Mis preferidas

Esta selección de las cien mejores actuaciones femeninas del cine se basa en mi gusto personal y no en consensos de supuestos expertos ni en votaciones de cinéfilos ni en premios; son las interpretaciones actorales que más me convencen, las que me han impactado emocionalmente con más fuerza, por su perfección, su intensidad, su belleza. Hasta el orden tiene un sentido personal: comienzo con mis favoritas y continúo con una, también subjetiva, aproximación a las categorías y los géneros: películas menores pero con actuaciones mayores, clásicos universales y lugares comunes, cine mexicano y español, horror y drama sicológico… En el bloque final están las recomendaciones de los participantes en distintos foros de cine cuando publiqué un avance de esta selección, películas acerca de las cuales investigué y supe que ya las había visto, pero no pasaron la prueba del añejo.

Aunque hay actrices que tienen más de una gran actuación en su carrera, preferí elegir una actuación por actriz, a diferencia de las películas, algunas de las cuales cuentan con dos actuaciones femeninas que destacan: aquí he relacionado tres. Y así como no discrimino películas menores (por un gusto que incluye provocar antipatía de pedantes y puristas), me permito incluir dos largometrajes cuyas mejores estrellas brillan no más de media hora.

Desde luego, me falta mucho por ver y revisar. De las recomendaciones recientes en este rubro, tengo por lo menos diez películas en DVD, así que tal vez haga pequeños cambios en el listado próximamente.

1. Jane Fonda, en They Shoot Horses, Don’t They?
2. Marion Cotillard, en La vida en rosa
3. Rachel Mwanza, en La bruja de la guerra (Rebelde)
4. Charlize Theron, en Monster
5. Naomi Watts, en Mulholland Drive (media hora final)
6. Jodie Foster, en El silencio de los corderos
7. Jennifer Jason Leigh, en Última salida, Brooklyn
8. Elisabeth Shue, en Adiós a Las Vegas
9. Gwyneth Paltrow, en Shakespeare enamorado
10. Zhang Ziyi, en La casa de las dagas voladoras
11. Catherine Deneuve, en Repulsión
12. Jenn Murray, en Dorothy Mills
13. Miranda Richardson, en Spider
14. Emmanuelle Riva, en Amor
15. Lena Olin, en La sangre de Romeo
16. Renee Zellweger, en Chicago
17. Chloë Sevigny, en Los muchachos no lloran
18. Michelle Williams, en Mujer contra mujer (segundo segmento)
19. Elle Fanning, en Ginger y Rosa
20. Vanessa Redgrave, en Isadora
21. Valérie Kaprisky, en Milena

22. Gena Rowlands, en Gloria
23. Cate Blanchett, en Jazmín azul
24. Rebecca de Mornay, en La mano que mece la cuna
25. Mia Wasikowska, en Stoker
26. Nathalie “Tippi” Hedren, en Marnie
27. Lubna Azabal, en La mujer que cantaba (Incendios)
28. Kate Nelligan, en La isla de las tormentas
29. Sumiko Sakamoto, en La balada de Narayama

30. Gloria Swanson, en Sunset Boulevard
31. Bette Davis, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
32. Joan Crawford, en ¿Qué pasó con Baby Jane?
33. Anne Baxter, en All About Eve
34. Gene Tierney, en El filo de la navaja
35. Elizabeth Taylor, en ¿Quién teme a Virginia Woolf?
36. Marlene Dietrich, en El ángel azul
37. Maria Falconetti, en La pasión de Juana de Arco
38. Irene Papas, en Electra
39. Ingrid Bergman, en Sonata de otoño
40. Silvana Mangano, en Arroz amargo
41. Sophia Loren, en Dos Mujeres
42. Giulietta Masina, en Las noches de Cabiria
43. Anna Magnani, en Mamma Roma
44. Katy Jurado, en High Noon
45. Eva Marie Saint, en On the Waterfront
46. Lee Remick, en Días de vino y rosas
47. Shirley MacLaine, en El apartamento
48. Vivien Leigh, en Lo que el viento se llevó
49. Hattie McDaniel, en Lo que el viento se llevó
50. Liza Minnelli, en Cabaret
51. Charlotte Rampling, en El portero de noche
52. Meryl Streep, en La decision de Sophie
53. Julie Christie, en Doctor Zhivago

54. Felicity Huffman, en Transamérica
55. Kate Winslet, en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos
56. Audrey Tautou, en Amèlie
57. Diane Keaton, en Annie Hall
58. Whoopi Goldberg, en El color púrpura
59. Holly Hunter, en El Piano
60. Janet McTeer, en Albert Nobbs
61. Judi Dench, en Su majestad, Sra. Brown

62. Francesca Neri, en Las edades de Lulú
63. Carmen Maura, en La comunidad
64. Laia Marull, en Te doy mis ojos
65. Ninón Sevilla, en Aventurera
66. Martha Roth, en Una familia de tantas
67. Stella Inda, en El rebozo de Soledad
68. Tina Romero, en Alucarda

69. Sissy Spacek, en Carrie
70. Piper Laurie, en Carrie
71. Linda Blair, en El exorcista
72. Charlotte Gainsbourg, en Anticristo
73. Isabelle Adjani, en Posesión
74. Ellen Burstyn, en Réquiem por un sueño
75. Isabella Rossellini, en Terciopelo azul
76. Isabelle Huppert, en La pianista
77. Mo’Nique, en Precious
78. Ellen Page, en Niña mala
79. Julianne Moore, en Siempre Alice
80. Gong Li, en Regreso a casa

