Mis preferidas

Esta selección de las cien mejores actuaciones femeninas del cine se basa en mi gusto personal y no en consensos de supuestos expertos ni en votaciones de cinéfilos ni en premios; son las interpretaciones actorales que más me convencen, las que me han impactado emocionalmente con más fuerza, por su perfección, su intensidad, su belleza. Hasta el orden tiene un sentido personal: comienzo con mis favoritas y continúo con una, también subjetiva, aproximación a las categorías y los géneros: películas menores pero con actuaciones mayores, clásicos universales y lugares comunes, cine mexicano y español, horror y drama sicológico… En el bloque final están las recomendaciones de los participantes en distintos foros de cine cuando publiqué un avance de esta selección, películas acerca de las cuales investigué y supe que ya las había visto, pero no pasaron la prueba del añejo.

Aunque hay actrices que tienen más de una gran actuación en su carrera, preferí elegir una actuación por actriz, a diferencia de las películas, algunas de las cuales cuentan con dos actuaciones femeninas que destacan: aquí he relacionado tres. Y así como no discrimino películas menores (por un gusto que incluye provocar antipatía de pedantes y puristas), me permito incluir dos largometrajes cuyas mejores estrellas brillan no más de media hora.

Desde luego, me falta mucho por ver y revisar. De las recomendaciones recientes en este rubro, tengo por lo menos diez películas en DVD, así que tal vez haga pequeños cambios en el listado próximamente.

1. Jane Fonda, en They Shoot Horses, Don’t They?
2. Marion Cotillard, en La vida en rosa
3. Rachel Mwanza, en La bruja de la guerra (Rebelde)
4. Charlize Theron, en Monster
5. Naomi Watts, en Mulholland Drive (media hora final)
6. Jodie Foster, en El silencio de los corderos
7. Jennifer Jason Leigh, en Última salida, Brooklyn
8. Elisabeth Shue, en Adiós a Las Vegas
9. Gwyneth Paltrow, en Shakespeare enamorado
10. Zhang Ziyi, en La casa de las dagas voladoras
11. Catherine Deneuve, en Repulsión
12. Jenn Murray, en Dorothy Mills
13. Miranda Richardson, en Spider
14. Emmanuelle Riva, en Amor
15. Lena Olin, en La sangre de Romeo
16. Renee Zellweger, en Chicago
17. Chloë Sevigny, en Los muchachos no lloran
18. Michelle Williams, en Mujer contra mujer (segundo segmento)
19. Irène Jacob, en La doble vida de Verónica
20. Elle Fanning, en Ginger y Rosa
21. Vanessa Redgrave, en Isadora
22. Valérie Kaprisky, en Milena

23. Gena Rowlands, en Gloria
24. Cate Blanchett, en Jazmín azul
25. Rebecca de Mornay, en La mano que mece la cuna
26. Mia Wasikowska, en Stoker
27. Nathalie “Tippi” Hedren, en Marnie
28. Lubna Azabal, en La mujer que cantaba (Incendios)
29. Sumiko Sakamoto, en La balada de Narayama

30. Gloria Swanson, en Sunset Boulevard
31. Bette Davis, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
32. Joan Crawford, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
33. Anne Baxter, en All About Eve
34. Gene Tierney, en El filo de la navaja
35. Elizabeth Taylor, en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
36. Marlene Dietrich, en El ángel azul
37. Maria Falconetti, en La pasión de Juana de Arco
38. Irene Papas, en Electra
39. Ingrid Bergman, en Sonata de otoño
40. Silvana Mangano, en Arroz amargo
41. Sophia Loren, en Dos Mujeres
42. Giulietta Masina, en Las noches de Cabiria
43. Anna Magnani, en Mamma Roma
44. Katy Jurado, en High Noon
45. Eva Marie Saint, en On the Waterfront
46. Lee Remick, en Días de vino y rosas
47. Shirley MacLaine, en El apartamento
48. Vivien Leigh, en Lo que el viento se llevó
49. Hattie McDaniel, en Lo que el viento se llevó
50. Liza Minnelli, en Cabaret
51. Charlotte Rampling, en El portero de noche
52. Meryl Streep, en La decision de Sophie
53. Julie Christie, en Doctor Zhivago

54. Felicity Huffman, en Transamérica
55. Kate Winslet, en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
56. Audrey Tautou, en Amèlie
57. Diane Keaton, en Annie Hall
58. Whoopi Goldberg, en El color púrpura
59. Holly Hunter, en El Piano
60. Janet McTeer, en Albert Nobbs
61. Judi Dench, en Su majestad, Sra. Brown

62. Francesca Neri, en Las edades de Lulú
63. Carmen Maura, en La comunidad
64. Laia Marull, en Te doy mis ojos
65. Ninón Sevilla, en Aventurera
66. Martha Roth, en Una familia de tantas
67. Stella Inda, en El rebozo de Soledad
68. Tina Romero, en Alucarda

