Mis preferidas

Esta selección de las cien mejores actuaciones femeninas del cine se basa en mi gusto personal y no en consensos de supuestos expertos ni en votaciones de cinéfilos ni en premios; son las interpretaciones actorales que más me convencen, las que me han impactado emocionalmente con más fuerza, por su perfección, su intensidad, su belleza. Hasta el orden tiene un sentido personal: comienzo con mis favoritas y continúo con una, también subjetiva, aproximación a las categorías y los géneros: películas menores pero con actuaciones mayores, clásicos universales y lugares comunes, cine mexicano y español, horror y drama sicológico… En el bloque final están las recomendaciones de los participantes en distintos foros de cine cuando publiqué un avance de esta selección, películas acerca de las cuales investigué y supe que ya las había visto, pero no pasaron la prueba del añejo.

Aunque hay actrices que tienen más de una gran actuación en su carrera, preferí elegir una actuación por actriz, a diferencia de las películas, algunas de las cuales cuentan con dos actuaciones femeninas que destacan: aquí he relacionado tres. Y así como no discrimino películas menores (por un gusto que incluye provocar antipatía de pedantes y puristas), me permito incluir dos largometrajes cuyas mejores estrellas brillan no más de media hora.

Desde luego, me falta mucho por ver y revisar. De las recomendaciones recientes en este rubro, tengo por lo menos diez películas en DVD, así que tal vez haga pequeños cambios en el listado próximamente.

1. Jane Fonda, en They Shoot Horses, Don’t They?
2. Marion Cotillard, en La vida en rosa
3. Rachel Mwanza, en La bruja de la guerra (Rebelde)
4. Charlize Theron, en Monster
5. Naomi Watts, en Mulholland Drive (media hora final)
6. Jodie Foster, en El silencio de los corderos
7. Jennifer Jason Leigh, en Última salida, Brooklyn
8. Elisabeth Shue, en Adiós a Las Vegas
9. Gwyneth Paltrow, en Shakespeare enamorado
10. Zhang Ziyi, en La casa de las dagas voladoras
11. Catherine Deneuve, en Repulsión
12. Jenn Murray, en Dorothy Mills
13. Miranda Richardson, en Spider
14. Emmanuelle Riva, en Amor
15. Lena Olin, en La sangre de Romeo
16. Renee Zellweger, en Chicago
17. Chloë Sevigny, en Los muchachos no lloran
18. Michelle Williams, en Mujer contra mujer (segundo segmento)
19. Irène Jacob, en La doble vida de Verónica
20. Elle Fanning, en Ginger y Rosa
21. Vanessa Redgrave, en Isadora
22. Valérie Kaprisky, en Milena

23. Gena Rowlands, en Gloria
24. Cate Blanchett, en Jazmín azul
25. Rebecca de Mornay, en La mano que mece la cuna
26. Mia Wasikowska, en Stoker
27. Nathalie “Tippi” Hedren, en Marnie
28. Lubna Azabal, en La mujer que cantaba (Incendios)
29. Sumiko Sakamoto, en La balada de Narayama

30. Gloria Swanson, en Sunset Boulevard
31. Bette Davis, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
32. Joan Crawford, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
33. Anne Baxter, en All About Eve
34. Gene Tierney, en El filo de la navaja
35. Elizabeth Taylor, en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
36. Marlene Dietrich, en El ángel azul
37. Maria Falconetti, en La pasión de Juana de Arco
38. Irene Papas, en Electra
39. Ingrid Bergman, en Sonata de otoño
40. Silvana Mangano, en Arroz amargo
41. Sophia Loren, en Dos Mujeres
42. Giulietta Masina, en Las noches de Cabiria
43. Anna Magnani, en Mamma Roma
44. Katy Jurado, en High Noon
45. Eva Marie Saint, en On the Waterfront
46. Lee Remick, en Días de vino y rosas
47. Shirley MacLaine, en El apartamento
48. Vivien Leigh, en Lo que el viento se llevó
49. Hattie McDaniel, en Lo que el viento se llevó
50. Liza Minnelli, en Cabaret
51. Charlotte Rampling, en El portero de noche
52. Meryl Streep, en La decision de Sophie
53. Julie Christie, en Doctor Zhivago