Tralala Jason Leigh

81. Alicia Vikander, en La chica danesa
82. Reese Witherspoon, en Alma salvaje
83. Adèle Exarchopoulos, en La vida de Adèle
84. Léa Seydoux, en La vida de Adèle
85. Rooney Mara, en Carol
86. Brie Larson, en La habitación
87. Juliette Binoche, en Damage
88. Hilary Swank, en Million Dollar Baby
89. Jessica Lange, en Frances
90. Louise Fletcher, en Alguien voló sobre el nido del cuco
91. Susan Sarandon, en Pena de muerte
92. Halle Berry, en Monster’s Ball
93. Helen Mirren, en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante
94. Diane Lane, en Bajo el sol de la Toscana

95. Kathy Bates, en Misery
96. Emma Thompson, en Lo que queda del día
97. Debra Winger, en Tierras de penumbra
98. Glenn Close, en Dangerous Liaisons
99. Maria Schneider, en La Dérobade
100. Faye Dunaway, en Network

El odioso Tarantino

Los odiosos ocho (Estados Unidos, 2015), de Quentin Tarantino, tiene algunas cosas buenas: la banda sonora con personalidad y méritos propios, a cargo del gran Morricone; la fotografía con instantes exquisitos y postales majestuosas, de Richardson… Pero, en general, me parece un western odioso, con diálogos redundantes, reiterativos y repetitivos hasta la exasperación, con tal de ser muy largos y seducir a quienes aplaudieron en su momento los insulsos intercambios verbales de Pulp Fiction, unos personajes burdos que hacen caricaturas de sí mismos hasta resultar literalmente insoportables, sobre todo el supuesto verdugo (tan amanerado que, en efecto, parece inglés) y el supuesto alguacil que todavía no asume el cargo y parece haber salido de una serie infantil de dibujos animados o por lo menos ser la voz de alguno de sus personajes (Dios nos libre de Tim Roth y Walton Goggins: el mundo sería menos detestable sin ellos).

La primera hora es una presentación de los personajes, al cabo de la cual uno se pregunta si la intención de la película es humorística, si es acaso una comedia negra como secuela degradativa de la Guerra de Secesión; entonces comienza una versión gringa de La tempestad, de Shakespeare, que progresivamente se transforma en Agatha Christie, como una vuelta de tuerca desde la perspectiva de los dos personajes principales, que son cazarrecompensas.

Del refrito del cine hongkonés al refrito de la literatura clásica, Tarantino se supera. Aquí vemos a todos sus actores fetiches y confirmamos que tiene serios problemas para incluir mujeres en sus relatos descriptivos de un mundo exclusivamente masculino, como el que suele concebir. Aquí vemos también una violación homosexual, como en Pulp Fiction, que precede a la violencia gore, tan característica del autor; al visceral director y escritor de guiones infames le fascina que las cabezas y vísceras de la gente estallen como sandías con balas expansivas.

odioso

La premisa es que un cazarrecompensas entregará con vida a su prisionera. La razón, en teoría, es un balbuceo ético (ningún tipo rudo saldría con semejante patraña y se ahorraría las molestias y complicaciones, dificultades y pérdidas de tiempo, con un balazo en la cabeza), pero en los hechos es un pretexto para que alguien irrumpa en el ameno encuentro de hombres cultos y trate de rescatar, a sangre y fuego, a la prisionera (mi querida Jennifer Jason Leigh en la interpretación más antipática de su carrera… por eso fue nominada como actriz de reparto al desacreditado Óscar, una vez que la dizque academia de Joligud ninguneó su extraordinario desempeño en Última salida, Brooklyn, de Hubert Selby Jr.).

Samuel L. Jackson y Kurt Russell hacen bastante bien sus papeles, a pesar de los pesares; también Bruce Dern, aunque nunca se levanta del sillón. Por ahí vemos a Demián Bichir en un papel autodenigrante (Tarantino reivindica hipócritamente a los negros, pero repele a los mexicanos y demás inmigrantes latinos, y su guión en este caso comete el error de atribuir un racismo antimexicano a cierta mujer que, minutos después, es anfitriona de una banda de forajidos, entre los cuales hay un mexicano).

Cuando acaba el tercer capítulo no comienza el cuarto, sino la segunda parte del tercer capítulo, que también acaba, pero no comienza el cuarto capítulo, sino la tercera parte del tercero, que acaba por fin y entonces empieza el cuarto capítulo. ¡Uf!

Salvo los guiños, la mayoría de los indicios resultan infantiles para un lector de Agatha Christie y Arthur Conan Doyle (como lo fui en la primera juventud).

El giro pretendidamente sorpresivo no es menos burdo que los personajes, pues sucede a dos horas de vulgaridad por un lado y aburrimiento por el otro.

Yo, como el entrañable y extrañado Gustavo García, paso de Tarantino.


Dorothy Mills y los muertos que resucitan en ella

Dorothy Mills (Irlanda, 2008), de Agnès Merlet, es una película infravalorada, sumamente oscura y siniestra, sombría y necrófila, un thriller sicológico que trasciende sutilmente al horror sobrenatural, de modo que transmite una sensación de anormalidad, más por el miedo irracional de la comunidad y la patología de la protagonista que por sus poderes síquicos en la vuelta de tuerca.