69. Sissy Spacek, en Carrie
70. Piper Laurie, en Carrie
71. Linda Blair, en El exorcista
72. Charlotte Gainsbourg, en Anticristo
73. Isabelle Adjani, en Posesión
74. Ellen Burstyn, en Réquiem por un sueño
75. Isabella Rossellini, en Terciopelo azul
76. Isabelle Huppert, en La pianista
77. Mo’Nique, en Precious
78. Ellen Page, en Niña mala
79. Julianne Moore, en Siempre Alice
80. Gong Li, en Regreso a casa

Tralala Jason Leigh

81. Alicia Vikander, en La chica danesa
82. Reese Witherspoon, en Alma salvaje
83. Adèle Exarchopoulos, en La vida de Adèle
84. Léa Seydoux, en La vida de Adèle
85. Rooney Mara, en Carol
86. Brie Larson, en La habitación
87. Juliette Binoche, en Damage
88. Hilary Swank, en Million Dollar Baby
89. Jessica Lange, en Frances
90. Louise Fletcher, en Alguien voló sobre el nido del cuco
91. Susan Sarandon, en Pena de muerte
92. Halle Berry, en Monster’s Ball
93. Helen Mirren, en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
94. Diane Lane, en Bajo el sol de la Toscana

95. Kathy Bates, en Misery
96. Emma Thompson, en Lo que queda del día
97. Debra Winger, en Tierras de penumbra
98. Glenn Close, en Dangerous Liaisons
99. Maria Schneider, en La Dérobade
100. Faye Dunaway, en Network

Cien películas: Mis favoritas

(Relación flexible que puede variar en cualquier momento)

1. Julia, de Fred Zinnemann
2. El inquilino, de Roman Polanski
3. Satiricón, de Federico Fellini
4. Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet
5. Las tortugas pueden volar, de Bahman Ghobadi
6. La balada de Narayama, de Shohei Imamura
7. Adiós a mi concubina, de Chen Kaige
8. El tigre y el dragón, de Ang Lee
9. El Padrino, de Francis Ford Coppola
10. El Padrino II, de Francis Ford Coppola

11. Apocalipsis ahora, de Francis Ford Coppola
12. Ben Hur, de William Wyler
13. They Shoot Horses, Don’t They? (Baile de ilusiones), de Sydney Pollack
14. Última salida, Brooklyn, de Uli Edel
15. Chicago, de Rob Marshall
16. El silencio de los corderos, de Jonathan Demme
17. Mulholland Drive, de David Lynch
18. El maquinista, de Brad Anderson
19. Blade Runner, de Ridley Scott
20. Mi vida como un perro, de Lasse Hallström

21. Juegos prohibidos, de René Clément
22. El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner
23. La vida de Brian, de Terry Jones (Monty Python)
24. Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis
25. La mujer que canta (Incendios), de Denis Villeneuve
26. Oliver, de Carol Reed
27. Léolo, de Jean-Claude Lauzon
28. La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou
29. Spider, de David Cronenberg
30. La isla siniestra, de Martin Scorsese

31. Vampyr (La bruja vampiro), de Carl Theodor Dreyer
32. Nosferatu, una sinfonía del horror, de Friedrich Wilhelm Murnau
33. Freaks, de Tod Browning
34. La quimera del oro, de Charles Chaplin
35. Tiempos modernos, de Charles Chaplin
36. El acorazado Potemkin, de Serguéi M. Eisenstein
37. El jorobado de Nuestra Señora, de William Dieterle
38. Aventurera, de Alberto Gout
39. Los olvidados, de Luis Buñuel
40. Viridiana, de Luis Buñuel

41. Pink Floyd – The Wall, de Alan Parker
42. Fama, de Alan Parker
43. All That Jazz, de Bob Fosse
44. Cabaret, de Bob Fosse
45. Jesucristo superestrella, de Norman Jewison
46. La vida en rosa, de Olivier Dahan
47. Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles
48. Birdman, de Alejandro González Iñárritu
49. 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu
50. La sangre de Romeo, de Peter Medak

51. Repulsión, de Roman Polanski
52. Sunset Boulevard, de Billy Wilder
53. Nido de ratas / La ley del silencio, de Elia Kazan
54. Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan
55. Rumble Fish (La ley de la calle), de Francis Ford Coppola
56. Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), de George Roy Hill
57. El golpe, de George Roy Hill
58. Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese
59. El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff
60. El jardín secreto, de Agnieszka Holland

61. Zelig, de Woody Allen
62. Bananas, de Woody Allen
63. Manhattan, de Woody Allen
64. La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen
65. Toma el dinero y corre, de Woody Allen
66. Alice, de Woody Allen
67. Desde el jardín, de Hal Ashby
68. Tideland, de Terry Gilliam
69. Brazil, de Terry Gilliam
70. Delicatessen, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro

