es el locutor que funge como autoridad moral de la trama, la voz de la conciencia, encarnada por un actor que ni por asomo habla como locutor y hace un aspaviento grotesco al sacar su grabadora como si desenfundara una pistola en su no-entrevista a la mujer policía, quien termina la conversación con una frase lamentable: “Hágame un favor: a mí ni me mencione”. Hasta ese instante uno suponía que ella era una mujer inteligente y sensible, no una débil mental que terminará convertida en la versión femenina de Harry el sucio.

En resumidas cuentas, se trata de un esfuerzo honesto, pero con más fallas que méritos. Los errores menores abundan y para muestra un botón: un policía raso mira a la cámara dos veces al encontrar el cuerpo de una víctima en la árida soledad del desierto.

Ni hablar del título… ¡Hasta aquí!

Posdata Cineteca Nacional. Todo ha cambiado para seguir igual. En aras de la transparencia, los secuestradores del recinto dizque “nacional” y saboteadores profesionales del cine mundial tienen la obligación de informar cuánto han gastado en una “modernización” que se detiene a las puertas de las salas de proyección, y el público tiene derecho a conocer esa información. Además del carísimo desastre que es ahora el estacionamiento y la franquicia a los explotadores del Café La Selva, ¿qué hace falta para que las películas sean proyectadas con la calidad de imagen que existe en cualquier sala comercial de cualquier ciudad del país y del mundo? ¿Qué hace falta para que se vayan todos, empezando por el director y el que cobra por estorbar el paso del público en las escaleras con su obesidad y deformidad aguada?

Posdata Sala Nezahualcóyotl. Vengo de ahí. Fui a la presentación del libro Espejos, de Eduardo Galeano. La sala se llenó hasta su máxima capacidad, y cientos de personas quedamos fuera… Me alegra que sucedan estas cosas. Desde la presentación de Samuel Ruiz en el Auditorio Ché Guevara hace quince años, yo no había visto que se repitiera este fenómeno. Ayer ocurrió lo mismo en el Palacio de Bellas Artes. Por lo visto, el público de la Cineteca Nacional es el que merece la Cineteca Nacional. El que aglomeró hoy la Sala Nezahualcóyotl merece algo mejor o, mejor dicho, algo bueno.

[] Iván Rincón 9:54 PM

Posdata posterior al post anterior. No era necesario llevar tan lejos la memoria. Ahora recuerdo que, también al presentarse José Saramago en el Palacio de Bellas Artes, cientos de personas tuvieron que escucharlo desde afuera. Después me decepcionó el escritor con las estupideces que dijo sobre las FARC, estupideces por las que una inteligencia superior a la suya, la de James Petras, lo hizo añicos. Eduardo Galeano, en cambio, nunca me decepcionará; por el contrario, parece confirmar que no hay mayor carisma ni magia más seductora en la personalidad que la inteligencia.