Jenn Murray encarna uno de los personajes más complejos en la historia del cine y lo hace tan convincentemente que, a ratos, parece que fueran distintas actrices, pues Dorothy contiene múltiples personalidades; la necrofilia de su desdoblamiento es un giro interesante que desvela el misterio de una historia oculta en la atmósfera viciada y hostil de gente que se refugia en la religión católica, cerrando las puertas de sus casas y de sus mentes a la ciencia, como en otras cintas de aldeas unidas por la culpa y la complicidad, que siguen la tradición de El nombre de la rosa (en la genial O Apóstolo, de Fernando Cortizo, por ejemplo, los habitantes de una aldea con reminiscencias medievales asesinan a los visitantes). Por tratarse de una isla irlandesa, este ambiente resulta bastante perturbador, aunque algunos hechos (el asesinato de animales en masa, por ejemplo) no tienen explicación y son mostrados nomás para enrarecer todo…

Tanto el guión como la puesta en escena serían perfectos si no fuera por dos o tres puntos débiles: la holandesa Carice van Houten, a quien habíamos visto dos años antes en El libro negro, de Paul Verhoeven, aquí es una belleza más discreta, pero su capacidad histriónica no aumenta gran cosa; aun así, es aceptable, pero debía ser más que eso (menos plana o algo más expresiva que un perro San Huberto), junto a la gran revelación de quince años que parece adolescente albina y no ha vuelto a sorprendernos (ahora hace papeles menores en películas tan mediocres como Brooklyn, de John Crowley, quizá porque no es bonita y el cine de todo el mundo asume como propia la superficialidad de Joligud).

Otro defecto, inexplicable por ser una película irlandesa y no gringa, es que el dictamen sobre la salud mental del personaje (a quien acusan del intento de asesinar una bebé a quien cuidaba) depende de una siquiatra y no de una sicóloga, que todo el tiempo se comporta como sicóloga, no como siquiatra, ignorancia que también parece haber extendido Joligud a todo el mundo como una epidemia.

Por último, lo peor de la película es el final, que deja una sensación engañosa de que toda la película está mal hecha. Pero viéndola más de una vez, uno valora que se trata de una extraña y oscura obra maestra. Lo demás es fascinante y, a diferencia de su valoración en los principales portales de internet que sirven para tales efectos (6.1 en IMDb, 46% en Rotten Tomatoes, 5.3 en FilmAffinity), yo le doy un 7.5, por lo menos.

Si la comparamos con Sybil (Estados Unidos, 1976), de Daniel Petrie, basada en el caso verídico de una niña con trece personalidades distintas, Sally Field protagoniza un personaje “tierno”, edulcorado para la televisión, mientras que Dorothy Mills es inquietante por el sórdido contraste de los seres que encarna, como poseída por ángeles y demonios… y hasta Carice van Houten es preferible a Joanne Woodward en el papel de “siquiatra”.


 

Puente de los espías

Revanchismo tardío, anticomunismo trasnochado

Versión tramposa y deshonesta de un hecho histórico, demasiado conocido para engañar a alguien que no sea demasiado ignorante: En el famoso episodio del U2, avión espía de los Estados Unidos que fue derribado en 1960 cuando sobrevolaba la URSS tomando fotografías, Jrushchov jugó sus cartas con sorprendente habilidad, al denunciar el espionaje gringo sin mencionar la captura del piloto aviador, que estaba entero, intacto… sus instrucciones eran destruir el avión y suicidarse en caso de ser abatido, pero resultó un vil cobarde, y la película trata de reivindicarlo inventando circunstancias engañapendejos que serían tolerables si se tratara de James Bond, más no en una supuesta versión seria del episodio más vergonzoso para los gringos en la Guerra Fría.

Una de las secuencias más ofensivas alterna escenas de interrogatorios con torturas al espía gringo por los soviéticos, y el trato respetuoso y humano al espía soviético por los gringos, sin interrogatorios ni mucho menos torturas. ¿Cómo crees, si hasta defensor legal de bufete privado le asignaron y, por cierto, de eso trata la película?

Así todo por el estilo: En el lado oeste de Alemania reina la concordia; en el lado este, la hostilidad. Las escenas de gente que intenta saltar el muro y es asesinada por la espalda con metralla desde las atalayas, me parecen execrables, porque además son vistas desde un vagón del metro y, una vez que pasan, rematan con la peor toma de la película y la carrera del cinemagnate judío, como si la dirección de cámaras estuviera en manos de un principiante. No faltará quien admire, por ejemplo, los sesgos del guión al poner en boca de un diplomático alemán: “Todas estas ruinas se las debemos a la Unión Soviética”.

Tedioso bodrio de ritmo soporífero, típico de Spielberg cuando se pone “artístico” en pos del Óscar, que debía recibirlo por su innecesaria labor propagandística de exacerbación gringófila, y de ahí que lo ganara un actor de reparto por un trabajo intrascendente y grisáceo, que ni siquiera se compara con la impactante actuación de Benicio del Toro en Sicario, por mencionar también aquí la omisión más injusta.

Ostentación de recursos materiales, más dinero que talento, como siempre, sello de Spielberg que, al hacer dupla con Hanks, resulta insoportable.

La participación de los hermanos Coen en uno de los guiones más repulsivos del milenio es, por lo menos, decepcionante.


 

Revenant: El vengativo

RevenantThe Revenant (El renacido), de Alejando González Iñárritu y Emmanuel Luvezki, no trata sobre la relación del hombre con la naturaleza, como dijo Leonardo DiCaprio al recibir su primer Óscar, ni acerca de la sobrevivencia humana y el sufrimiento personal en un mundo salvaje, sino que usa dichos temas como contexto en una historia de venganzas: cuatro personajes se proponen cobrar venganza y hacen de su propósito el principal estímulo para vencer la adversidad y sobrevivir: un jefe indio quiere vengar el robo de su hija por unos blancos; otro indio quiere vengar el asesinato de su esposa por una tribu enemiga; una india es violada y, más adelante, vemos que se lava las manos sucias de sangre por haber castrado a su violador. Al final, una frase cliché hace dudar al protagonista de la venganza medular.

Desde el principio, las escenas oníricas parecen causa y efecto del rencor: una masacre de indios deja huérfano al niño que adoptará el trampero blanco Hugh Glass (DiCaprio), quien lo salva de la muerte a manos de un oficial que primero asesina a la madre del niño, según interpreto una secuencia confusa; la voz de la mujer reflexiona en la mente del protagonista con metáforas en lengua nativa sobre la sobrevivencia.