71. O Apóstolo, de Fernando Cortizo
72. Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
73. Shakespeare enamorado, de John Madden
74. La danza de los vampiros, de Roman Polanski
75. Amélie, de Jean-Pierre Jeunet
76. Y la nave va, de Federico Fellini
77. Marnie, de Alfred Hitchcock
78. Stoker, de Chan-Wook Park
79. Mezcal, de Ignacio Ortiz
80. Ella, de Spike Jonze

81. La guerra del fuego, de Jean-Jacques Annaud
82. Niña bonita, de Louis Malle
83. Bestias del sur salvaje, de Benh Zeitlin
84. Los niños del fin del mundo, de Marzieh Makhmalbaf
85. Los muchachos no lloran, de Kimberly Peirce
86. Taxi Driver, de Martin Scorsese
87. Toro salvaje, de Martin Scorsese
88. Naranja mecánica, de Stanley Kubrick
89. El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro
90. El laberinto de fauno, de Guillermo del Toro

91. Amén., de Costa-Gavras
92. Sophie Scholl – Los últimos días, de Marc Rothemund
93. El pianista, de Roman Polanski
94. La caída, de Oliver Hirschbiegel
95. El portero de noche, de Liliana Cavani
96. Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky
97. Desaparecido, de Costa-Gavras
98. La bruja de la guerra (Rebelde), de Kim Nguyen
99. Nosferatu, fantasma de la noche, de Werner Herzog
100. El cuervo, de Alex Proyas

Birdman

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Hazaña técnica y narrativa mediante la simbiosis entre guión y dirección de cámaras para que toda la película, salvo el brevísimo preámbulo y el epílogo como respiro necesario, parezca una sola toma que recorre los recovecos y alrededores de un teatro de Broadway. El desplazamiento de la cámara, unas veces en mano, otras montada en rieles, o momentáneamente fija, se hace uno también con la edición digital, para llevar hasta sus últimas consecuencias la audacia de secuencias como la más larga y compleja de La vida en rosa (Francia, 2007), de Olivier Dahan, que recorre los pasillos interiores de una casa y desemboca en un escenario teatral durante seis o siete minutos. En Birdman, esta audacia dura cien minutos, y el virtuosismo en este sentido explora todas las posibilidades escénicas sin perder continuidad en ningún momento: la cámara mira al cielo y vemos anochecer o amanecer con tomas que requieren de muchas horas de rodaje continuo para ser expuestas en resumidas cuentas durante unos segundos; la imaginación del protagonista vuela más allá de los efectos especiales; la pantalla de un iPhone se fusiona con la de un televisor y nos encontramos de pronto en un bar; un laborioso traveling sube desde la calle por el muro externo del teatro y entra por una ventana a través de un balcón de herrería por donde no cabe una cámara. Así todo por el estilo, que a ratos adquiere una densidad ligeramente opresiva para alguien claustrofóbico. El resultado en general es más bien alucinante. Dependerá en buena medida del estado de ánimo experimentar claustrofobia o claustrofilia en el recorrido intimista por interiores con diálogos ídem.

Para lograr lo anterior, la estructura del guión es concebida también en función de la continuidad narrativa. Un diálogo es unido al siguiente con un simple cambio de personaje o la transición de la mirada subjetiva cuando camina de un camerino a otro o alguna otra parte del teatro, salvo las esporádicas escenas en exteriores. Y narra una historia en tiempo real, salvo los mencionados resúmenes de la noche que pasa ante nuestros ojos en segundos.

Birdman (hombre pájaro) es el nombre del superhéroe protagonizado años antes por un actor esquizofrénico y entrado en años (Michael Keaton), que se propone pagar el precio necesario, por alto que sea, para salir del encasillamiento comercial y sortear la decadencia propia de la vejez. Birdman es gloria pretérita y ahora el actor es el protagonista de una obra de teatro dirigida por él mismo, que adapta el libro de fábulas de Raymond Carver De qué hablamos cuando hablamos de amor. Lo hace con un productor cómplice (Zach Galifianakis) y un colega difícil por su narcisismo (Edward Norton), una asistente con vocación de perdedora que es su hija (Emma Stone), una amante bisexual (Andrea Riseborough) que seduce a la actriz principal (Naomi Watts), y una ex esposa (Amy Ryan) que asume el fracaso de su matrimonio con solidaridad. Al margen del proyecto, una crítica entre amarga y amargada (Lindsay Duncan) se ha propuesto destruirlo por prejuicios confundidos con principios éticos. Los críticos profesionales no gozan aquí de simpatía, y los ejemplos de actores exitosos son estrellas mediocres por el estilo de Meg Ryan, Ryan Gosling y George Clooney, entre otros. Abunda ironía y humor sardónico, siempre con sutil elegancia, que alude a la servidumbre de la fama y sus lacras, como la superficialidad mediática y la cirugía plástica. Hay un instante de crítica implacable al cine de efectos especiales que produce Hollywood, así como a la miseria del público al que se dirige y, por lo visto, no supo apreciar esta obra de arte.