54. Felicity Huffman, en Transamérica
55. Kate Winslet, en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
56. Audrey Tautou, en Amèlie
57. Diane Keaton, en Annie Hall
58. Whoopi Goldberg, en El color púrpura
59. Holly Hunter, en El Piano
60. Janet McTeer, en Albert Nobbs
61. Judi Dench, en Su majestad, Sra. Brown

62. Francesca Neri, en Las edades de Lulú
63. Carmen Maura, en La comunidad
64. Laia Marull, en Te doy mis ojos
65. Ninón Sevilla, en Aventurera
66. Martha Roth, en Una familia de tantas
67. Stella Inda, en El rebozo de Soledad
68. Tina Romero, en Alucarda

69. Sissy Spacek, en Carrie
70. Piper Laurie, en Carrie
71. Linda Blair, en El exorcista
72. Charlotte Gainsbourg, en Anticristo
73. Isabelle Adjani, en Posesión
74. Ellen Burstyn, en Réquiem por un sueño
75. Isabella Rossellini, en Terciopelo azul
76. Isabelle Huppert, en La pianista
77. Mo’Nique, en Precious
78. Ellen Page, en Niña mala
79. Julianne Moore, en Siempre Alice
80. Gong Li, en Regreso a casa

Tralala Jason Leigh

81. Alicia Vikander, en La chica danesa
82. Reese Witherspoon, en Alma salvaje
83. Adèle Exarchopoulos, en La vida de Adèle
84. Léa Seydoux, en La vida de Adèle
85. Rooney Mara, en Carol
86. Brie Larson, en La habitación
87. Juliette Binoche, en Damage
88. Hilary Swank, en Million Dollar Baby
89. Jessica Lange, en Frances
90. Louise Fletcher, en Alguien voló sobre el nido del cuco
91. Susan Sarandon, en Pena de muerte
92. Halle Berry, en Monster’s Ball
93. Helen Mirren, en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
94. Diane Lane, en Bajo el sol de la Toscana

95. Kathy Bates, en Misery
96. Emma Thompson, en Lo que queda del día
97. Debra Winger, en Tierras de penumbra
98. Glenn Close, en Dangerous Liaisons
99. Maria Schneider, en La Dérobade
100. Faye Dunaway, en Network

La negra noche de Hollywood

Datos para un recuento histórico de la discriminación racial

Además de ser la meca del cine, si algo ha caracterizado a Hollywood es un racismo rabioso del que intenta “sacarse la espinita” con reconocimientos tardíos a unos cuantos cineastas negros.

n02Desde que Hattie McDaniel fue premiada en 1940 con el Óscar a la mejor actriz de reparto por su personaje Mammy en Lo que el viento se llevó, de Victor Fleming, sólo trece actores y actrices “de color” han recibido el “máximo galardón” cinematográfico, cinco de ell@s por papeles protagónicos y nueve por papeles secundarios (Denzel Washington lo ha ganado en ambos casos). En 1964, Sidney Poitier fue el primero que recibió un Óscar como actor principal en Los lirios del valle, de Ralph Nelson, después de ser nominado en 1959 al mismo premio por su trabajo en Fugitivos, de Stanley Kramer, y en 2002 fue galardonado con el Óscar Honorífico por su carrera en el cine (desde 1950 ha sido actor, director y escritor).

Hattie McDaniel actuó en alrededor de 300 películas, siempre con el papel secundario de sirvienta; desde su premiación en 1940, que representa un hito en la historia del cine, pasaron catorce años antes de que fuera nominada por primera vez una mujer “afroamericana” como actriz principal: Dorothy Dandridge en 1954 por su indomable y sensual presencia en Carmen Jones, de Otto Preminger; sin embargo, a diferencia de McDaniel, Dandridge no recibiría la codiciada estatuilla, que sería entregada finalmente a Grace Kelly por The Country Girl (La angustia de vivir), de George Seaton.