La historia verídica de Glass inspiró una novela de Michael Punke y la novela inspiró una película: Man in the Wilderness (Estados Unidos, 1971), de Richard C. Sarafian, con Richard Harris y John Huston. En 1820, un barco sobre ruedas hace una travesía por tierra firme, y la expedición es guiada por un trampero al que ataca un oso y lo deja para el arrastre; asediados por los indios, sus compañeros lo abandonan a su suerte. El trampero sobrevive, recurriendo a su lado más salvaje, y sigue a la expedición para vengarse. En su adaptación de la novela, para darle sabor al caldo de la venganza, el guión de González Iñárritu y Mark L. Smith agrega el hijo putativo y una posible esposa de Glass, también india (elementos que no existen en la historia original ni en la novela ni en película homónima), y elimina el barco sobre ruedas, que hace de la historia algo extraordinario.

A final de cuentas, este guión es el más pobre de las seis películas que ha dirigido González Iñárritu: el primero es un hito a pesar de que su referente inicial parece ser el guión de Pulp Fiction, de Quentin Tarantino; el segundo aumenta al máximo la complejidad de la estructura narrativa y resulta una obra maestra; el tercero es una mamada cosmopolita para impresionar a los gringos, cosa que funcionó; el cuarto es intrascendente, pasa sin pena ni gloria; el quinto alcanza un nivel más alto que todo lo anterior y, desde luego, es otra obra maestra; el sexto (para la primera película que no es proyecto de González Iñárritu, una vez asimilado al money-system de Joligud) parece traicionar una tradición, la búsqueda de originalidad y la disposición a correr grandes riesgos en aras de crear algo nuevo en todos los sentidos, incluida la calidad sin precedentes.

RevenantObservaciones específicas

Las escenas de una sola toma o que aparentan ser una sola toma (sobre todo, la secuencia inicial del ataque indio), como en Birdman, son opresivas o crean una atmósfera opresiva.

Abundan errores como la tardanza del protagonista en apuntar al oso, que prefiere las mordidas a los zarpazos, el hecho de que John Fitzgerald (Tom Hardy) mate al hijo y deje vivo al papá, el hecho de que diga “dispárale”, en vez de “mátalo” (asfixiado o acuchillado para que no nos escuchen los “rojos”, que acabo de matar a uno por gritar), el hecho de que DiCaprio actúe con tanta debilidad cuando lo entierran que la post-producción agregó su propia voz quejumbrosa, el hecho de que, minutos después, se levante del hoyo sin beber agua y tampoco sea convincente cuando se arrastra.

El equipo con el que Glass quema pólvora en su cuello es envidiable; ¡hasta combustible tenía para avivar el fuego!

¿Y por qué asesinan al indio amigo y no al protagonista? ¿Estaban muy lejos? Quizás alguien más perceptivo que yo (no defensores a ultranza, por favor) me saque de esa duda, y responda también a mis primeras preguntas: ¿Asesinan un caballo en la secuencia inicial? ¿No hay racismo en el tratamiento de la presencia india?

La pelea final es horrible, ambos actores son torpes y lentos, sobre todo Leo (sus defensores me dirán que está herido y sobrearropado por el frío, pero volvemos entonces al ataque del oso).

A las dos horas de metraje, uno ya está bastante cansado.

Por decir algo a favor, me gustan las escenas oníricas, pero hacia el final pierden creatividad y se reducen a ecos. Si acaso hay contenido, entre tanto envoltorio, está en esas escenas durante las primeras dos horas; la media hora final cae en el tedio…

Pocas películas han logrado profundidad cuando se trata de venganza. The Crow, de Alex Proyas, por ejemplo, también tiene más forma que contenido; si le quitamos el envoltorio de oscuridad necrófila y horror gótico, el papel del cuervo y los caireles poéticos, queda una historia tan simple y superficial como El vengador anónimo. Una venganza interesante, en términos históricos y cinematográficos, es la de Gong Er (Ziyi Zhang) en El gran maestro, de Wong Kar-wai. El renacido, en cambio, es un paupérrimo pretexto para dos horas y media de fotografía majestuosa y apabullante.


¡Te queremos, Leo, te queremos!

dicaprio

El Óscar a Leonardo DiCaprio es tardío y premia la espera, más que su actuación en una película con demasiado Lubezki para tan poquito argumento. La primera gran actuación del entonces joven y prometedor Leo, para mi gusto, es Diario de un rebelde, con un papel medio sórdido al que sólo podemos reprochar su amaneramiento cuando juega baloncesto en cámara lenta y una voz en off dice: “Mis movimientos son felinos”. Lo bueno es que, más adelante, su personaje se prostituye en el baño público de un parque, “lugar de encuentro” para hombres homosexuales.

En ¿A quién ama Gilbert Grape? -bajo la dirección del sueco Lasse Hallström, al lado de Johnny Depp como su hermano mayor- DiCaprio es un muchacho que se comporta como niño porque no crece, tiene retraso mental, y lo hace formidablemente: es convincente y “adorable” o “tierno”, sin caer en el ternurismo; ese papel de reparto es quizás el mejor de su carrera.

Para la masa está Titanic, de James Cameron, pero las películas más trascendentales del actor son las que ha dirigido Martin Scorsese, Pandillas de Nueva York y Los infiltrados, principalmente. En Revolutionary Road, de Sam Mendes (el actual director de James Bond), DiCaprio hace pareja de nuevo con Kate Winslet, ella masculina y él afeminado, con demasiado carisma para un personaje mediocre y marginal, casi un perdedor, en ese retrato de la clase media que sueña con una vida mejor y, al despertar, vive la muerte de sus sueños.