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Todo el elenco actoral hace bien su trabajo, empezando por Keaton en el papel protagónico, al que sigue Stone como la hija rebelde, Norton como histrión insufrible, Watts como cuarentona que llora como niña, Galifianakis, Riseborough, Ryan, Duncan. Todos bien (con la única salvedad de que Naomi parece tener el rostro hinchado). Para lograr la hazaña de la narración continua era necesario un trabajo de equipo sincronizado con la precisión de un reloj y eso es precisamente lo que vemos.

Mención especial merece el mérito de Emmanuel Lubezki (alias El Chivo) como director de cámaras, que había triunfado el año pasado con Gravity, de Alfonso Cuarón.

Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia) es el título completo porque así titula su crítica la mujer-autoridad en la materia que opta finalmente por glorificar el sacrificio del actor de cine comercial venido a autor de teatro serio.

Por lo demás, la película es un tributo a Broadway y al jazz. Y si acaso tenía un precedente en términos narrativos es tan lejano como el divertimento de Luis Buñuel, El fantasma de la libertad (Francia, 1974), que narra varias historias como viñetas al hilo, o películas menores que simulan una sola toma, como La soga (EUA, 1948), de Alfred Hitchcock.

Alejandro González Iñárritu, director de la exitosa «Trilogía de la muerte», había dirigido Biutiful en 2010, que pasó sin pena ni gloria, y Birdman lo consagra como uno de los realizadores más originales y temerarios del mundo, algo así como un transgresor que toma muy en serio su disposición a correr riesgos.

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Mulholland Drive

Mulholland Drive

Obra maestra del siempre denso y transgresor David Lynch; puzzle onírico de suspenso que, durante las primeras dos horas, nos conduce a través de la oscuridad por los sueños de una mujer enamorada y, en la media hora final, relata una historia de amargo, dramático y trágico desamor.

El título es el nombre de una carretera de Los Ángeles, California, en donde tienen lugar los hechos. El nombre de la cinta en español es Sueños, misterios y secretos, salvo en Argentina, que la tituló El camino de los sueños. En España, que suele tener mayor acierto que Hispanoamérica en la traducción de los títulos, se llama Mulholland Drive, sin traducción.

Advertencia: este análisis revela detalles de la trama y el final, desvela sus misterios, así que, si no has visto la película, por ningún motivo leas lo que sigue.

Para entender la película es indispensable verla más de una vez, en parte, por la narración discontinua, tanto que algunos hechos no tienen explicación sino hasta la media hora final; otros no tienen explicación en ningún momento, a menos que sea metafísica, más que subjetiva y personal.

La película dura 147 minutos y está dividida en dos partes; durante casi dos horas (117 minutos), la primera narra dos historias entreveradas que, en apariencia falsa, no tienen relación. Se trata de viñetas que la protagonista sueña durante tres semanas en las que duerme abatida por una profunda depresión. Salvo una escena inicial que, al ver la película por primera vez, pasa desapercibida, y salvo también el enrarecido ambiente, próximo al surrealismo, nada nos aclara que se trata de sueños y, por el contrario, reviste de oscuridad la complejidad y viceversa. La media hora siguiente (30 minutos exactos, contando casi cuatro de créditos finales) es el despertar, que alterna con recuerdos esclarecedores.

En la primera parte, Naomi Watts se llama Betty Elms y su personalidad es ingenua y dulce, a diferencia de la parte final, cuando se llama Diane Selwyn y es neurótica, intensa y amargada, papel que le sienta mejor que ningún otro, como lo confirmaría dos años después en 21 gramos (Estados Unidos, 2003), de Alejandro González Iñárritu.

Unavoidable Spoiler

Diane Selwyn manda matar a Camilla Rhodes (Laura Harring), actriz latina que fuera su amante y próximamente se casaría con el director de cine Adam Kesher. El asesino a quien contrata, le dice que, cuando el trabajo esté hecho, encontrará una llave azul, “ya sabes dónde”. Diane despierta y, al pasar por la sala, camino a la cocina, vemos la llave azul sobre una pequeña mesa. Luego de una alucinación desconcertante, se prepara café y, mientras lo bebe, tiene recuerdos narrados como analepsis; el último de esos recuerdos es el momento en que contrata al matón en un café Winkie’s. Diane está ojerosa, demacrada y neurótica porque no ha dormido (cabe suponer) desde que su amante la traicionó, exhibiendo un amasiato con otra mujer y anunciando su próximo matrimonio con el director de cine. Según su gafete, la mesera que los atiende se llama Betty, nombre que Diane adopta en sus sueños…