El musical de Broadway Carmen Jones adaptaba en 1943 la ópera Carmen, de Georges Bizet, a la época entonces actual de la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos, con nombres distintos. La película de Preminger es una adaptación del musical al cine, con un reparto completamente negro, algo inusual en su momento, pues también los gringos tenían un apartheid (sistema de segregación racial) y había un tipo de cine para cada color de piel.

Cuando Rouben Mamoulian trabajaba en la superproducción de Cleopatra, tenía en mente a Dorothy Dandridge para el papel de la última reina del Antiguo Egipto, probablemente negra, pero fue reemplazado por Joseph L. Mankiewicz en la dirección del proyecto, por lo que también fueron sustituidos los actores principales, entre otros, por Elizabeth Taylor y Richard Burton, oneroso revés que afectó personal y profesionalmente a la cantante y actriz.

n04

Desde la nominación de Dandridge en 1954, tuvo que pasar casi medio siglo para que una mujer “de color” fuera finalmente premiada en 2002 con el Óscar a la mejor actriz principal: Halle Berry, por Monster’s Ball, de Marc Forster. La noche de aquel año fue laureado también Denzel Washington con el Óscar al mejor actor protagónico por Día de entrenamiento, de Antoine Fuqua (director negro, por cierto), y Sidney Poitier recibió el Óscar Honorífico. Washington, quien dedicó su galardón a Poitier mismo, había ganado el Óscar para mejor actor de reparto en 1989 por Tiempos de gloria, de Edward Zwick, después de ser nominado en 1987 al mismo premio por Grito de libertad, de Richard Attenborough, y había sido candidato a la estatuilla dorada para mejor actor principal en dos ocasiones por su interpretación de personajes épicos en Malcolm X (1992), de Spike Lee (cineasta negro, por cierto, bastante completo), y Huracán Carter (1999), de Norman Jewison. Malcolm X, ambicioso biopic que dura 200 minutos, es un subversivo y contradictorio alegato contra el racismo gringo. Ahora Washington recibía el “máximo galardón” por encarnar a un policía corrupto y brutal, mientras que Berry era premiada por interpretar a una mujer marginal que pierde primero a su esposo, ejecutado en la silla eléctrica, después a su hijo, atropellado en la calle, y finalmente su casa. En Monster’s Ball, que también alude al odio racial como lacra sistémica y herencia cultural en los Estados Unidos, ella protagoniza una de las escenas eróticas más intensas y convincentes del cine de ficción.

En 1999 Halle Berry encarnó a Dorothy Dandridge bajo la dirección de Martha Coolidge en una cinta para el canal de televisión HBO, interpretación que le valió un Emmy y un Globo de Oro. Introducing Dorothy Dandridge (Face of an Angel) fue titulada en español Dorothy Dandridge: La estrella que se enfrentó a Hollywood. En la copia que poseo, la estupidez inventó el título de Dorothy Dandridge: casi una estrella. Podría decirse que la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, sin confesarlo, decidió premiar a Berry en 2002 por su trabajo en ambas películas para compensar que hasta entonces nunca fuera galardonada una mujer negra con el Óscar a la mejor actriz principal, empezando por Dandridge, símbolo de esta injusticia, pues el racismo de Hollywood la destruyó, no obstante su innegable talento, tanto que ella, después de varias crisis depresivas, terminó suicidándose antes de cumplir 43 años de edad. La cinta protagonizada por Berry da cuenta de ello, aunque inexplicablemente omite el episodio sobre la producción de Cleopatra y su exclusión. Introducing Dorothy Dandridge no es una gran película, pero hace justicia a la memoria de esta mujer sensible y desafiante que luchó contra las adversidades de su época, pues la ignorancia racista, machista y misógina tiende a reducir su carrera mezquinamente al papel por el que fue nominada como si fuera lo único destacable. Monster’s Ball también es menor, pero el Óscar en este caso es un símbolo de consigna, pues la actuación de Berry, si bien aceptable y hasta plausible, no es mejor que la de Naomi Watts en 21 gramos (2003), de Alejandro González Iñárritu, un ejemplo de tentativa no consumada quizá por tratarse de una película más mexicana que gringa…