En fin. Todo lo mencionado hasta aquí, junto y por separado, tiene más relevancia y proyección en términos actorales que la oscareada participación; su papel en El renacido requería de una personalidad más áspera, un tipo más rudo, y en su momento, lo hizo mejor Richard Harris, para mi gusto, con otras dos ventajas respecto a la película de González Iñárritu y Lubezki: ser original y narrar la historia de un barco sobre ruedas que atraviesa el desierto con Jonh Huston como su capitán, algo que no vemos en esta ocasión.

El renacido: primeros apuntes

Así como algunas películas de Emilio “El Indio” Fernández son básicamente la fotografía de Gabriel Figueroa (La perla, para mi gusto, es un paradigma en ese sentido), El Renacido, de Alejandro González Iñárritu tiende a ser la obra de Emmanuel Lubezki, alias “El Chivo”. Ambos cineastas, como se ha dicho, prácticamente plagiaron algunas escenas de Andrei Tarkovsky que podemos ver en cinco películas, más allá de la influencia de otros directores, sobre todo rusos, en los encuadres obsesivos de los primeros planos, la distorsión de la imagen en los segundos planos y demás recursos técnicos y narrativos de la dirección de cámaras.

Para quienes hemos visto El hombre de una tierra salvaje, clásico de los setenta dirigido por Richard C. Sarafian, es inevitable comparar la actuación de Leonardo DiCaprio con la de Richard Harris en el mismo papel, y personalmente me convence más la de Harris. Además, la historia original incluye un barco sobre ruedas a través del desierto, algo que omite la película de González Iñárritu y Lubezki. Aun así, El renacido es una experiencia hipnótica y alucinante…


 


 

Las cintas aludidas son: La infancia de Iván, Andréi Rubliov, La zona, Nostalgia y El espejo. Algunas de las escenas comparadas guardan poca similitud; otras son idénticas, hasta el ritmo y la duración, que ya es demasiado. Las comparativas son del diseñador gráfico y cineasta ruso Misha Petrik. La metáfora de las aves que anidan en el pecho de un cadáver y vuelan como símbolo del alma que abandona el cuerpo, es algo que hemos visto en más películas. La escena del meteorito aparece también en Birdman, como sello de la dupla Iñárritu-Lubezki.


 

Cien actrices: mis favoritas

(Relación flexible que puede variar en cualquier momento)

Jane Fonda1. Jane Fonda
2. Marion Cotillard
3. Zhang Ziyi
4. Mia Wasikowska
5. Chloë Sevigny
6. Sophie Marceau
7. Jodie Foster
8. Naomi Watts
9. Susan Sarandon
10. Audrey Tautou

Marion Cotillard

11. Vanessa Redgrave
12. Isabelle Adjani
13. Lee Remick
14. Shirley MacLaine
15. Meryl Streep
16. Cate Blanchett
17. Hilary Swank
18. Helen Hunt
19. Judi Dench
20. Gong Li

Zhang Ziyi

21. Christina Ricci
22. Amy Adams
23. Kate Winslet
24. Juliette Binoche
25. Michelle Yeoh
26. Helen Mirren
27. Arcelia Ramírez
28. Tina Romero
29. Glenn Close
30. Emma Stone

Mia Wasikowska

31. Winona Ryder
32. Helena Bonham Carter
33. Reese Witherspoon
34. Ellen Page
35. Melanie Griffith
36. Saoirse Ronan
37. Alicia Vikander
38. Tilda Swinton
39. Charlotte Gainsbourg
40. Abbie Cornish

Chloë Sevigny

41. Maria Bello
42. Julianne Moore
43. Annette Bening
44. Julia Ormond
45. Rooney Mara
46. Léa Seydoux
47. Robin Wright
48. Emily Blunt
49. Diane Lane

Sophie Marceau

En otra categoría:

50. Charlotte Rampling
51. Julie Christie
52. Isabella Rossellini
53. Sophia Loren
54. Katharine Ross
55. Diane Keaton
56. Silvana Mangano
57. Claudia Cardinale
58. Irene Papas
59. Gina Lollobrigida (con reservas)
60. Liv Ullmann
61. Ingrid Bergman
62. Bette Davis
63. Joan Crawford
64. Audrey Hepburn (con reservas)
65. Greta Garbo
66. Marlene Dietrich
67. Kim Novak
68. Sally Field
69. Angie Dickinson
70. Hattie McDaniel
71. Dorothy Dandridge
72. Gloria Marín

Cuando el talento complementa la belleza, el carisma y la sensualidad, ocurre…

73. Halle Berry
74. Monica Bellucci
75. Kim Basinger
76. Brigitte Bardot

Naomi WattsY las que se han ganado un lugar privilegiado en la memoria con una actuación en particular:

77. Rachel Mwanza, en La bruja de la guerra
78. Jennifer Jason Leigh, en Última salida, Brooklyn
79. Elisabeth Shue, en Adiós a Las Vegas
80. Gwyneth Paltrow, en Shakespeare enamorado
81. Renee Zellweger, en Chicago
82. Lena Olin, en La sangre de Romeo
83. Charlize Theron, en Monster
84. Catherine Deneuve, en Repulsión
85. Ninón Sevilla, en Aventurera
86. Valérie Kaprisky, en Milena
87. Nathalie “Tippi” Hedren, en Marnie
88. Emmanuelle Riva, en Amor
89. Elle Fanning, en Ginger y Rosa
90. Adèle Exarchopoulos, en La vida de Adèle
91. Jenn Murray, en Dorothy Mills
92. Michelle Williams, en Si estas paredes pudieran hablar (segundo segmento de la secuela)
93. Maria Falconetti, en La pasión de Juana de Arco

Susan SarandonEn segundo lugar:

94. Rebecca de Mornay, en La mano que mece la cuna
95. Whoopi Goldberg, en El color púrpura
96. Lubna Azabal, en La mujer que cantaba (Incendios)
97. Martha Roth, en Una familia de tantas
98. Stella Inda, en El rebozo de Soledad
99. Janet McTeer, en Albert Nobbs
Y quizá Laia Marull, en Te doy mis ojos

Jaroslava Schallerová en Valerie y su semana de las maravillas, Natalie Portman en Léon: el profesional o El perfecto asesino, y Brooke Shields en Niña bonita, podrían ser una transición preadolescente a las mejores actuaciones infantiles del cine. En ese otro orden, mi favorita es Brigitte Fossey en Juegos prohibidos.