Todo eso es desconocido para quien ve la película por primera vez. Para empezar, vemos que una mujer latina sobrevive a un brutal accidente en la carretera, pero pierde la memoria y termina escondiéndose en una casa que será el alojamiento temporal de Betty, quien la encuentra desnuda bajo la regadera y le pregunta su nombre; la mujer ve un cartel de Rita Hayworth en la pared del baño y responde que se llama Rita. Betty es aspirante a actriz; su tía es empresaria del cine y, mientras está en Canadá realizando una película, le ha dejado la casa para que inicie su carrera en Hollywood. Cuando la falsa Rita entiende que su amnesia no es pasajera, que ni el regaderazo ni la siesta le devuelven la memoria, confiesa su angustiante situación, y Betty trata de ayudarla a averiguar su identidad. Mientras toman café en Winkie’s, Rita observa que la mesera se llama Diane y entonces asocia el apellido Selwyn con ese nombre. Lo buscan en el directorio, consiguen una dirección, la visitan, allanan la morada y encuentran un cadáver. El sueño es premonitorio, pues la película termina con el suicidio de Diane…

01Está claro que Lynch se propuso que nada estuviese claro en principio y para ello recurrió también a los símbolos oníricos, algunos de los cuales no son explicados en ningún momento, como el cubo azul que si acaso contiene algo es una ruptura entre los sueños y la realidad, así como su asociación inconsciente con la llave azul que no abre nada y sirve más bien como anuncio de que el asesinato está consumado, o el indigente que sólo aparece en sueños sin relación con personaje alguno de la media hora final, o sea, la realidad, o la clarividente medio demente que tampoco tiene conexión explicable con esa realidad, o el Club Silencio que, además de su función estética, parece una metáfora del engaño como representación escénica y, para mi gusto, es un pasaje más bien desafortunado (por salud mental, conviene ignorar las interpretaciones sicológicas, acaso más pedantes que las disertaciones metafísicas).

Las secuencias oníricas hacen una crítica y una denuncia de las mafias que, desde la sombra, controlan la industria cinematográfica en Hollywood hasta el punto de que los grandes capos son dueños de los realizadores y deciden sus vidas, sus éxitos y fracasos, y hasta sus muertes en algunos casos. La crítica-denuncia en clave de sátira tiene un tono de burla mordaz, y algunos pasajes con este fin resultan literalmente geniales, empezando por el primero, cuando los hermanos con apellido polaco le dicen al director, en reunión ejecutiva de alto nivel, quién debe ser su actriz protagónica.

Los tres actores principales son excelentes: Justin Theroux es simplemente perfecto, por no decir genial, en el papel de director (que también lo es en la vida real, por cierto). Laura Harring está bien, pero cuando habla en español (unas cuantas líneas, por suerte) cambia el timbre de su voz y es horrible. Naomi, como he dicho, es más convincente en papel neurótico-amargado que en plan dulce-ingenuo, y la media hora final contiene una escena de celos que alcanza la cumbre actoral, no sólo de la película, sino de toda su carrera y, a riesgo de parecer exagerado, la de todas las actrices en la historia del cine universal. Esa escena, entre otras, hace imperdonablemente mezquino reparar en la imperfección física de la extraordinaria, maravillosa y fascinante actriz, que no por nada saltó a la fama con esta película y se confirmó en 21 gramos, su trabajo siguiente, al encarnar un papel también intenso, no en la media hora final, sino durante las dos horas que dura la película. Después ha decaído con papeles que no están a la altura de su capacidad.

En cuanto a Lynch, Mulholland Drive reproduce algunos esquemas de Terciopelo azul (Estados Unidos, 1986), como el de una mujer clara y otra oscura, el ambiente onírico de telón teatral y una representación en resumen, la narración entreverada que hace complejo y, en principio, inentendible todo. Tanto el guión como la dirección en ambos casos podría ser material de estudio en una escuela de cine.

El único defecto de Mulholland Drive, según mi percepción, es la censura del pubis de Laura Harring cuando hace un desnudo total. Cabe suponer que, por haber sido realizada inicialmente como episodio piloto para la televisión, ese desnudo era impensable, lo cual me parece doblemente estúpido: para empezar, el manejo de los horarios en televisión abierta permite mostrar de todo, y en segundo lugar, aunque fuera realmente necesaria la censura (que no es el caso y ni siquiera debería existir), podía aplicarse a una copia y no al original, de modo que pudiera venderse en DVD y exhibirse en salas de cine sin filtro alguno: el que vemos tiene el efecto contaminante de una mancha.

Secuencias y escenas memorables: además de la reunión ejecutiva con su café expreso más importante que todo lo demás, y la escena de celos con su lágrima sublime de irrepetible perfección, el momento en que Naomi se masturba llorando es tan desolador que toca fibras sensibles en un sentido profundamente solidario, mientras que la pésima racha del director nos hace caer en la contradicción de la identificación también solidaria y la risa por diversión, a diferencia del humor negro en la secuencia de los desastrosos asesinatos, y el humor más bien irónico en las ridículas actitudes y los absurdos comportamientos de las estrellas de cine durante su audición.