Los otros “afroamericanos” que han ganado el Óscar son: Louis Gossett Jr. en 1983 como actor de reparto en An Officer and a Gentleman (Oficial y caballero, en España; Reto al destino, en Hispanoamérica), de Taylor Hackford; Whoopi Goldberg en 1991 como actriz de reparto en Ghost, de Jerry Zucker; Cuba Gooding, Jr. en 1997 como actor de reparto en Jerry Maguire, de Cameron Crowe; Morgan Freeman en 2005 como actor de reparto en Million Dollar Baby, de Clint Eastwood; Jamie Foxx en 2005 como actor principal en Ray, de Taylor Hackford; Forest Whitaker en 2007 como actor principal en El último rey de Escocia, de Kevin Macdonald; Jennifer Hudson en 2007 como actriz de reparto en Dreamgirls (Soñadoras), de Bill Condon; Mo’nique en 2009 como actriz de reparto en Preciosa, de Lee Daniels (director, productor y actor negro, por cierto), y Octavia Spencer en 2012 como actriz de reparto en The Help, de Tate Taylor.

El Óscar Honorífico a Sidney Poitier cubre omisiones tan importantes como Al maestro con cariño, de James Clavell, o Adivina quién viene a cenar, de Stanley Kramer, ambas de 1967, pero Morgan Freeman sigue sin reconocimiento como actor principal, a pesar de películas como Paseando a Miss Daisy (1989), de Bruce Beresford, Cadena perpetua (1994), de Frank Darabont, o Invictus (2009), de Clint Eastwood, por las que fue nominado. En esta última interpreta nada menos que a Nelson Mandela (quien aparece, por cierto, al final de Malcolm X, hablando del aguerrido líder musulmán en un aula infantil). A los 76 años de edad, Freeman es uno de los más carismáticos y mejores actores de “todos los tiempos”, así que su falta de reconocimiento, presumiblemente por ser negro, constituye una de las mayores injusticias de Hollywood y su dizque Academia.

Boyz n the Hood (Los chicos del barrio en España y Los dueños de la calle en Hispanoamérica), escrita y dirigida en 1991 por John Singleton, fue nominada al Óscar en las categorías de mejor director y mejor guión original, con lo que su realizador se convirtió en el primer cineasta negro que es nominado al Óscar y el más joven a los 23 años de edad.

n07Ningún director negro ha recibido un Óscar, pero la demagógica reivindicación de la negritud ha servido para que directores blancos (Steven Spielberg, más que nadie), como el propio Preminger, lucren con ella y se coticen. Trabajos como Shame (2011), coescrito y dirigido por el inglés negro Steve McQueen, son considerados para múltiples premios y reconocimientos internacionales, pero ignorados por Hollywood y su dizque Academia. En cambio, Amistad (1997) y Lincoln (2012), ambas de Spielberg, fueron nominadas a cuatro y doce premios Óscar, lo que infló sobre todo a la segunda, finalmente premiada en sólo dos rubros: actor principal y dirección artística. Las dos producciones multimillonarias tratan sobre la esclavitud en los Estados Unidos y no son más que bodrios soporíferos, insoportablemente solemnes y patrioteros. El color púrpura (1985), en cambio, con un reparto completamente “afroamericano”, es lo más rescatable del cinemagnate judío, pero también es la película que más nominaciones al Óscar ha obtenido sin ganar en ninguna de sus once categorías. Out of Africa (Memorias de África en España y África mía en Hispanoamérica), de Sydney Pollack, se alzó aquel año por encima de El color púrpura con siete premios Óscar, incluyendo los de mejor película, mejor dirección y mejor guión adaptado. Entre las nominadas para mejor actriz estaba Whoopi Goldberg por el primer intento spielbergiano de conquistar al público adulto, pero ganó Geraldine Page por Regreso a Bountiful, de Peter Masterson. Para mejor actriz de reparto, estaban nominadas Margaret Avery y Oprah Winfrey, ambas por El color púrpura, pero ganó Anjelica Huston por El honor de los Prizzi, de su padre John Huston.