Audrey Tautou

 

Cien películas: Mis favoritas

(Relación flexible que puede variar en cualquier momento)

1. Julia, de Fred Zinnemann
2. El inquilino, de Roman Polanski
3. Satiricón, de Federico Fellini
4. Largo domingo de noviazgo, de Jean-Pierre Jeunet
5. Las tortugas pueden volar, de Bahman Ghobadi
6. La balada de Narayama, de Shohei Imamura
7. Adiós a mi concubina, de Chen Kaige
8. El tigre y el dragón, de Ang Lee
9. El Padrino, de Francis Ford Coppola
10. El Padrino II, de Francis Ford Coppola

11. Apocalipsis ahora, de Francis Ford Coppola
12. Ben Hur, de William Wyler
13. They Shoot Horses, Don’t They? (Baile de ilusiones), de Sydney Pollack
14. Última salida, Brooklyn, de Uli Edel
15. Chicago, de Rob Marshall
16. El silencio de los corderos, de Jonathan Demme
17. Mulholland Drive, de David Lynch
18. El maquinista, de Brad Anderson
19. Blade Runner, de Ridley Scott
20. Mi vida como un perro, de Lasse Hallström

21. Juegos prohibidos, de René Clément
22. El planeta de los simios, de Franklin J. Schaffner
23. La vida de Brian, de Terry Jones (Monty Python)
24. Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis
25. La mujer que canta (Incendios), de Denis Villeneuve
26. Oliver, de Carol Reed
27. Léolo, de Jean-Claude Lauzon
28. La casa de las dagas voladoras, de Zhang Yimou
29. Spider, de David Cronenberg
30. La isla siniestra, de Martin Scorsese

31. Vampyr (La bruja vampiro), de Carl Theodor Dreyer
32. Nosferatu, una sinfonía del horror, de Friedrich Wilhelm Murnau
33. Freaks, de Tod Browning
34. La quimera del oro, de Charles Chaplin
35. Tiempos modernos, de Charles Chaplin
36. El acorazado Potemkin, de Serguéi M. Eisenstein
37. El jorobado de Nuestra Señora, de William Dieterle
38. Aventurera, de Alberto Gout
39. Los olvidados, de Luis Buñuel
40. Viridiana, de Luis Buñuel

41. Pink Floyd – The Wall, de Alan Parker
42. Fama, de Alan Parker
43. All That Jazz, de Bob Fosse
44. Cabaret, de Bob Fosse
45. Jesucristo superestrella, de Norman Jewison
46. La vida en rosa, de Olivier Dahan
47. Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles
48. Birdman, de Alejandro González Iñárritu
49. 21 gramos, de Alejandro González Iñárritu
50. La sangre de Romeo, de Peter Medak

51. Repulsión, de Roman Polanski
52. Sunset Boulevard, de Billy Wilder
53. Nido de ratas / La ley del silencio, de Elia Kazan
54. Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan
55. Rumble Fish (La ley de la calle), de Francis Ford Coppola
56. Butch Cassidy and the Sundance Kid (Dos hombres y un destino), de George Roy Hill
57. El golpe, de George Roy Hill
58. Pandillas de Nueva York, de Martin Scorsese
59. El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff
60. El jardín secreto, de Agnieszka Holland

61. Zelig, de Woody Allen
62. Bananas, de Woody Allen
63. Manhattan, de Woody Allen
64. La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen
65. Toma el dinero y corre, de Woody Allen
66. Alice, de Woody Allen
67. Desde el jardín, de Hal Ashby
68. Tideland, de Terry Gilliam
69. Brazil, de Terry Gilliam
70. Delicatessen, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro

71. O Apóstolo, de Fernando Cortizo
72. Persépolis, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi
73. Shakespeare enamorado, de John Madden
74. La danza de los vampiros, de Roman Polanski
75. Amélie, de Jean-Pierre Jeunet
76. Y la nave va, de Federico Fellini
77. Marnie, de Alfred Hitchcock
78. Stoker, de Chan-Wook Park
79. Mezcal, de Ignacio Ortiz
80. Ella, de Spike Jonze

81. La guerra del fuego, de Jean-Jacques Annaud
82. Niña bonita, de Louis Malle
83. Bestias del sur salvaje, de Benh Zeitlin
84. Los niños del fin del mundo, de Marzieh Makhmalbaf
85. Los muchachos no lloran, de Kimberly Peirce
86. Taxi Driver, de Martin Scorsese
87. Toro salvaje, de Martin Scorsese
88. Naranja mecánica, de Stanley Kubrick
89. El espinazo del diablo, de Guillermo del Toro
90. El laberinto de fauno, de Guillermo del Toro

91. Amén., de Costa-Gavras
92. Sophie Scholl – Los últimos días, de Marc Rothemund
93. El pianista, de Roman Polanski
94. La caída, de Oliver Hirschbiegel
95. El portero de noche, de Liliana Cavani
96. Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky
97. Desaparecido, de Costa-Gavras
98. La bruja de la guerra (Rebelde), de Kim Nguyen
99. Nosferatu, fantasma de la noche, de Werner Herzog
100. El cuervo, de Alex Proyas

Alabama Monroe

Alabama Monroe

Drama emotivo y sensible, a ratos crudo y duro, que, hacia el final, se politiza (con la referencia de Bush el pequeño en televisión). Película en el límite que separa el cine musical del que no lo es. Producción belga de 2012.