Si la complejidad de esta película hace minoritario su público, el ritmo pausado lo hace todavía más exquisito…

Mulholland-Dr

El Óscar recupera credibilidad

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La excepción es Gravedad, película mínima, pero inflada al máximo

De las películas nominadas al Óscar este año, a diferencia del pasado, fueron premiadas las mejores: 12 años de esclavitud, de Steve McQueen, se alzó en la principal categoría, y me alegra. Ella, de Spike Jonze, y El club de los desahuciados, de Jean-Marc Vallée, son todavía mejores, pero la nueva cinta del director inglés, que también ganó en el rubro de guión adaptado (John Ridley), es más ambiciosa como producción por su ambientación de la época y un reparto de lujo, entre otras cosas. Jonze fue galardonado por su guión efectivamente original, hecho que también celebro y, lo confieso, me sorprende. Por El club de los desahuciados (en cambio, previsiblemente) fueron reconocidos Matthew McConaughey y Jared Leto, uno como actor protagónico y otro como actor de reparto, lo cual festejo, sobre todo en el segundo caso.

Cate Blanchett en Jazmín azul, de Woody Allen, desde luego, es la mejor actriz protagónica del año, al menos entre las nominadas, pero falta ver a Marion Cotillard en La inmigrante, de James Gray, y el aclamado trabajo de la pareja femenina en La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche. También Amy Adams hace un gran papel en Escándalo americano, de David O. Russell, pero yo la pondría en segundo lugar antes de Mia Wasikowska en Lazos perversos (Stoker), de Chan-Wook Park, injustamente ninguneada, tanto la película como su principal actriz.

Respecto al Óscar a Lupita Nyong’o como actriz de reparto en 12 años de esclavitud, tengo algunas reservas, pues Naomi Watts y Robin Wright hacen una mancuerna de gran calidad en Dos madres perfectas (Adore), de Anne Fontaine, que hay que valorar como trabajo conjunto, pero si Wright es actriz de reparto, según el esquema dizque académico, entonces es la mejor del año. Claro que ninguna de las dos fue nominada por tratarse de una película controversial: dos amigas cuarentonas que comparten a sus hijos veinteañeros en la cama es demasiado para las pudibundas conciencias y la hipocresía gringa. Por desgracia, no se hizo esperar la cargada que celebra el Óscar en este caso por tratarse de una mujer mexicana, estupidez mucho más abrumadora por el Óscar a Cuarón como “mejor director” por Gravedad, película que también ganó en las categorías de fotografía, efectos visuales, música original, edición, edición de sonido y mezcla de sonido (siete estatuillas que inflan una película menor). Personalmente, yo empezaría por cuestionar el hecho de que existan esas categorías.

El Óscar a La gran belleza (Italia), de Paolo Sorrentino, como mejor película en “lengua extranjera”, me parece justo, aunque también estaba nominada La caza (Dinamarca), de Thomas Vinterberg, para mi gusto, una de las diez mejores cintas de 2012; por la fecha de su estreno en Estados Unidos fue nominada con un año de retraso, como sucederá con La inmigrante.

Ojalá hubiera ganado El gran maestro, de Wong Kar-wai, por encima de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann, en los rubros respectivos: escenografía y vestuario.

Me alegra que los dos bodrios protagonizados por Tom Hanks fueran olvidados, acaso por una inexplicable corrección en la tendencia del Óscar patriotero, aunque las nominaciones supondrían entonces una reminiscencia.

Vuelvo a lamentar la omisión de las mencionadas Lazos perversos y Dos madres perfectas, tanto como El niño y el fugitivo (Mud), de Jeff Nichols, y Prisioneros, de Denis Villeneuve, entre otras, así sea porque La inmigrante no se estrenó a tiempo y porque alguien decidió que La vida de Adèle no era representativa de Francia para este premio; ¿ese alguien es representativo de Francia?

Por lo demás, en general, el llamado “máximo galardón”, tan desprestigiado y desacreditado, recuperó algo de credibilidad este año.

¿El lado bueno de qué?

LawrenceVer Silver Linings Playbook, de David O. Russell, me ha servido para terminar de descreer en el Óscar, si acaso hacía falta, después de tanta estupidez. Por supuesto que Jennifer Lawrence, ganadora en la categoría de mejor actriz, ni siquiera es comparable con Quvenzhané Wallis y tampoco es mejor que Emmanuelle Riva o Naomi Watts, al menos en las películas por las que fueron postuladas; yo la pondría en cuarto lugar antes que a Jessica Chastain, si nos atenemos a las cinco nominaciones, menos arbitrarias que la decisión final. La actuación de Quvenzhané, como la cinta en donde ocurre, Beasts of the Southern Wild, de Benh Zeitlin, es un milagro irrepetible, pero la dizque Academia de Hollywood no reconoce la calidad ni el arte y mucho menos la excelencia, como se dice; al parecer, sus criterios son comerciales y políticos: el Óscar es un premio a lo más representativo del negocio llamado «séptimo arte» que tiene un carajo de artístico…