El año pasado coincidieron en esta competencia dos películas que tratan el tema de la esclavitud en los Estados Unidos: Lincoln y Django sin cadenas, de Quentin Tarantino, galardonada esta última por su guión original y su actor de reparto, después de ser candidata en cinco rubros.

También coincidió que las mejores actrices del año fueron negras: En primer lugar, la congoleña Rachel Mwanza, quien tenía catorce años de edad cuando estelarizó la cinta canadiense Rebelle (War Witch), cuyo título en español es La bruja de la guerra, escrita y dirigida por Kim Nguyen. En seguida, Quvenzhané Wallis, con seis años de edad al protagonizar Bestias del sur salvaje, coescrita y dirigida por Benh Zeitlin. Mwanza, sin embargo, ni siquiera fue nominada, y Wallis tampoco sería premiada, pues la dizque Academia de Hollywood prefirió a Jennifer Lawrence, la menos plausible de las cinco nominadas. Hasta Jessica Chastain era mejor opción, por no hablar de Emmanuelle Riva o Naomi Watts. La elección de Lawrence es inexplicable, pero la omisión de las actrices negras tiene una probable causa en el racismo que subyace y permea también la discriminación del cine independiente por la gran industria, sobre todo si proviene de otros países, a menos que se trate de Michael Haneke, por la moda intelectual.

n09Este año, una película gringa que parece deportiva es más bien un alegato contra el racismo en los Estados Unidos: 42, el triunfo de un sueño, escrita y dirigida por Brian Helgeland, tiene muchas posibilidades de ser galardonada con la estatuilla dorada que, desde hace once años, sirve para lavar los trapos sucios de Hollywood en cuanto a su negra historia de discriminación. La cinta —cuyo título original es simplemente 42— narra la histórica pelea del jugador de béisbol Jackie Robinson (Chadwick Boseman) y el director ejecutivo de los Dodgers de Brooklyn, Branch Rickey (Harrison Ford), contra la segregación racial. En los créditos aparece Ford como el actor principal, pero es más bien Boseman, actor negro de televisión, más que de cine, quien se lleva las palmas en esta ocasión. ¡Qué lento avanza la humanidad! —es una conclusión inevitable al ver esta cinta, demasiado gringa, para mi gusto, llena de clichés sentimentales y momentos de una grandilocuencia difícilmente soportable, que además coincide con la sensiblería. Su ambientación de la época es espléndida.

En Malcolm X, los presidiarios negros festejan el contrato de Jackie Robinson por los Dodgers de Brooklyn, y uno de ellos comenta: “Los blancos nos arrojan un hueso y olvidamos 400 años de opresión”.

Quizás el acontecimiento más trascendente de este año en cuanto al tema que nos ocupa es el estreno de la película inglesa 12 años de esclavitud, que dirige Steve McQueen, con Brad Pitt a la cabeza de la producción y en un papel secundario. El guión escrito al alimón por el propio McQueen y John Ridley adapta un relato autobiográfico en sentido contrario a Django sin cadenas, pues el protagonista es un negro, libre y culto, virtuoso del violín, antes de la Guerra Civil en los Estados Unidos, Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor), que será secuestrado y vendido como esclavo, entre otros, a un sádico terrateniente interpretado por Michael Fassbender. Por ahí aparece la maravillosa Quvenzhane Wallis en un reparto de lo más interesante…

Hasta aquí hemos hablado nada más de la discriminación a los negros en Hollywood, pero también otras razas son marginadas. ¿Cuántos actores indios, por ejemplo, han recibido un Óscar? ¿Cuántos directores indios? Sólo una mujer lo ha recibido como directora (con una película eminentemente masculina). En fin. Recordemos, para terminar, que una india recibió en representación de Marlon Brando su estatuilla por El Padrino en 1973, y aprovechó para protestar por la situación de los aborígenes en «el país de las oportunidades».