Si el country ha servido como fondo en dramas sobre alcoholismo, aquí acompaña la pérdida y la desolación en una historia de amor malogrado con dos tragedias que personalmente calan. Vehículo efectivo de emotividad, el aspecto musical es tan exquisito como el resto de la dirección artística y el diseño de producción.

Unos músicos de country, medio salvajes y demasiado gringos para ser belgas, tienen una hija que enferma de cáncer a los seis años. Un giro trágico y sorprendente a los 45 minutos de metraje sacude las entrañas durante una hora más y resuelve los conflictos morales con otra tragedia. Si la primera causa un nudo en la garganta, la segunda nos arranca las lágrimas.

Hablada en neerlandés con canciones en inglés y una que otra frase ídem, la película es además un alegato contra el fundamentalismo religioso. Hay también una boda en inglés, la de los protagonistas, que hace una sutil parodia del rito católico.

A mitad de la cinta, el protagonista masculino rinde un ingenuo tributo a los Estados Unidos y su música, pero quince minutos después ocurre una crítica tan directa como implacable al fundamentalismo gringo, y más adelante un discurso entre ideológico y colérico-visceral contra la religión. Él es ateo, pero evoluciona de una mentalidad relativamente simple al desencanto misántropo-radical. La protagonista femenina, en cambio, evade la realidad con el asidero de la fe.

Aunque también el título de Alabama Monroe es un homenaje a los Estados Unidos, el bluegrass que hacen es una variación del country con raíces en la música tradicional de Inglaterra, Irlanda y Escocia, llevada por los inmigrantes de las Islas Británicas a la región de los Apalaches, y el ritmo tuvo influencias de estilos afroamericanos como el blues y el jazz. La canción Bluegrass Band – If I Needed You, si bien sencilla, es quizá la mejor del repertorio y contiene, tanto o más que las demás, algunas claves del distanciamiento y la ruptura sentimentales.

La estupidez tituló en español esta película como “La ruptura del círculo roto”, pleonasmo que intenta una equivalencia de contenido a la redundancia del título en inglés: The Broken Circle Breakdown, que es más bien el nombre de la canción principal; el de la película es Alabama Monroe, cuyo significado simbólico está en la trama y la explicación recíproca de un tatuaje (los tatuajes aquí se disputan el protagonismo con las canciones).

La narración es discontinua y lo mismo recurre a las analepsis que a los saltos cronológicos, uno de los cuales resulta algo violento, pero el guión en general sirve como punto de partida para un trabajo comparable con La caza y El club de los desahuciados, desde luego mejor que Philomena y Nebrazka, por comparar con sus competidoras en 2013. También es mejor, para mi gusto, que la ganadora del Óscar y el Globo de Oro en la categoría de “mejor película extrajera” o “de habla no inglesa”, La gran belleza, de Paolo Sorrentino.

Veerle Baetens y Johan Heldenbergh actúan con química, intuición y sensualidad, bajo la dirección de Felix Van Groeningen sobre guión propio y de Carl Joos, con música de Bjorn Eriksson.


El Club de los Compradores

dallas-buyers-club-bannerDallas Buyers Club (en español, El club de los desahuciados).

Drama basado en un reportaje de Bill Minutaglio que publicó The Dallas Morning News en 1995 sobre los últimos días de Ron Woodroof, un vaquero de rodeo tejano, drogadicto, alcohólico y sexualmente promiscuo, diagnosticado en 1985 con el VIH y desahuciado, por el estado de su salud en general, con treinta días de vida. Woodroof empezó a consumir AZT, único producto contra el SIDA en aquellos años, que resultó inútil y altamente tóxico. Luego probó con medicamentos alternativos y se dedicó a su contrabando desde México para venderlos entre portadores de VIH y enfermos de SIDA en Dallas. Asociado con un transexual también enfermo, el homófobo protagonista vendió membresías de 400 dólares al mes con derecho a todo el medicamento necesario, lo que dio origen a un Club de Compradores. El contrabando expandió su red a China, Japón, Israel… y Woodroof vivió mucho más de un mes, convirtiéndose así en una especie de antihéroe real que dio ejemplo público de tenacidad y fuerza de voluntad en una lucha inclusive legal fuera de serie.

La historia y la película dejan muy mal parada tanto a la empresa privada que produce todavía el AZT como a la administración federal de alimentos y drogas en los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que asume complicidad con la industria farmacéutica y sus negocios antiéticos, y hostigó a Woodroof y su Club hasta la muerte.

Gran historia para una gran película.

Entre los aspectos memorables por su perfección destaca la súper actuación de Jared Leto en el transgénero papel de Rayon, sidoso, drogadicto y socio de Woodroof también hasta la muerte. Matthew McConaughey en el protagónico está igualmente a la altura de su personaje, rudo, irascible, contradictorio… una vez transformados ambos hasta quedar en los huesos para lograr esa convincente apariencia de cocainómanos-heroinómanos y sidosos terminales.

En el sonido, el recurso de un desagradable zumbido para transmitir la sensación de malestar físico y, a veces, la pérdida de la consciencia con su interrupción abrupta por el silencio total, es quizá demasiado repetitivo; ocurre ocho veces con variaciones durante dos horas de metraje. Además, el personaje aplica una llave de lucha que requiere de fuerza física…

(Quienes vean la película en el cine -y no en DVD, como yo- no se enterarán de que la asistente negra del famoso club trabajaba primero en el hospital donde atendían al protagonista, hecho que sólo es posible conocer, entre otros, al ver las escenas eliminadas).