Si El lado bueno de las cosas, como fue titulada en España y Chile, o Los juegos del destino, en México y otros países, es cine independiente, ¿por qué no reconocer los enormes méritos de la ópera prima de Zeitlin, que fue realizada con 1,800,000 dólares, según algunas fuentes, o millón y medio, según otras, mientras que la cinta de Russell costó 21 millones? La respuesta, en el caso de su actriz principal, podría ser el racismo que Hollywood intenta disimular desde hace once años (léase comentario al respecto). Otra posibilidad es que, si la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood está compuesta por cerca de seis mil persones, como se dice, haya una abrumadora mayoría de imbéciles (en Estados Unidos, es mayoría la que votó a favor de la guerra, por ejemplo). ¿Por qué mantiene en secreto su composición? ¿Por qué no hace públicos sus criterios? ¿Acaso existen o son más bien consensos inconfesables?

Por lo demás, El lado luminoso de la vida, como fue titulada en Argentina y Uruguay, es muy inferior en todos los aspectos a The Fighter (2010), trabajo previo de Russell por el que yo esperaba algo más o menos equivalente o similar. En la nueva cinta sucede una pequeña sorpresa que parece plagiar discretamente a Little Miss Sunshine (2006), de Jonathan Dayton y Valerie Faris, cuando los protagonistas bailan en el concurso con un repentino cambio de canción…

En fin. La película me decepcionó, y respecto al Óscar hay que ajustar cuentas con ejemplos de sus más aberrantes omisiones. Por lo pronto, me remito al decálogo anual de Jorge Ayala Blanco: las diez mejores cintas de 2012, que ni siquiera fueron nominadas.

Al margen

¿Quiénes titulan las películas en español? En España traducen el título original al español, pero en México escogen, sin un ápice de respeto ni originalidad, por ejemplo, el título de una telenovela (Juegos del destino) para rebautizar una película, o títulos como Una niña maravillosa, o Una aventura extraordinaria, que además de cursis deciden por el público su parecer.

Lo bueno, lo malo y lo feo del Óscar 2013

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Como dije, me alegra que Argo, de Ben Affleck, haya ganado el Óscar para mejor película, en vez de Lincoln, de Steven Spielberg, o Los miserables, de Tom Hooper, pero entre las nominadas en todas las categorías lo mejor que he visto es Beasts of the Southern Wild (Bestias del sur salvaje), ópera prima de Benh Zeitlin, titulada en México Una niña maravillosa y en Argentina La niña del sur salvaje. La película es maravillosa, especialmente por la actuación de Quvenzhané Wallis, un auténtico fenómeno actoral a los seis años de edad, tanto que no parece actuar, aunque su papel no sería tan convincente si no fuera por la dirección de Zeitlin (también joven, de 30 años) y el guión de Lucy Alibar y el propio director, que alimentan el alma con diálogos y monólogos infantiles de gran belleza por su compleja sencillez en equilibrio, con ingenio, buen humor y hasta poesía. Alibar es autora de Jugoso y delicioso, la obra teatral de un solo acto en que se basa esta joya de 92 minutos, postulada para mejor película, mejor director, mejor actriz y mejor guión adaptado, que no ganó en ninguno de los cuatro casos, aunque lo merecía.

La cinta de Affleck obtuvo el Óscar para mejor guión adaptado, al que también aspiraba la de Spielberg. Otra nominada en esta categoría y para mejor película era Life of Pi, de Ang Lee, que obtuvo el Óscar para mejor director, por el que suspiraba Spielberg, y me alegra que no lo ganara. No he visto Una aventura extraordinaria, como fue titulada la cinta de Lee en Hispanoamérica, pero si el cineasta taiwanés fue capaz de algo tan extraordinario como El tigre y el dragón (2000), no dudo que su aventura también lo sea.

La ganadora del Óscar para mejor actriz es Jennifer Lawrence por su papel en Silver Linings Playbook (El lado bueno de las cosas en España, Los juegos del destino en Hispanoamérica y El lado luminoso de la vida en Argentina y Uruguay), de David O. Russell, que tampoco he podido ver, pero dudo mucho que la actriz supere a la niña maravillosa, que habría sido la más joven entre quienes han recibido este premio. Emmanuelle Riva, en el otro extremo (cumplía 86 años el día del Óscar), tiene una actuación perfecta en Amor, escrita y dirigida por Michael Haneke. Naomi Watts contendió con pocas posibilidades por su excelente desempeño en Lo imposible, de Juan Antonio Bayona, una cinta menor. Jessica Chastain fue postulada por La noche más oscura, de Kathryn Bigelow, nomás para completar la terna; la película es interesante por su argumento (el final es la muerte de Osama bin Ladem), pero Chastain parece introspectiva y prácticamente carece de proyección…