n12

L@s niñ@s de la guerra

06En algún lugar al sur del Sahara…

El mejor cine del mundo se hace al margen de Hollywood, y un ejemplo de ello es Rebelle (Canadá, 2012), película escrita y dirigida por Kim Nguyen, con personajes ficticios en un contexto real: el reclutamiento forzoso de niñas y niños por los ejércitos regulares y las organizaciones guerrilleras o paramilitares de África central, región formada por una decena de países en guerra. La cinta no especifica en cuál de esos países ocurre la historia que relata, pero el rodaje fue realizado en la República Democrática del Congo, donde tiene lugar el índice más alto del mundo en cuanto a militarización infantil, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), así como el 80% de las reservas mundiales de coltan, cuya explotación es la principal causa de un conflicto internacional que ha costado la vida a más de cinco millones de personas, lo que supone a su vez el mayor número de muertes violentas desde la Segunda Guerra Mundial.

A diferencia de la niñez, el coltan es un recurso natural no renovable, considerado como “altamente estratégico”. Ruanda, Uganda y Burundi lo roban del Congo para exportarlo a Occidente (principalmente a los Estados Unidos), que lo utiliza en dispositivos electrónicos de la más alta tecnología y la telefonía celular.

La guerrilla ficticia del Gran Tigre, que vemos en la película recolectando coltan, podría representar, por consiguiente, a cualquiera de las milicias rebeldes que operan en el Congo. Cabe suponer que, para obtener permiso de rodar allí, los realizadores se comprometieron a mantener la identidad del país en el anonimato.

War Witch, como se titula en inglés, es la historia narrada por Komona, una cándida y noble adolescente, al hijo que se gesta en su vientre; ella tiene catorce años de edad y, dos años antes, cuando tenía doce, la guerrilla irrumpió en la tranquilidad de su aldea, mató a la mayoría de los adultos y secuestró a tod@s l@s niñ@s para obligarl@s a pelear contra el ejército del gobierno; Komona fue obligada primero a disparar contra sus propios padres, bajo amenaza de asesinarlos a machetazos si no lo hacía ella a balazos…

La cinta dura noventa minutos y está dividida en tres capítulos de media hora para cada una de las edades que componen el relato de Komona: a los doce, la hacen soldado; a los trece, escapa con otro adolescente; a los catorce, la devuelven a la guerrilla y vuelve a desertar. La media hora intermedia contrasta con las otras dos, como una tregua, por sus momentos de ternura y amor entre los protagonistas…

Hacer que l@s niñ@s asesinen a sus padres o a otros seres queridos es normal en estos casos, pues así l@s “endurecen” como soldados. También es común que, antes de empuñar un arma, sean esclavizad@s a golpes y demás formas de maltrato para que realicen trabajos brutales, como sucede en la historia de Komona. Las niñas suelen ser además esclavas sexuales…

Antes de entrar en combate, niñas y niños son narcotizad@s con un enervante vegetal al que se refieren como “sabia mágica”; al consumirla, Komona puede ver a los espíritus de los muertos, así como a los “demonios” del gobierno, y parece estar fuera del alcance de las balas, por lo que sobrevive de milagro a los tiroteos y, desde las supersticiones y creencias místicas y religiosas que abundan en las culturas africanas, es considerada por sus compañeros de armas como una bruja sagrada; hasta el máximo líder de la guerrilla, un criminal cacique a quien llaman El Gran Tigre, venera a Komana como tal, y se acaba el maltrato, casi. Entre los espíritus y fantasmas que habitan las visiones de la muchacha, están los de sus padres, que son los más persistentes y le piden que regrese a la aldea para enterrarlos.