Por lo demás, bajo la dirección de Jean-Marc Vallée, con guión de Craig Borten y Melisa Wallack, Dallas Buyers Club es una de las mejores películas de 2013, al menos en Gringolandia, y representativa del cine independiente que logra calidad con bajo presupuesto, en este caso la friolera de cinco millones de dólares.


 

Ubicua, intangible y etérea

HerHer, o Ella, como fue titulada en español, es una de las películas más originales que he visto en años, así como la mayor y más grata sorpresa de 2013.

Spike Jonze escribe, produce y dirige este drama romántico de ciencia ficción que narra la relación sentimental entre un hombre y un sistema operativo. Ingeniosamente dialogado, el romance tiene lugar en Los Ángeles y plantea una improbable humanización de la informática en un futuro cercano.

Se trata de un viaje profundamente reflexivo, intimista y cálido acerca de nuestra interacción con el entorno citadino y la mediación de las computadoras, los teléfonos celulares y demás, hasta el punto en que un medio termina por ser el fin. Lo que hay en el fondo no es más que soledad. Tan solos estamos todos que nos inventamos interlocutores a nuestra semejanza o altura. La imagen de la gente hablando aparentemente sola en la vía pública es un paradigma de la modernidad.

Joaquin Phoenix confirma su calidad de garantía como garantía de calidad.

Scarlett Johansson es la voz imperfecta del sistema operativo entre sensible y sensitivo, intuitivo y perceptivo, que toma forma y contenido en la medida que avanza la relación, con inteligencia, sorprendente franqueza y sensualidad, mientras lee libros, compone canciones, dialoga con filósofos de sabiduría clonada por otros sistemas operativos, asume roles de novia y secretaria con audaces iniciativas, tiene un ágil sentido del humor y añora con frustración habitar un cuerpo de mujer.

La omnipresente Amy Adams y una cautivante Rooney Mara en papeles secundarios, una es amiga del solitario escritor de cartas para desconocidos y otra es la joven esposa de quien está divorciándose con dificultad y hasta dolor nostálgico. Por su parte, Olivia Wilde interpreta un rápido escarceo que no pasa de un beso en el encuentro real.

No es la primera vez que Phoenix encarna un personaje para el que le sobran años y, cuando intenta ser dulce y tierno, es más bien amanerado-afeminado, pero no tanto como para echar a perder este plausible trabajo. Inclusive poniéndonos quisquillosos, esa debilidad es lo único reprochable.

En armonía con el guión, su puesta en escena de melancólica, poética y compleja sencillez recurre transitoriamente a una estética de videoclip.


El estilo Kar-Wai

Zhang Ziyi

Más que un gran maestro, dos grandes discípulos se disputan el escenario y la atención de un público adicto a la épica de las artes marciales y la poesía del cine oriental, que admiró a Bruce Lee en películas mediocres y refinó sus propios gustos hasta preferir el actual wuxia pian a las imitaciones y estupideces gringas por el estilo de Matrix.

Ip Man (Tony Leung) pierde un combate con Gong Er (Ziyi Zhang). Más allá del relato, él será maestro de Bruce Lee y ella morirá invicta, sin que la derrotara nunca ningún hombre, sino el opio.

Ip Man pierde también como protagonista, pues resulta más interesante la historia de Gong Er, hija y discípula de Chan Wah-shun, gran maestro que unificó primero dos estilos clásicos de kung fu y después a las escuelas de norte y sur de China. Tras la jubilación de éste, su sucesor Yixiantian, alias “El Navaja”, colaboró con los invasores japoneses y fue premiado con un puesto en el gobierno títere, traición que desató la ira de su antiguo maestro, muerto al expulsarlo en circunstancias algo confusas. Gong Er vengó la muerte de su padre con un costo muy alto, renunciando al amor, a la felicidad… Con ella, que nunca se casó ni tuvo hijos, murió también “el legado de las 64 manos”.

La obsesiva fascinación de Zhang Yimou ante el rostro de Ziyi es superada por la de Wong Kar-Wai y su director de cámaras Philippe Le Sourd, quienes crean exquisitas imágenes de belleza melancólica. Ella puede aparentar todavía 20 años de edad, pero con suficiente madurez para una sabia economía facial (inclusive sin maquillaje, al menos en apariencia) que lo mismo transmite odio que profunda tristeza, prácticamente sin gesticular. Con la misma sabiduría de las artes marciales y el recurso de la técnica, en su actuación, la precisión del movimiento logra fuerza expresiva y emotividad.

Aunque las peleas no son tan espectaculares como suele ser el wuxia pian, y resultan confusas a ratos, la película es una auténtica lección de kung fu y un homenaje personal, pero falla en el pretencioso intento de concentrar filosofía milenaria y descripción didáctica en dos horas de metraje, que además contienen un poema visual. La narración es discontinua y farragosa.

En términos estéticos, el resultado es magistral, oscuro y seductor. La fotografía se hace una con la dirección artística o el diseño de producción, desde la escenografía y el vestuario hasta la coreografía y el ralentí, a través de una cuidadosa edición.

De no ser por la irrupción bélica de Japón en la historia de China, esta película sería un relato atemporal.

La cursilería solemne del final tiende al autosabotaje.

Grandmaster

-¿Dices que no es fácil matar gente?

-No es posible matar sin que uno muera también (o el precio de matar es morir -según la traducción). ¿Has pensado si él vale la pena?

-El camino de la venganza no tiene regreso. Sólo puedo seguir adelante.

* * *

Las pertenencias de la familia Gong, “no son tuyas para devolverlas, son mías para llevármelas”.

* * *