No estoy de acuerdo con el Óscar para mejor actor a Daniel Day-Lewis (el tercero en su carrera) por la débil personalidad de Abraham Lincoln, aunque tampoco veo alternativas. La actuación de Jean-Louis Trintignant en Amor no es menos loable que la de Riva, pero ni siquiera fue nominado. Ambos octogenarios se roban el corazón en esa melancólica cinta sobre la vejez, el amor, la enfermedad, la eutanasia, la soledad, la vida y la muerte. Por lo visto, en 2012 no hubo grandes actuaciones masculinas…

El Óscar para «mejor actriz de reparto», en cambio, era tan predecible como para «mejor actor de reparto», pues si algo tienen en común Anne Hathaway en Los Miserables y Christoph Waltz en Django sin cadenas, de Quentin Tarantino, es que sus papeles, más que secundarios, son tan primarios como los protagónicos, y están bien representados, aunque Hathaway destroza la canción «I dreamed a dream», como es normal en el imperdonable fiasco musical. Por lo demás, ninguno de los dos es comparable con Christian Bale, que ganó el año pasado en esta categoría por su destacada participación en El peleador (2010), de David O. Russell, actuación «de reparto» que deja en segundo plano a la principal.

El Óscar para mejor película extranjera tiene algo de controvertible, así haya sido Amor (Austria) la ganadora. Con la incongruencia de que Affleck no fuera postulado como mejor director, mientras la «Academia» de Hollywood decidía premiar su película, que se refiere a la ruptura de relaciones diplomáticas entre Irán y Estados Unidos, la misma «Academia» eliminó de la contienda Un terrón de azúcar, de Seyyed Reza Mir-Karimi, película iraní preseleccionada, junto con Insurgentes, de Jorge Sanjinés, una cinta propuesta por Bolivia, que tampoco pasó a mayores.

El Óscar por «mejor diseño de producción», que antes se llamaba «dirección artística» y de lo cual carece la cinta de Spielberg, fue para que —más allá de su actor protagónico— Lincoln no se fuera con las manos vacías, así que lo perdieron Los miserables y Una aventura extraordinaria, pero esta última se alzó en el rubro de mejor fotografía, donde también competían Lincoln y Django sin cadenas, que ganó en la categoría de mejor guión original, como era de esperar. Segundo Óscar para Tarantino, tras el de Pulp Fiction (Tiempos violentos) en 1994, también por el guión.

El Óscar por «mejor diseño de vestuario» fue para Anna Karenina, de Joe Wright, que no he visto porque será estrenada en México hasta marzo (aquí siempre llegan tarde las películas y su retraso fomenta la piratería), pero me alegra que dicho premio tampoco fuera para Los miserables, Lincoln o Blancanieves y el cazador… aunque en el papel de Karénina prefiero a la fascinante Sophie Marceau de la versión gringa (1997) que a la mediocre Keira Knightley de la versión inglesa (2012).

En «maquillaje y estilismo de peinado», como se llama desde ahora lo que antes era simplemente maquillaje, ganó Los Miserables, desgraciadamente, pero perdió Hitchcock, de Sacha Gervasi, afortunadamente. Los maquillistas del fiasco musical envejecieron a Jean Valjean hasta el final, cuando muere, pero detalles así pasan desapercibidos por los dizque académicos, que nominaron en esta categoría la caricaturesca caracterización de Alfred Hitchcock… Cuando John Chambers, el maquillista de El planeta de los simios (1968), de Franklin J. Schaffner, y su respectiva saga —como sabemos hoy gracias a Argo—, hacía disfraces para la CIA, el Óscar en este rubro ni siquiera existía.

Mejor canción original: «Skyfall», de Adele, que no me parece la gran cosa, pero me alegra que no fuera «Suddenly», de Los Miserables. El Óscar en este caso parece premiar los 50 años de James Bond, cuyas películas han tenido múltiples nominaciones al galardón, pero lo habían ganado nada más Goldfinger (1964), de Guy Hamilton, y Operación Trueno (1965), de Terence Young, la primera por sus efectos sonoros y la segunda por sus efectos visuales. Entre las canciones de la franquicia, mi favorita es «For your eyes only» (1981), de Sheena Easton, cantante irlandesa con la que soñaba entonces.

En «edición de sonido» empataron Skyfall, de Sam Mendes, y La noche mas oscura, lo cual me parece una patraña, pero me alegra que Los Miserables no estuviera postulada; lo aberrante, como he dicho, es que lo estuviera, en cambio, para «mejor mezcla de sonido» y, peor aún, que ganara. ¿Cuál es la diferencia? ¿Para eso dividieron el rubro de sonido, ahora con altos grados de especialización?

Finalmente, Lincoln ganó sólo en dos de las doce categorías en que fue nominada, y se desinfló. Con once nominaciones, Una aventura extraordinaria ganó en cuatro. Los miserables ganó en tres de ocho categorías, y sigue inflada. Argo se alzó en tres de siete. Y Una niña maravillosa, la mejor de todas las películas, no ganó en ninguna de las cuatro categorías.

Bestias del sur salvaje