Un negro albino de quince años al que apodan El Mago convence a Komana de huir y, una vez que lo hacen, le pide matrimonio; para ser su esposa, ella le pide a cambio un gallo blanco y, en la búsqueda de tan raro animal, son conducidos a una aldea de negros albinos, en donde lo encuentran; sin más ceremonia que la intimidad, se casan y viven felices hasta el día que llegan los rebeldes; El Mago es asesinado y Komana secuestrada por segunda vez; el comandante la embaraza y ella escapa de nuevo, no sin antes matarlo a machetazos; en cuanto da a luz sin ayuda, en la soledad del campo, regresa a la aldea desierta para enterrar a sus padres…

La bruja de la guerra, como es traducido al español el título en inglés, no explica el complejo conflicto internacional, más que regional, conocido como la Segunda Guerra del Congo; se limita a narrar un caso personal que no por ficticio es menos representativo de un aspecto en particular: el drama de l@s niñ@s soldados, en este caso, dentro de las filas rebeldes. El mayor mérito de la película es artístico, más allá de la “denuncia social”, en parte, porque sus actuaciones son perfectas, principalmente la de Rachel Mwanza en el papel de Komona, una actriz innata sin experiencia previa, que fue descubierta en la calle, toda una revelación. Ningún actor aquí es profesional. El también debutante Serge Kanyinda, como El Mago, es igualmente convincente. Y ambos personajes son entrañables.

Para transmitir la espontaneidad requerida, el guionista y director franco-canadiense Kim Nguyen no permitió a los actores conocer el guión antes del rodaje, así que éstos ignoraban lo que sucedería después de cada secuencia… (de todos modos, la joven Mwanza no podía leer el guión porque es analfabeta, lo cual hace especialmente plausible su desempeño).

Entre una dirección de cámaras que imita el estilo documental y una edición impecable, también el resultado visual es excelente. Confluye allí el “concepto visual” de Emmanuel Frechette (como aparece la dirección artística en los créditos finales) con la fotografía de Nicolas Bolduc y el montaje de Richard Comeau. Nguyen había trabajado con Bolduc en dos largometrajes anteriores: La cité y Truffe (Le Marais, 2002, es el primero, y Rebelle es el cuarto). La suma de su labor conjunta son imágenes de gran fuerza emotiva y gran belleza poética. A pesar de preferir la cámara en mano, en constante movimiento, al trípode o tripié, no hay escenas desenfocadas, como en Beasts of the Southern Wild (EUA, 2012), de Benh Zeitlin, con la que tiene muchas cosas en común. En Rebelle, todo es más cuidadoso y pausado; el enfocamiento de los primeros planos, generalmente cortos para crear una sensación de intimidad, se abre para situarnos en su contexto físico (los fotogramas en diapositivas son ejemplos bastante nítidos de este concepto).

Un ingenioso manejo tanto del sonido como del silencio, por su calidad y su creatividad, forma parte del conjunto; los cantos africanos son aquí un elemento narrativo muy vívido y un ingrediente de folclor o acervo popular, complementado con música pop, también africana, grabada en estudio. La segunda pieza que acompaña los créditos finales cede a las voces y risas, no menos musicales, de niñ@s que juegan, con un sonido ad hoc.

La miseria y el atraso están presentes en todo momento como elementos de la misma realidad social. La miseria es causa y efecto de la barbarie en un círculo vicioso que la civilización, bajo la égida del capital y su planetario sistema de asimetrías, no puede ni quiere romper.

Nguyen invirtió diez años en esta película, inspirado en la historia de un niño soldado a quien creían una reencarnación divina sus compañeros de armas y lo cargaban sobre los hombros para que no se ensuciaran sus sueños, pues había sobrevivido varios meses durante una guerra en la que todos morían luego de unos días o, cuanto mucho, semanas. Entre mito y realidad, ese niño llegó a encabezar un grupo de hasta 200 milicianos rebeldes en Birmania.

El cine había denunciado el reclutamiento forzoso de niñas y niños, tanto por las guerrillas como por los ejércitos regulares, también en Centroamérica: Voces inocentes (México, 2004), de Luis Mandoki… En Blood Diamond (EUA, 2006), de Edward Zwick, vemos el acondicionamiento paramilitar de niños que disparan con los ojos vendados contra civiles maniatados. Los “diamantes de guerra” en Sierra Leona equivalen al coltan en el Congo, pues el precio de estos minerales es la niñez africana, con la diferencia de que el segundo está en manos de cualquiera que, en cualquier lugar del mundo, tenga un teléfono móvil.

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