Alabama Monroe

Alabama Monroe

Drama emotivo y sensible, a ratos crudo y duro, que, hacia el final, se politiza (con la referencia de Bush el pequeño en televisión). Película en el límite que separa el cine musical del que no lo es. Producción belga de 2012.

Si el country ha servido como fondo en dramas sobre alcoholismo, aquí acompaña la pérdida y la desolación en una historia de amor malogrado con dos tragedias que personalmente calan. Vehículo efectivo de emotividad, el aspecto musical es tan exquisito como el resto de la dirección artística y el diseño de producción.

Unos músicos de country, medio salvajes y demasiado gringos para ser belgas, tienen una hija que enferma de cáncer a los seis años. Un giro trágico y sorprendente a los 45 minutos de metraje sacude las entrañas durante una hora más y resuelve los conflictos morales con otra tragedia. Si la primera causa un nudo en la garganta, la segunda nos arranca las lágrimas.

Hablada en neerlandés con canciones en inglés y una que otra frase ídem, la película es además un alegato contra el fundamentalismo religioso. Hay también una boda en inglés, la de los protagonistas, que hace una sutil parodia del rito católico.

A mitad de la cinta, el protagonista masculino rinde un ingenuo tributo a los Estados Unidos y su música, pero quince minutos después ocurre una crítica tan directa como implacable al fundamentalismo gringo, y más adelante un discurso entre ideológico y colérico-visceral contra la religión. Él es ateo, pero evoluciona de una mentalidad relativamente simple al desencanto misántropo-radical. La protagonista femenina, en cambio, evade la realidad con el asidero de la fe.

Aunque también el título de Alabama Monroe es un homenaje a los Estados Unidos, el bluegrass que hacen es una variación del country con raíces en la música tradicional de Inglaterra, Irlanda y Escocia, llevada por los inmigrantes de las Islas Británicas a la región de los Apalaches, y el ritmo tuvo influencias de estilos afroamericanos como el blues y el jazz. La canción Bluegrass Band – If I Needed You, si bien sencilla, es quizá la mejor del repertorio y contiene, tanto o más que las demás, algunas claves del distanciamiento y la ruptura sentimentales.

La estupidez tituló en español esta película como “La ruptura del círculo roto”, pleonasmo que intenta una equivalencia de contenido a la redundancia del título en inglés: The Broken Circle Breakdown, que es más bien el nombre de la canción principal; el de la película es Alabama Monroe, cuyo significado simbólico está en la trama y la explicación recíproca de un tatuaje (los tatuajes aquí se disputan el protagonismo con las canciones).

La narración es discontinua y lo mismo recurre a las analepsis que a los saltos cronológicos, uno de los cuales resulta algo violento, pero el guión en general sirve como punto de partida para un trabajo comparable con La caza y El club de los desahuciados, desde luego mejor que Philomena y Nebrazka, por comparar con sus competidoras en 2013. También es mejor, para mi gusto, que la ganadora del Óscar y el Globo de Oro en la categoría de “mejor película extrajera” o “de habla no inglesa”, La gran belleza, de Paolo Sorrentino.

Veerle Baetens y Johan Heldenbergh actúan con química, intuición y sensualidad, bajo la dirección de Felix Van Groeningen sobre guión propio y de Carl Joos, con música de Bjorn Eriksson.


Anuncios

El Óscar recupera credibilidad

Imagen

La excepción es Gravedad, película mínima, pero inflada al máximo

De las películas nominadas al Óscar este año, a diferencia del pasado, fueron premiadas las mejores: 12 años de esclavitud, de Steve McQueen, se alzó en la principal categoría, y me alegra. Ella, de Spike Jonze, y El club de los desahuciados, de Jean-Marc Vallée, son todavía mejores, pero la nueva cinta del director inglés, que también ganó en el rubro de guión adaptado (John Ridley), es más ambiciosa como producción por su ambientación de la época y un reparto de lujo, entre otras cosas. Jonze fue galardonado por su guión efectivamente original, hecho que también celebro y, lo confieso, me sorprende. Por El club de los desahuciados (en cambio, previsiblemente) fueron reconocidos Matthew McConaughey y Jared Leto, uno como actor protagónico y otro como actor de reparto, lo cual festejo, sobre todo en el segundo caso.

Cate Blanchett en Jazmín azul, de Woody Allen, desde luego, es la mejor actriz protagónica del año, al menos entre las nominadas, pero falta ver a Marion Cotillard en La inmigrante, de James Gray, y el aclamado trabajo de la pareja femenina en La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche. También Amy Adams hace un gran papel en Escándalo americano, de David O. Russell, pero yo la pondría en segundo lugar antes de Mia Wasikowska en Lazos perversos (Stoker), de Chan-Wook Park, injustamente ninguneada, tanto la película como su principal actriz.

Respecto al Óscar a Lupita Nyong’o como actriz de reparto en 12 años de esclavitud, tengo algunas reservas, pues Naomi Watts y Robin Wright hacen una mancuerna de gran calidad en Dos madres perfectas (Adore), de Anne Fontaine, que hay que valorar como trabajo conjunto, pero si Wright es actriz de reparto, según el esquema dizque académico, entonces es la mejor del año. Claro que ninguna de las dos fue nominada por tratarse de una película controversial: dos amigas cuarentonas que comparten a sus hijos veinteañeros en la cama es demasiado para las pudibundas conciencias y la hipocresía gringa. Por desgracia, no se hizo esperar la cargada que celebra el Óscar en este caso por tratarse de una mujer mexicana, estupidez mucho más abrumadora por el Óscar a Cuarón como “mejor director” por Gravedad, película que también ganó en las categorías de fotografía, efectos visuales, música original, edición, edición de sonido y mezcla de sonido (siete estatuillas que inflan una película menor). Personalmente, yo empezaría por cuestionar el hecho de que existan esas categorías.

El Óscar a La gran belleza (Italia), de Paolo Sorrentino, como mejor película en “lengua extranjera”, me parece justo, aunque también estaba nominada La caza (Dinamarca), de Thomas Vinterberg, para mi gusto, una de las diez mejores cintas de 2012; por la fecha de su estreno en Estados Unidos fue nominada con un año de retraso, como sucederá con La inmigrante.

Ojalá hubiera ganado El gran maestro, de Wong Kar-wai, por encima de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann, en los rubros respectivos: escenografía y vestuario.

Me alegra que los dos bodrios protagonizados por Tom Hanks fueran olvidados, acaso por una inexplicable corrección en la tendencia del Óscar patriotero, aunque las nominaciones supondrían entonces una reminiscencia.

Vuelvo a lamentar la omisión de las mencionadas Lazos perversos y Dos madres perfectas, tanto como El niño y el fugitivo (Mud), de Jeff Nichols, y Prisioneros, de Denis Villeneuve, entre otras, así sea porque La inmigrante no se estrenó a tiempo y porque alguien decidió que La vida de Adèle no era representativa de Francia para este premio; ¿ese alguien es representativo de Francia?

Por lo demás, en general, el llamado “máximo galardón”, tan desprestigiado y desacreditado, recuperó algo de credibilidad este año.